Eventos cotidianos

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Ema UB

25/10/2026

¡Hostia, que les den a todos! ¡Que le jodan y le den! ¡Ahora mismo quisiera que este puente se parta en dos, caer al abismo y de una buena vez que me lleve el diablo o el infierno o quien sea que este por allí abajo! ¡Dónde están los putos meteoritos cuando se los necesita!

…

Hacía berrinche como un loco, como esos niños pequeños que se tiran al piso, se revuelcan en la tierra y gritan desaforados esperando que la madre o el padre ceda a sus caprichos. Simplemente, que esta es la pataleta de un adulto, de un hombre de 30 y más años que dice estar cansado de las desventuras que solamente a él le ocurren. Yo lo veo y me inspira risa; cada vez que se pone en este extraño plan de pedir que el mundo acabe, que el puente se rompa y sufrir una muerte súbita, me causa gracia. El efecto en sí de morir no me causa gracia; lo que me da gracia es cómo lo dice, como si sus palabras tuvieran algún efecto en el caos y este de manera proyectada le enviara lo que él necesita, cosa que casi nunca ocurre.

Pero, ¿por qué le nacen estas rabietas? Bueno, para mi entendimiento no es mucho, pero para él lo es todo: su expareja ha cruzado el puente de la mano de su actual novio y va contenta, feliz; y esto, aunque él siempre ha dicho que no le afecta, le ha terminado afectando. Él dice que no se trata de este tema, se trata de que, al buscar sus llaves en el bolsillo, por accidente tiró su teléfono por uno de los barandales y vaya a saber Dios dónde aterrizó ese teléfono, de seguro en alguna orilla del río, aproximadamente a unos 35 metros de profundidad. El problema está en que no puede descender a buscarlo, ya que las intensas lluvias han aumentado el caudal del río y está prohibido descender; por ende, el teléfono es historia. La solución más fácil es ir a un centro comercial, comprar otro móvil y solicitar el traslado de información desde la nube, pero él no quiere esta solución; para él el mundo acabó hace unos diez minutos y se remató cuando su expareja cruzó el puente.

Yo soy espectadora; me da gracia observar su aparente desdicha, y a ratos me da una especie de pena, pero no tanta como para convertirse en lástima. Dice ser un desdichado, pero yo lo veo completo y sano. Sin embargo, esos temas de amar y dejar ir lo que amas en pos de la estupidez, eso sí debe ser de desdichados y quizás hasta de estúpidos. Se dice que hay que dejar ir lo amado si es que no se está en la capacidad de amar bien a esa persona, pero yo creo que amar bien ni Dios lo sabe, caso contrario ya fuéramos entes perfectos. El amor es la viva representación de la imperfección, del miedo, el egoísmo y todas las emociones negativas que los buenos psicólogos intentan frenar, puesto que todo en equilibrio funciona, pero el exceso distorsiona. Siendo como es, no sé en qué momento la gente empezó a romantizar el amor; el amor es todo menos el romance aforado que detallan algunos artistas, tiene de hermoso lo que tiene un sapo trasnochado en una charca. El amor quizá es todo lo contrario a lo explicado.

Amar bien. Dijo que la había dejado ir porque no le podía amar bien, y para él esto significa que, aunque había cariño, compromiso, fidelidad, interés, pasión y atracción, él estaba pasando un mal momento. Y por mal momento entiéndase que él no sabía qué hacer con su vida; y cuando digo que no sabía qué hacer con su vida, me refiero a que el tipo tenía un trabajo de medio tiempo, estudiaba algo más, ayudaba a sus padres y tocaba el saxo en un club, pero él no sabía qué hacer con su vida. Y cuando lo dijo le di una bofetada, después me reí, después lo insulté y me retiré, porque nunca alguien me había hecho enojar al decirme que no sabía qué hacer con su vida después de hacer todo lo que hacía. Más bien creo que le faltaba darle valor a lo que hacía en su vida, entender que la pantomima que se distribuye en el internet de lo que verdaderamente se hace en la vida… eso, eso es un cuento burdo.

Después de este pequeño análisis y de que haya terminado de hacer berrinche y soltar un par de lágrimas, le dije:

«Creo que te has chiflado un poco, no es para tanto, tiene solución; sin embargo, lo otro, aquello que se dejó ir en pos de las falsas prioridades no tiene solución, y solo los bobos lanzan a la basura el pan cuando tienen hambre y esa decisión, mi querido amigo, no tiene fin del mundo que la sane».

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