Esquina del olvido

Esquina del olvido

Javier Aguirre

09/10/2025

A varios kms de la capital, en un barrio periferico del montón, se encuentra la esquina de san martin y montevideo. No es un lugar centrico ni historico patrimonial. Tampoco vivió allí ningun famoso ni hay nada del interes popular en sus cercanias. Aún así, fue el epicentro de esta pequeña comunidad. Al igual que una rosa de los vientos esta esquina se divide en 4 puntos cardinales. 

En el punto norte se alzan los ventanales del comedor de la casa de doña tita. Una anciana italiana que escapando de la guerra términó en buenos aires. En ésa casa, que tiene su entrada por san Martín, crío 6 hijos, 11 nietos y 4 bisnietos hasta el momento. En sus veredas aprendieron a caminar, corrieron, anduvieron en bicicleta y jugaron cientos de niños, familiares y amigos. justo ahí debajo de sus ventanas era el sector de juego predilecto. Paredes color ladrillo, algunos maceteros con malbones y una rayuela pintada en el suelo demarcan esta postal. La señora lejos de ser urania, aún siendo muy anciana, barría las veredas todas las mañanas a la espera de los primeros jovencitos en busca de aventuras. 

Trazando una diagonal perfecta se encuentra el punto sur donde estaba el almacen del viejo gutierrez. Ramón se llamaba y vivió allí toda su vida. Trabajaba en aguas argentinas y cuando todo se vino a pique en los 80` se quedó sin empleo. Con la indemnización y la venta de un fiat 1500 se puso el bolichito en lo que antiguamente era el patio de la casa. La mayoría de los vecinos no lo quería. El no daba fiado, cobraba caro, no vendíaalcohol ni bebidas a niños, abría tarde y cerraba temprano. Jamas dejó pasar ni 10 centavos en favor de nadie. Sumado a esto, atendía de manera displicente. No saludaba y parecía siempre estar enojado. Con lo unico que no parecía tener problema, era con los muchachos del club union, que siempre al terminar los partidos, acaparaban sus veredas entre charla y cervezas.

Dandole la espalda al sol estaba el punto este. Ahí sólo existía un terreno baldío que los empleados de la municipalidad usaban para guardar algunas maquinas viales. Y que también algunos fines de semana compartían asados entre empleados. También en las epocas de carnaval y promediando las 5 de la tarde, los que volvían a guardas los vehiculos, prendian las mangueras y generaban lluvia artificial para el deleite de niños y los no tanto. 

El ultimo punto y el más favorecido en la amplitud del sentido, es el oeste. Allí desde el nivel de la vereda nace una casa color verde, con ventanas de madera y todos sus detalles pintados de un verde más oscuro. Una puerta doble vidriada y 2 rosales magnificos a los lados. En la vereda los arboles de ceibo teñian con su rojo la media altura en los meses de calor y genera placer la imagen de cualquiera de los otros 3 puntos. En el interior de ése lugar tan encantador vive la sra ana gimenez. Sin família desde que se recuerda y dedicada a sus plantas, gatos y perros. Siempre de perfecta galanura, con alajas y collares brillantes. Aficionada a la iglesia y a la conversación con los vecinas a la tardecita acompañadas de unos mates.

La mañana del 10 de mayo todo cambió. Montados en una siambreta, dos jóvenes de un barrio lindero entraron al almacen a las cinco de la tarde a robar. Gutierrez se resistió un poco, pero tras pegarle lograron arrebatarle algunos pesos. Salieron espantados del lugar al ver al viejo agarrar la cuchilla y correrlos. Salen, se suben a la moto que no arranca y la intentan impulsar con los pies. El acompañante se da vuelta y ve al viejo muy cerca, tanto que saca un revolver calibre 38 y le vuela la cabeza en el medio de la intersección. Arranca la moto y se esfuman en la tarde.

El cuerpo tirado en el suelo inmovil es silencio predesesor de un bullicio generalizado. Desde aquel día ningún niño juega en las calles ni la abuela barre la vereda. El almacén cerro y la casa quedó abandonada. La municipalidad cambio de lugar el deposito por miedo a los robos. Y la magia de la casa de la sra gimenez luce un opaco verde descuidado y flores marchitas. Las sonrisas se
acabaron ése día y ya nadie volvió a recordar ésa esquina.

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