Siempre esperamos algo: esperamos crecer para no ser más niños y que nos dejen de ocultar cosas, pero cuando crecemos deseamos volver a nuestra niñez donde siempre eran tiempos de juegos, sin ningún problema que cargar; empieza la semana y ya estamos esperando que termine para disfrutar el fin de semana ¿Por qué no disfrutar de la semana también? ¿O buscar disfrutar de lo que hacemos cada día?; esperamos que llegue una fecha importante, y cuando llega, pasa tan rápido que ya estamos esperando otra; esperamos un día para encontrarnos con esa persona importante ¿Y por qué no hacerlo hoy si tenemos tantas ganas de vernos?; esperamos ese mensaje para hablar con la persona que extrañamos y queremos ver o saber cómo esta ¿No es más fácil mandarlo directamente?
Dejar de esperar, esa es la clave, empezar a disfrutar cada momento. Basta de planes, basta de posponer todo para el fin de semana, basta de empezar la semana deseando terminarla; porque así se pasa la vida esperamos algo hasta que llega y empezamos a esperar otra cosa. Esperamos que la otra persona actúe como nosotros queremos, pero de eso no se trata disfrutar, estamos con las personas porque queremos y las elegimos para estar al lado nuestro, si las queremos ver o saber cómo están simplemente es mandar ese mensaje que tanto cuesta por orgullo ¿Y si esa “pérdida” de orgullo te hace disfrutar de esa persona?
Nos olvidamos de lo lindo que es llegar a tu casa todos los días y que te espere alguien para tomar mate o cenar juntos, o hacer la comida para tu familia, tener un hogar o un lugar a donde ir cuando todo se viene abajo, trabajar de lo que te gusta o con gente que te alegra los días, que te den las gracias por tus acciones o te regalen abrazos y “te quieros” inesperados, que te reciba tu mascota con una felicidad inmensa después de un día larguísimo.
¿No vale la pena dejar de esperar para empezar a disfrutar?
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