Tenía todo… lujos, viajes, colegios caros….
Su rostro era el espejo del torbellino interior que salía a medias, de a momentos, y que luego volvía a esconderse detrás de sus miedos, culpas, de su temor por quedarse sin ese amor que tanto esperaba y que rara vez llegaba.
Su entorno no le daba seguridad, no la sostenía, sentía que se hundía cada vez más y más. Todo era impredecible, pues su madre era impredecible. No sabía de límites, pues su madre no los tenía. No sabía de justicia, su madre no era justa. Creció sin saber vivir en paz, armonía, satisfecha, segura de sí misma, sabiendo qué pedir y qué dar, hasta dónde pedir y hasta dónde dar, sin sus propios límites. Creció vacía, creció su cuerpo, su mente, pero su alma está vacía.
Y hoy comienza a llenarla, lentamente y con dudas, pero a llenarla…
Confundió amor con resignación, amor con necesidad, amor con furia, amor con desidia, amor con lo que esperó de su madre y nunca llegó…
Y hoy sabe, a la distancia, que amor no es lo que vivió. Eso fue sólo una cara del amor. Y descubrió que hay otras y que ella puede optar….
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