Es cierto….

Esperad un segundo, este tipo de historias no se cuentan así porque si, como de a gratis. Déjeme un momento servirme una pequeña copa de abscenta, esa que solía beber antes, antes cuando era yo, yo de verdad. Ahora, ahora soy cualquier cosa menos yo y por esa misma razón no quería salir de mi zona de confort de mi soledad programada, nunca quise empeñar el corazón en esta aventura sin gratificación. – Aguarda un segundo, la hostia, uno de estos días pierdo la cordura, cada vez que veo esos puñados de cabello en el piso me da una especie de conmoción… Lo odio. 

¡La hostia! Que se me ha derramado un chin de licor sobre el papel, pero no importa, al fin de cuentas todo es tinta, todo, así como la sangre de esta herida. ¿Qué? ¿Cómo me hice daño? Hombre, lo de costumbre, sabes bien que la enfermedad y yo somos como la uña a la carne, no vivimos la una sin la otra. No deberías alarmarte al verme sangrar, de ahora en adelante tómalo como algo normal, acostúmbrate a verme así; mal, sangrando, con menos cabello, pálida, con ojeras adornando mi rostro y la siempre expresión de cansancio.

Si, en qué estaba, por supuesto, en qué era cierto. Efectivamente, es cierto, todo ocurrió como lo imaginas, tal cual, con todos los detalles y tú qué me lo habías advertido seguramente tienes ganas de reírte, puedes hacerlo te doy licencia. Es cierto, mirad esto, espera un momento quizá no lo aprecias bien, me quitaré el suéter, ¿Ahora lo ves? ¿Lo ves? – Dime que puedes hacerlo, caso contrario no tiene sentido esto de estar mostrando la carne. 

No te pregunto cómo lo ves, porque seguramente es patético y desagradable, pero bueno es lo que quedó y os juro que me encargaré de exterminar lo que hay aquí, no importa cómo, no importa el tiempo que lleve. 

Recuerdas aquella vieja costumbre que tenía, esa de usar la sangre por tinta, he vuelto a ella. En cierta forma jamás debí abandonar esa excelente costumbre, me daba la vida y le daba vida a mis escritos. Después de volverme civilizada deje de hacerlo, hasta deje de escribir. Imagíname a mi sin escribir, hostia que crudo, ahora que lo pienso yo misma no me lo creo. He vuelto, a ti te parece horrendo, te escandalizas y dices que no leerás ni uno de mis escritos, pero no importa, lo que importa es que esta vez es de verdad y por fin, después de tanto tiempo me matará. 

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