En el abismo de la decepción, donde la verdad se desvanece, el engaño teje su red, y la confianza se desmorona.

Con palabras suaves como la seda, y sonrisas que esconden la mentira, el engañador te envuelve, en un velo de falsedad y desesperanza.

La inocencia, una víctima fácil, cae en la trampa del fingimiento, y el dolor, un eco persistente, que resonará sin cesar.

Pero en la oscuridad del engaño, hay una lección que se aprende, la de mirar más allá del velo, y buscar la verdad que se esconde.

Así, del fracaso y la pena, surge la sabiduría y la fuerza, para reconocer el engaño, y no caer en su trampa nuevamente.

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