Encubierto

Pasadas las dos de la madrugada, los anhelos y deseos son corrumpidos. A las tres de la mañana, son cumplidos.

Matías esconde debajo de la manga, un secreto que pocos desconocen, que muchos desean.

Por eso el lugar se llama «El Estado» porqué ahí el lugar se mueve por la mentira y por los anhelos. Los ciudadanos saben que les mienten, pero también saben que no se atreven a revelarlo. Por eso a las tres de la mañana salen a decir sus deseos.

Matías coge la lata de pintura, una navaja y una botella de agua.

Mira alrededor antes de dar un paso fuera de su casa, siente las nieblas a través de sus ojos. No hay luz natural y la artificial es tan mala como el gobierno en «El Estado» así que sus ojos no son claros. Ni su madre lo reconocería por debajo de esa luz, pero aún más importante, por debajo de ese dolor en aquella mirada.

Matías se ha caracterízado por comunicarse con la mirada, él puede hablar pero sus ojos te dirán la verdad.

Comienza a caminar, a algún lugar del cual no tiene idea. Simpre ha sabido que las cosas en «El Estado» son pésimas. Eso no es secreto y le lo que más le jode es qué, los ciudadanos no hagan nada para terminar con esa castratofe.

Por eso, ahora. Ha decidido no ser como los demás, mirar y fingir que no lo hiciste.

Se ha cubrido la boca con el pasamontañas, su hermano es un heróe. El suyo más especificamente, él se atrevió a dejar el lugar para hacer su vida. Antes de marcharse le dijo;

-Cuando estés listo verás que nada es mierda. Nostros hacemos nuestra realidad una mierda y lloramos como cobardes. Te conozco de toda la vida, sé que estás hasta el tope con todo esto. Y está bien, pero recuerda cual es la realidad- se acercó y le pasó su pasamontañas. -Te amo Matías- un apenas audible susurro.

Sintió el aire en su cuello, se talló los ojos y miró al frente.

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