Embrión del asesino

Embrión del asesino

Rey Amador

06/11/2025

Cuando Dolores apareció supuestamente a mi oportuno rescate, no podría decir que solo extendió mas tiempo mi sufrimiento, porque ciertamente me hizo esperar mas tiempo del necesario en la miseria, hasta que comprendió que no estaba a gusto de ninguna manera en el hoyo maldito donde yo vivía. Tuve que volver a vivir en la calle, para que ella me ofreciera su hogar como lugar de descanso. Su casa era perfectamente ordenada y armoniosa y ridículamente creí que era el lugar donde me podría curar definitivamente. Todo era aparentemente perfecto, había restaurantes con comida caliente y deliciosa, había visitas a la abuela y una vez me pidió que fuera a pagar una cantidad de 4 dígitos por la mensualidad de su colegiatura. El dinero no parecía ser mas, un impedimento para mi felicidad y era con mi mejor amiga. Corrimos en la lluvia y empezaba a ver mi propia adicción por los estupefacientes, como otro problema a resolver. Sin embargo no sabíamos aun lo importante de mi medicación psiquiátrica, ni de que yo estuviera guardado en un lugar seguro hasta vencer la ansiedad generada por mis adicciones pasadas. Yo estaba frágil pero furioso. Tanto como un esclavo que quiere liberarse de la ansiedad, lo pudiera estar. Ella creo el juego de quitarme los cigarros a cambio de un beso. Y hasta la fecha no fumo porque recuerdo con melancolía sus besos. Yo estaba en cautivo descanso y resguardo en un ambiente que me hacia sentir poco a poco mas calmado y con esperanza de curarme de la ansiedad por envenenar mas mi alma y mi cuerpo, con aquello que ella nunca conoció por parte mía. Hasta que apareció el maldito demonio, que dijo ser el dueño de la casa y de la vida de Dolores y pregunto sin ninguna intención de servir a mi mejora: Este amigo,.. ya va a vivir aquí, nos va a pagar renta o como? La comodidad del maldito demonio paso a ser la prioridad y cada vez que el apetecía de regresar a la supuesta casa de todos, (que evidentemente es solo suya), Dolores me daba poco dinero para que me quedara en hoteles, malolientes nauseabundos y repletos de plagas. De nuevo cuando el maldito demonio se marchaba para despilfarrar su dinero en otros países, yo podía regresar al hogar, pero con la diferencia de que Dolores empezaba a sufrir sanciones y castigos sobre su economía. Entonces al fin confeso, que no le era posible sostener la vida que me había mostrado en un principio, por su propia cuenta. La comida en un restaurante era cara, la ropa y todo lo que me ofrecía para salir a la calle, empezaba a afectar su bolsillo sobremanera. Jamás le demostré mi odio al maldito demonio pero lo odiare hasta que me muera sin dudarlo ni temer al infierno. Sin su egoísmo maquillado de ayuda, no abría comprobado que en este mundo hay destinos peores que la misma muerte. Así se me orillo de nuevo a trabajar, acepte el mejor trabajo que esta sociedad me pudo ofrecer con los pocos títulos escolares que tengo. Mi trabajo era pesado, y tedioso. Me obligaban a despertar antes de lo que cualquier ser humano lo haría de manera natural, y solo por los esfuerzos de Dolores por darme alimento, calentar el baño y soltar una parte del poco dinero que yo podía ganar, para cubrir un Taxi de aplicación, me obligue a conseguir dinero trabajando. Aunque propuse reducir el costo de mi existencia cocinando yo mismo en casa y evitando gastar suela y pagar hotel, al maldito demonio no le pareció prudente evitar incomodarme.

No subía la renta por tenerme ahí, ni disminuiría con mi ausencia. Se sigue cubriendo exactamente lo mismo.

Muchas veces fui al trabajo como un castigo, con ropa descolorida, arrastrando cosas pesadas para acá y para allá, así que recurrí de nuevo a las substancias enervantes para obligarme a no sentir el frio, ni la angustia de hacer algo que no ponía a prueba en lo mas mínimo mi inteligencia, ni ningún talento que yo pudiera tener. Empujar un rodillo por una cancha de tenis de arcilla, regar y lavar con una escoba y jabón vidrios, estaba bien como sacrificio mientras aprendías otras habilidades. Pero yo solo hablaba y hablaba de mi vida con mi Dolores y mi vida sin Dolores. Porque mi mente no quería estar ahí ningún día. No me interesaba en absoluto el dinero que estaba ganando, así que se lo entregaba a Dolores (quien lo pedía, porque supuestamente le hacia falta para estar de nuevo tranquila) y ella me lo devolvía para enseñarme a ser independiente de ella. Entendí el objetivo y preferí quedarme en la calle de nuevo, que en un hogar tan bonito, donde sabes que no eres bienvenido en absoluto. Fue entonces cuando todos notaron en el trabajo, y reportaron mi peste y mi aspecto inmundo. Un joven me ofreció su apoyo diciendo: si tu mujer te permite quedarte en la calle, seguramente no te quiere tanto como al otro hombre que le da hogar a ella. Te puedes quedar en mi casa si quieres, yo soy huérfano y no tengo compañía. Me haría bien tener un amigo. Aunque sé que debes tener problemas, en mi casa te puedes quedar el tiempo que necesites para salir del problema. Así lo hice. Aunque jamás pude amar a mi amigo en la manera en que el exigía. Tome la mano que se extendió ante mi, y comencé a investigar los alcances y posibilidades de mi amigo. Por otra parte Dolores comenzó a ponerse a la defensiva y a desprestigiar toda intención de mi amigo. Yo hubiera querido que alguno de los dos estuviera equivocado, pero no, solo se guiaban por la ambición y los celos, y yo no lograba atravesar el tiempo suficiente sin consumir enervantes. Recurrí de nuevo al estupefaciente y vino a mi mente Dolores solicitando perfección en mi. Me aferré a obligar a mi amigo a ser perfecto, para que yo pudiera serlo también, pero su dinero no decía no, cuando se trataba de hacer cosas mas estúpidas. También a él lo odié, pero no lo suficiente para alegrarme al saber que estaba perdiendo salud. Fui expulsado de ahí por querer lo mejor y querer quitar lo peor. No hay manera de que yo doblegue mi decisión, en no dar segundas oportunidades a estas dos personas, porque el intento se hizo y el fracaso es para los tres. La mente de mi amigo y la mía esta hundida en las justificaciones de las conductas nocivas e inmorales, la mente de mi Dolores esta convencida en que solo me aparecí con intención de perjudicar, como se lo induce el maldito demonio y que éste, también le consciente cualquier conducta ambiciosa y promiscua, y mi mente no logra liberarse del odio hacia los homosexuales. Yo no puedo morir, pero tampoco puedo volver a sentirme vivo. Cada vez soy mas duro y cada vez mas solitario y rencoroso. Esta vez he perdido hasta la capacidad de confiar. Cada vez que escucho una oferta de ayuda, siento un insulto y una amenaza para mi lento y difícil progreso de sanación mental. Al mismo tiempo que no permito que nadie se me acerque, ni mujeres frágiles, ni indignos homosexuales, ni ningún maldito niño.

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