SARA

Claudia es una chica con un carisma arrollador. Tanto que, a primera vista, intimida.
No es la chica mas guapa que he visto en mi vida, aunque, nadie podría negar que lo es, y mucho, pero es sobretodo su esencia cautivadora la que le roba a uno el corazón desde el primer instante. Su permanente sonrisa blanca que deslumbra a la vista; sus pestañas kilométricas que parecen no tener fin y que hipnotizan cuando hablas con ella; su abundante, voluminosa y larga melena dorada; y por ultimo, pero no menos atractivo, su estilizado y alto cuerpo esculpido por las muchas horas que le dedica a la danza, hacen de ella una chica realmente atractiva.
Sin embargo, no es su belleza su arma principal, sino su indudable capacidad para hacer a la otra persona sentirse a gusto, su energía positiva, su frecuente risa contagiosa y sus ganas de vivir.
La naturalidad de Claudia en todo momento es la evidencia indudable de la confianza que posee en sí misma y ésto ultimo es, sin lugar a dudas, una de las cualidades mas irresistibles, sexys y atractivas en una mujer.
La conocí en la cata de vinos anual que programa la “cepa de España”, donde se dan reunión las bodegas mas importantes del país para seleccionar los mejores vinos del año. Me la presentó un amigo de David, Luis, el cual había hablado a mi novio acerca del evento y nos convenció para comprar la entrada.
Fue en la cepa cuando supimos que Luis, a su vez, había sido persuadido por Claudia para acudir a catar los vinos del 2017 y que nos encontrábamos todos allí por incitativa de aquella rubia explosiva.
Recuerdo que cuando Luis nos la presentó la miré con recelo. Con recelo e igual con celos, no sabría muy bien explicar los pensamientos que me invadieron, pero podría decir que no eran del todo positivos.
Como cualquier chica bajita de 1.58, morena con pelo encrespado y curvilínea, una chica de tales características representaba involuntariamente para mi subconsciente una amenaza alado de David, el cual la escaneó discretamente de arriba a abajo al presentársela su amigo.
Luis elogió las dotes enólogas de Claudia, que al parecer, también sabia de vinos. Claudia se sonrojó e intentó modestamente cambiar de tema.
No conocía el estado sentimental de Claudia, pero sabía que los dos se conocían desde hacía bastante tiempo, así que el continúo flirteo entre Luis y ella me llevó a la conclusión de que llevaban un rollo raro y poco acordado.
No recuerdo, sin embargo, muy bien el momento en que ella empezó a parecerme simpática e incluso a caerme bien. Puede que ocurriera cuando David y Luis se ausentaron para fumar y ella me ofreció una copa de su vino preferido o, cuando me acompañó al servicio y quiso sujetar el bolso para mayor comodidad al realizar mi actividad.
Si no hubiera sido por su sencillez, hubiera creído ipso facto que se trataba de hipocresía o de técnicas de amabilidad fingida. Sin embargo, sus ojos transmitían sinceridad y su manera simpática de hablar le nacía sin mucho esfuerzo. Hablaba por los codos, pero también escuchaba mucho, y todo lo que decía me parecía interesante.
Creo que por mucho que quisiera poder odiarla, mas bien me enamoré de ella esa tarde. Así, de esta forma, quise convertirme en su amiga.
Acabamos la velada borrachos los cuatro en casa de Luis jugando a “party” y sin parar de reír.

Las veces siguientes no fueron menos divertidas que aquella e incluso empecé a quedar a solas con Claudia y a hacer noche de chicas con vinos súper ricos, que siempre elegía ella y comida súper rica, que siempre cocinaba yo.
Nos empezamos a llevar muy bien. Tanto que, en poco tiempo pasé a considerarla una muy buena amiga. Sabía que en ella podía confiar y lo sabía porque nunca la oí hablar mal de nadie ni criticar a otras amigas y, mucho menos, contarme nada íntimo de ellas, a pesar de que tenía casi la impresión de conocerlas ya a todas por las muchas veces que me las había nombrado.
Claudia no encajaba muy bien en mis categorías de personalidad cuando se trataba de encasillar a la gente y no lograba entender su modestia teniendo en cuenta el fuerte magnetismo que causaba en los hombres , y en las mujeres también. Esa modestia era la razón por la que no me sentía capaz de odiarla, y ese magnetismo la razón por la que tanto la admiraba. A veces, tenia la impresión de que ella no se daba cuenta de las muchas cualidades que poseía y el efecto que causaba en los demás. Sin embargo, a la vez, no parecía ser una chica insegura o con baja autoestima; simplemente, si las conocía, no les daba importancia.
Con el tiempo Claudia se convirtió en un referente, en una inspiración, en mi ejemplo a seguir. Me descubrí a mi misma admirándola, imitándola e incluso casi idolatrándola. Llegué a envidiarla mucho, pero se trataba de una envidia sana, pues su presencia me hacía bien y todo sentimiento hacia ella era positivo, de cariño, aprecio o incluso amor.
Envidiaba su estilo de vida, siempre viajando a causa de su carrera, su enorme capacidad de retención, los cinco idiomas que hablaba de manera fluida, su creatividad, su interés por aprender cosas nuevas, su increíble extroversión incluso rayando la extravagancia, su ingenio humorístico a veces absurdo y otras ácido, su empatía al aconsejarme, en conclusión, su singularidad y originalidad. Claudia era una persona que destacaba en un grupo de gente.

Yo, en cambio, era lo mas ordinario y normal que podría existir en el planeta. Y, no es que sea una chica con poca confianza en mi misma, porque conozco bien mis virtudes, y sé que no son pocas, pero también soy consciente de lo poco diferente que soy del resto de chicas que hay ahí fuera.
Estudié veterinaria en una Universidad con bastante prestigio de Madrid, con notas excelentes y al acabar la carrera enseguida encontré trabajo en un hospital 24 horas para animales, el cual me permite vivir bastante bien. Soy una chica paciente, positiva, con unos valores arraigados y comprometida con mi pareja y mi futuro.
Sin embargo no tengo ese espíritu aventurero tan adictivo que, por supuesto una vez mas, tiene Claudia. No soy espontánea ni familiarizada con la improvisación como ella. Todo lo contrario, me gusta planear con antelación, seguir una rutina, controlar mi vida y no salirme de mis ideales. Y, no es que sea una chica aburrida, pues intentaba realizar actividades diferentes con David para no caer en la monotonía. Simplemente se podría decir que yo no tengo esa chispa. Y soy consciente de ello.
Sin embargo, no me encontraba descontenta ni infeliz con mi vida, pues tenía una estabilidad que mi esencia necesitaba, pero a veces quería ser como ella. Asiduamente pensaba en ser ella.
Yo había conocido a David hacía cinco años en una fiesta y, desde entonces, no nos habíamos separado. Descarté la opción de hacer erasmus en otra ciudad para no perder a David. Tras dos años de relación decidimos irnos a vivir juntos y, ahora, el segundo paso era formar una familia. Nos iba realmente bien, estábamos a gusto el uno con el otro y la vida era fácil con él. Los dos nos habíamos habituado a lo que teníamos y nos sentíamos seguros, supongo que en una zona de confort.
Pero lo inimaginable ocurrió, y un día al llegar a casa después de una guardia de 24 horas de trabajo, encontré a David sentado al borde de la cama con las maletas hechas. Sus ojos vidriosos lo decían todo. No le hizo falta articular palabra ni verbalizar su lenguaje corporal: Se había cansado de tanta seguridad. Se había cansado de nuestros planes de cine-cena los viernes por la noche, de nuestras mañanas de Sábado remoloneando en la cama, de nuestras discusiones por tirar la basura, de nuestras paellas con mis padres todos los Domingos, de nuestras vacaciones siempre en la Costa porque sus padres tenían una casa allí y no podíamos permitirnos más.
Se había cansado de tanta predecibilidad. Se había cansado de mí.

El día en que David se hubo marchado no derramé ni una sola lágrima. Tenía tanta ira, incomprensión y odio dentro, que mi orgullo decidió ahorrarse ese esfuerzo.
Sin embargo, al día siguiente toqué el fondo mas profundo que nunca hubiera imaginado pudiera existir. Por supuesto, no fui a trabajar, cualquier movimiento de cuerpo me parecía un maratón a recorrer. Recuerdo cambiar de postura en la cama tan sólo dos veces, hasta el punto que cuando mi madre vino a casa a por mi creí padecer necrosis.
No tenia ganas de ver a nadie, ni siquiera a Claudia, y mucho menos mirarme a mi misma al espejo, por ello quité todos y cada uno de las superficies vidriosas en las que pudiera verme reflejada.
Cuando mi madre vino a recogerme, mi casa era digna de una enferma con síndrome de Diógenes. Llevaba un mes entero en la cama sin limpiar, mal alimentando mi cuerpo y sin ducharme.
Cuando mi madre me sacó de mi guarida era un saco de huesos. Me llevó al médico en contra de mi voluntad y éste me diagnosticó depresión y me dio solo dos opciones: internarme o vivir en casa de mis padres. Por supuesto elegí la segunda opción.
Cuando me mudé con ellos el primer cambio fueron una serie de normas bastante rígidas (todas por mi bien) y un horario de actividades que mantuvieran mi mente ocupada.
El primer día de la ascensión a la superficie fue el peor, pues ya no podía esconder la cabeza en la almohada e ignorar la realidad, ahora debía enfrentarme a ella.

ME SENTIA TERRIBLEMENTE SOLA. Y fue aquella la primera vez que odié a Claudia y que, a la vez, me odié a mi misma por odiarla: Ella NUNCA habría vivido esto porque SU VIDA era diferente. Ella nunca se habría permitido vivir esto porque ELLA era diferente.
De tanto frotarme los ojos irritados me percaté que tenía una pestaña en el dedo. La miré y me acordé que éstas nos permiten pedir deseos. Cerré los ojos, visualicé a Claudia y pedí ser IGUAL que ella, aunque mas bien lo que quería era SER ella.

LARA

Sara es una chica extraordinaria. Se podría decir que es una de mis mejores amigas, teniendo en cuenta el largo tiempo que hace desde que la conozco y el grado de confianza que poseo en ella.
No nos vemos a menudo pero, no importa, pues cuando lo hacemos siempre reparamos en que todo sigue igual entre nosotras.
Es esa complicidad que me transmite, la que hace que sea ella y no otra a quien llame en momentos difíciles.
Sara es una chica que a simple vista parecería del montón, pero que al conocerla adquiere una personalidad que brilla con luz propia.
Es bajita, pero muy proporcionada. Tiene un lacio pelo castaño que desciende sobre los hombros con cierta gracia, y unas pequitas a causa del sol que parecen bailar por su nariz al son de sus pasos. Sus ojos avellana, del mismo color que su cabello, destacan con su piel pálida y delicada. Mi pelo color zanahoria, en cambio, es estridente y grotesco. Odio su tono anaranjado que parece haber servido de inspiración al estrambótico actor secundario Bob.
Las curvas acentuadas de Sara le otorgan un aspecto saludable y muy femenino que nada tienen que ver con las modelos desnutridas de las pasarelas de hoy en día.
Sin embargo yo, soy todo lo contrario: flaca y con forma andrógina.
Sus caderas contorneadas se encuentran al mismo nivel de sus pechos firmes y protuberantes.
Sara posee el escote mas admirado por los hombres y envidiado por las mujeres que he visto nunca. Es cuanto menos resultón y no solo por su robusto tamaño, sino por su inalterable suspensión que parecen desafiar constantemente a Newton con su ley de la gravedad.
Sara es tímida y no habla mucho, pero lo que dice siempre posee una lógica aplastante y respaldado por una sólida realidad. Es una de las cualidades que mas aprecio en ella.
Además, posee una tranquilidad y sosiego que transmiten paz y calma a la gente de su alrededor.
Sara es una de esas personas incapaz de llevarse mal con nadie. Todo el mundo la quiere y la respeta por su sinceridad, honradez y disponibidad para ayudar siempre a los que la necesitan.

A Sara no le gusta llamar la atención. Es una persona discreta, modesta y prudente, pero no invisible. Sara se hace oír cuando le toca, y notar cuando conviene.
Además es una mujer sabedora de lo que quiere y que se dirige hacia ello sin vaciles. Admiro su tenacidad y perseverancia, y las renuncias que es capaz de hacer para alcanzar sus logros. Un buen ejemplo de esto es el abandono de su sueño de Erasmus para no poner en riesgo su relación con David. Recuerdo que empezó muy joven con él y desde entonces han seguido juntos hasta hace a penas unas semanas, en que David decidió hacer una pausa en la relación.
No logro entender la razón por la que David ha tomado esa decisión. Sara es todo lo que un chico podría querer en una chica: una mujer fuerte con un futuro profesional labrado por sí misma y unos valores arraigados.
Sin embargo, estoy segura de que ella habrá sabido afrontar la ruptura con la compostura e impavidez a la que nos tiene habituados, pues Sara posee una gran resiliencia y capacidad de renovación, virtudes de las que yo sin duda, carezco.
La llamé ayer y me enteré que se ha ido a pasar unos días a casa de sus padres para distraerse y desconectar del pequeño apartamento en «la latina» que compartía con David desde hacia tantos años.
Ojalá yo supiera gestionar las emociones como lo hace ella y saber lidiar con los contratiempos con tanto brío y coraje.
En su defecto, yo soy todo lo contrario: No solo no sé lidiar con mis sentimientos, sino que ni siquiera consigo identificarlos. A veces me pregunto si no padezco algún síndrome de “discapacidad emocional”:

Para empezar con mi lista de problemas emocionales, podría mencionar la ausencia total en mis 28 primaveras, de algo que se parezca a eso que llaman “relación sentimental”. Cada vez que empiezo con un chico, éste sale tarde o temprano espantado y yo caigo en un abismo de desesperanza y desilusión cada vez mas profundo, del que solo consigo salir una vez habido tocado fondo. Quizá sea este miedo atroz por quedarme sola el que me impide absurdamente construir algo con alguien, o quizá sea esa predisposición al fracaso, o quizá esa búsqueda incesante y obsesiva por encontrar el amor la que me aleja del éxito.

Y, para mas caos en mi vida, si mi plano sentimental no va viento en popa tampoco puedo presumir del laboral: Mi último trabajo fue hace cinco meses en una empresa automovilística y, tras un largo año de abusos salariales por parte de mi jefe, decidí de la noche a la mañana no acudir a mi jornada, por lo que se me acusó de abandono del puesto de trabajo, y me embauqué en un juicio para pedir una indemnización por daños morales.

En cambio, Sara es todo estabilidad: tiene una plaza fija en un hospital veterinario( lo que ella siempre había querido si no recuerdo mal, desde nuestra época de instituto), un novio que, aunque haya tenido una rabieta y haya decidido dejarla, algo que creo temporal, la adora y le ha dado todo el apoyo y cariño que necesitaba, y su personalidad es como una playa desierta en el caribe con música de chill out de fondo y un coktail de coco.
La verdad es que la envidio muchísimo. Especialmente tras mi última experiencia amorosa que se hundió como el Titanic, con drama por la muerte de DiCaprio y banda sonora melancólica de fondo incluida.
Al susodicho lo conocí por internet, algo que muchos me dirían estaba destinado a terminar mal. Sin embargo, conozco múltiples parejas que se han conocido en internet y que a día de hoy siguen juntas, pero una vez mas, parece que éste no sería mi caso.

Como iba diciendo, lo conocí en internet y tras el primer encuentro todo fue muy rápido: chico gusta a chica, chica gusta a chico. Chico paga la cena de chica, chica cree que es el chico de su vida.
Lo cierto es que la “Dama y el vagabundo” se quedaban cortos al lado del romanticismo de nuestra primera cita. Llegué a mi casa sintiendo mariposas y hasta libélulas. Le hablé a todo el mundo de él: a mi familia, amigos e incluso a la vecina del tercero cuando me la encontré en el ascensor un día. Todo parecía ir como la seda hasta que el capullo se abrió y en su lugar en vez de mariposa seguía habiendo gusano. Seda sintética y barata. Todo apariencia.
Tras unos encuentros más, el “apuesto caballero” quiso presentarme en “sociedad” y me invitó un fin de semana a casa de sus padres.
A pesar de ser precipitado, acepté dejándome llevar por la ilusión abrumadora de la novedad.
El fin de semana no pudo ir mejor. No solo él me encantaba, su familia también y la adoración parecía ser mutua. Su madre me recalcó efusivamente en varias ocasiones su gran conformidad con la elección que su hijo había hecho conmigo.
Sin embargo, cuando todo parecía estar sacado de un cuento de hadas, el cuento se quedó a mitad de escribir.
Al volver de tan idílico fin de semana, mi “príncipe” dejó simplemente de mostrar interés, de un día para otro. Cesaron sus llamadas interminables y sus mensajes de buenas noches, en verdad, sus mensajes en general. Cesó todo inicio de contacto y su falta de disponibilidad la llenaba con excusas a cual mas barata. Nuca supe que pasó realmente. Por mas que insistía solo conseguía alejarlo mas de mi. No obtuve explicación ninguna. Dejó simplemente de quedar conmigo.
A medida que mi desconcierto crecía lo hacía mi desesperación y desilusión por la falta de comprensión. La ausencia de explicaciones hacían su ausencia todavía mas dolorosa.
Poco a poco la aceptación fue haciéndose un hueco entre la decepción y la tristeza y, cuando pensé que ya no me quedaba ningún ápice de esperanza, el vacío se apoderó de mi esencia y el sinsentido ocupó el lugar del concepto que había en mi mente de la palabra “amor».

Una decepción mas. Cuántas seria capaz de soportar? Mi corazón era todo callo, sentía que casi incluso se había vuelto insensible a los estímulos diarios de dolor o emoción. Ya no estaba segura de creer que tal sentimiento de amor existiera. ME SENTIA TERRIBLEMENTE SOLA.
En ese momento envidié negativamente a Sara con todas mis fuerzas, de una manera corrosiva y dañina, como nunca lo había hecho antes: Ella NUNCA habría vivido esto porque SU VIDA era diferente. Ella nunca se habría permitido vivir esto porque ELLA era diferente.
Mis párpados cayeron por su propio peso, contemplé a Sara por unos instantes en esa tranquilidad inalterable que era su vida y quise por unos instantes ser ella.

CLAUDIA

Conocí a Lara por medio de Sara en una noche de copas por Madrid, y a Sara a través de Luis, en una cata de vinos para la que disponía entradas de más.
Sara acudió con su chico de entonces, David, amigo de Luis, y enseguida congeniamos a la perfección. Pronto me introdujo en su círculo de amigos y, así conocí a Lara, que me cautivó desde el minuto uno: su frescura, ingenio, desfachatez y sobretodo su humor desternillante hicieron que quisiera frecuentarla y contagiarme de su buena energía a menudo.
Lara es una chica de estatura mediana, delgada, de poco pecho y caderas estrechas. En su cuerpo menudo todo es pequeño y cuco como en una casita de muñecas. Su pelo caoba natural es llamativo y brillante, dotándola así de una originalidad espectacular. Su nariz es también chata y pequeñita a juego con el resto. Sus enormes ojos verdes son los únicos atributos grandes en su rostro y destacan como luceros en mitad de la noche.
Sin embargo, no es su exterior lo que recibe la atención en las reuniones de gente, sino la forma de comportarse. Su vida caótica y sus continuas salidas humorísticas espontáneas la convierten en una chica divertida y graciosísima. Para añadirle aun mas salero, Lara es malagueña, y ese acento andaluz otorgan mas simpatía si cabe a su manera de expresarse.
Lara es una chica de pocas curvas. Su cuerpo es mas bien rectilíneo, lo que sumado a su cara aniñada, expresión dulce y personalidad ingenua dan como resultado una belleza inocente y adorablemente tierna. Me recuerda a una figura frágil de porcelana que pueda quebrarse con tan sólo mirarla.
Me siento muy identificada con ella quizá porque las dos somos aventureras y nuestros días transcurren con poca previsión. Nuestro lema es “La vida no se planea, se vive»
Sin embargo, ella es el término medio entre el exceso y el defecto, el prototipo perfecto de Aristóteles, y su vida fluye natural sin complicaciones. Ella acepta su caos, su desorden, su ingenuidad, incluso su torpeza. Lara se acepta a sí misma, tal y como la aceptan los demás y por eso todo el mundo la quiere y tiene tanto éxito entre el género masculino. Siempre está acompañada de algún chico. NUCA SE ENCUENTRA SOLA. En cambio yo, siempre lo estoy. Mi profesión en una empresa internacional de textiles hace que me pase la vida viajando por el mundo, algo tremendamente enriquecedor pero, aunque resulte paradójico, también arrebatador de muchas otras cosas.
He estado en mas de 100 países diferentes y conozco a miles de personas todos los meses, pero muchas se van con la misma rapidez que llegan a mi vida y, en ocasiones, dudo de cual es mi patria, mis raíces, de a qué tierra pertenezco, en conclusión, donde está mi hogar.

Para continuar con mi drama personal, mi relación con Luis tampoco parece ir a buen puerto. Se trata del típico chico que ni come ni deja comer, como el perro del hortelano. «Contigo, pero sin ti». «Me gustas, pero en estos momentos no quiero algo serio, aunque tampoco te quiero perder porque eres una persona muy importante para mí.”
He escuchado palabras como estas miles de veces pronunciadas por él, y también procedentes de otra gente a la que yo creía imbéciles por no entender en verdad lo que estaba sucediendo. Ciegos de remate por no ver la realidad y cobardes por no tener la valentía de salir de ese círculo de manipulación mental.
Sin embargo, eso era antes de que me sucediera a mí. Antes de que conociera a Luis, y antes de que fuera capaz de darme incluso cuenta que ya estaba atrapada, que era susceptible de caer en el juego, que pronto iba a ser víctima de una persona egoísta que se alimenta del control que ejerce en los demás: un vampiro emocional. Si Luis fuera un vampiro yo yacería en el suelo desangrada, y seguro que ni siquiera habría bebido mi sangre, tan solo la habría “catado”.
Mi relación con Luis es eso: algo complicado. A veces creo que «estamos juntos», otras que no y otras que soy una «amiga con beneficios», su mejor amiga, como el bien me describe. Se puede ser mas descarado? A caso puede una persona con la que tienes un sexo salido de la mejor película porno convertirse en “mejor amiga” en tan solo un par de semanas?
Soy consciente de que me busca cuando le apetece, y tan solo le apetece cuando se encuentra necesitado. Y, para rizar mas el rizo, cuando soy inaccesible actúa como “novio” arrepentido con miedo de perderme. Es una verdadera locura. Luis ha traído la inestabilidad a mi vida. Es una droga tóxica pero que me hace sentir tremendamente bien a su lado. Lo peor es que nisiqueira creo que sea un mal tío, al contrario, creo que es una buena persona y buen amigo pero como novio es sencillamente nocivo.

Nos conocemos desde hace ocho meses y, desde hace cuatro padezco un trastorno de la ansiedad y del sueño, además de que mi humor se ha visto seriamente afectado y que padezco un compartimiento compulsivo con la alimentación. Hace tiempo que como sin control, con voracidad, sólo para llenar el hueco vacío que deja el paso de Luis, para alimentar mi alma y no sentirme sola. Porque ME SIENTO TREMENDAMENTE SOLA.

Ayer, tras una noche de pasión en la que besé, comí, lamí y amé cada rincón de su cuerpo, llegué a casa devastada. La sensación de euforia que sentí tras el coito se transformaron en nausea al entrar por la puerta de mi apartamento. Me dirigí directamente a la nevera y arrasé con todo lo que encontraba a su paso. No sé si comía como ansiolítico o más bien como método auto-destructivo. No consigo diferenciar si se trataba de un alivio o mas bien de un castigo. Sólo sé que al terminar me sentía la persona mas repulsiva, insignificante e inservible del planeta. Me dirigí al baño y vomité todo con cuanto me había atracado minutos antes. Tras este episodio indigno y a la vez aliviadero, decidí por fin acabar con esta situación insostenible y le pedí que no me llamara más. Le confesé que nunca podría ser su amiga, que tenerle cerca me hacía daño y que prefería no tenerle antes que ser una montaña rusa de emociones y comportamientos patológicos.
Pareció no entenderlo pero al menos sí respetarlo.

Pensé en la infranqueable dicha de Lara y por un instante me dio rabia, incluso envidia. Ella NUNCA habría vivido esto porque SU VIDA era diferente. Ella nunca se habría permitido vivir esto porque ELLA era diferente.
Engullí un somnífero y me fui a la cama dejándome embaucar por la llamada de Morfeo como un cántico de sirenas. Miré el móvil por última vez y divisé con esfuerzo de mis párpados cansados un mensaje de Luis en la pantalla de mi smartphone: «Te echo de menos Claudia y no pienso dejarte marchar”.
Pensé en Lara, en su vida, en la mía y desee con todas mis fuerzas SER ella.

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