El tren tocó su bocina, y quedó en el cielo, el sonido del adiós. Aquel pájaro sólo voló y se cambio de nido, como si el viento fuera un velero para la mariposa de lo olvido.

Cuando ya se alejó, el tren dejó en su huella, la colmena de la doncella, que sólo desea estar, en el regazo del cielo, antes que el sol se oculte, en tus besos siembro mis te quieros.

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