Cuántas plegarias silenciadas
por arranques de ira,
pues todas fueron cizañas.
Conformarme con solo sentir
y no ver absolutamente nada:
un instante desvanecido en la memoria,
fuego consumido en escombros
que parte mi alma en mil pedazos.
Cuántas plegarias hacia mi Señor,
esperando su regreso.
Te seguimos esperando, Señor mío…
ya regresa, por favor, sálvanos
del sufrimiento eterno.
Si pudieras concederme un deseo:
pagar los pecados de la humanidad
y, a cambio, quedarme solo en el infierno.
Toca el violín, llora por mí,
que una vez que se acabe
nadie se acuerde de mí.
¿Cuántas plegarias necesitas?
De vuelta he caído rendido.
No se detiene mi maldición:
seguiré atormentado en mi habitación,
una y otra vez, malherido.
Diciembre 2025
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