Semejas la vía oscura,
transida de espasmos;
no partes del desierto,
ni eres polvo.
Anfisbena sobre peldaños,
mensajera de afección crepuscular,
llorabas en mis sueños tardíos
que la lluvia sometía al olvido.
Aún perturban tus sollozos el fango
en mi interior. Cavaste
largos pasadizos a la niebla,
porque era tu sueño ser vigía.
Agónico, sobre un lecho igniscente,
persiste el rumor de tus pisadas,
y el hambre de tu risa
y de tus manos.
Solo sombras de abetos muertos
vuelan hacia otra edad;
una prórroga no llega
pero tú aclamaste a la aurora.
Y abriste las manos tersas
a la añoranza de una héjira distante,
o en acecho de otro abismo
como red, inexorable.
Convenciste al fuego de la perplejidad
que prende y florece,
y aferraste tu cuerpo
al horizonte vasto.
Como océano de sangre
callaste sobre mi sepultura;
yo te veía dentro de los ojos
y dentro de la carne.
Yo me veía en ti,
como barcaza al cierzo adverso,
o como telaraña acuosa
en un bosque perturbado.
Eras abismo abierto a la memoria,
un callejón silenciosamente horizontal,
sobre el que detenía mi aliento
a la congoja del invierno.
En el espejo no había estatuas,
el mar quebraba su cuerpo
y roto se precipitaba en pavesas
a la nada que fluctuaba.
Mientras tú cantabas cerca
de campanarios dolientes,
cuyo timbre áspero elevaba gárgolas abyectas
que se esfumaban en bandada.
Yo te esperaba, salamandra,
temblando de dolor extremo;
tocado por la muerte,
que es silencio y purgación.
Adivinaba el rostro lánguido
de tu escultura opaca,
y añoraba tu ansiosa acometida
y tu delirio idílico.
¡Cuánta fuerza desperdiciamos
en el destierro,
y cómo perdieron firmeza
nuestros pasos!
Luego se hundió en la ventana
tu perfil efímero, se desprendió el barniz
de mi sonrisa y sobrevino
otro universo en mi conciencia.
Nunca amanecimos de esa muerte
interminable,
porque los fantasmas perpetúan
la desgracia aciaga.
Como presagio de lluvia
brillaste sobre los tejados,
y el pozo que albergó mi sangre
se consumió en tus labios.
Cruel salamandra que derrites
mi silencio como nos condena
la memoria del agua,
a dividir tu vida de mi sombra.
OPINIONES Y COMENTARIOS