“El Silencio del Bosque”

En lo profundo de la foresta, donde los rayos del sol apenas logran atravesar el espeso bosque, se encontraba un claro secreto que solo unos pocos afortunados conocían. Este lugar, escondido del mundo y protegido por el abrazo de la naturaleza, era un refugio de paz y tranquilidad, un santuario de silencio en medio del caos de la vida diaria u ordinaria.

Cada mañana, el rocío adornaba las hojas y el suelo con un manto de cristales diminutos, brillando con la primera luz del amanecer. El aire fresco llevaba consigo el perfume de la tierra húmeda y las flores silvestres, creando una mezcla embriagadora que llenaba los sentidos. Los árboles, ancianos testigos del paso del tiempo, se alzaban majestuosos, sus ramas entrelazadas formando un techo natural que susurraba historias del pasado a quienes sabían escuchar.

Era en este claro donde Akane solía refugiarse. Su vida en la ciudad estaba llena de ruido y prisa, un torbellino constante de responsabilidades y expectativas. Pero aquí, en este rincón apartado del mundo, podía encontrar la calma que tanto anhelaba. Sentada sobre un tronco caído, dejaba que el silencio la envolviera, permitiendo que su mente se despejara y su espíritu se renovara.

Los animales del bosque, curiosos pero respetuosos, observaban a la visitante desde la distancia. Un ciervo de grandes ojos oscuros asomaba su cabeza entre los arbustos, mientras un par de ardillas jugueteaban despreocupadas en las ramas superiores. Incluso el viento parecía detenerse por un momento, contagiado por la serenidad del lugar.

Akane cerraba los ojos y respiraba hondo, sintiendo cómo la energía del bosque la invadía. En ese instante, no había preocupaciones ni miedos, solo la perfecta armonía entre su ser y la naturaleza. El murmullo lejano de un arroyo añadía una melodía suave al ambiente, una canción sin palabras que hablaba directamente al corazón y se oía retumbar hasta lo más profundo del alma.

El tiempo parecía detenerse en aquel claro. Las horas pasaban sin ser notadas, cada segundo una eternidad en la que el alma podía descansar. Pero como todo en la vida, el momento llegaba a su fin. Con el corazón ligero y la mente despejada, Akane se levantaba, agradeciendo al bosque con una pequeña pero sincera inclinación por el hermoso regalo de su silencio y prometiendo regresar cada que su espíritu lo pidiera a gritos siendo un llamado desesperado al vacío esperando encontrar paz.

Mientras caminaba de vuelta a la civilización, sentía que llevaba consigo un pedazo de aquel lugar mágico. Sabía que, aunque el ruido y el estrés volverían a rodearla y acorralar con una espada en la pared, siempre podría cerrar los ojos y recordar el claro secreto que solo sus bellos ojos habían encontrado en lo profundo del bosque, donde el silencio era más poderoso que cualquier palabra y más bello que cualquier habladuría.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS