EL PEINE DE HUESO
(Relato de un alma al cronista)
El reflejo en el río no miente nunca,
un peine de hueso en una mano pequeña.
Doce años de miedo en una trenza oscura,
y un silencio de tumba que el alma le adueña.
El monstruo acechaba tras la puerta entornada,
cuando la madre se iba, la luz se apagaba.
Ella lava su pelo con llanto y con frío,
peinando el espanto que arroja en el río.
Peine de hueso, testigo de piedra,
cárcel del llanto que el tiempo me entrega.
Rómpase el velo, que el aire te nombre,
para que el sol luzca, que el alma se asombre.
Vuela ya, niña, que el eco ha nacido,
al ser escuchada, ya hallaste el nido.
Desde el bosque de mimbres, unos ojos la miran,
un muchacho que siente cómo el aire se estira.
Él escucha el sollozo, el quejío gitano,
ve el temblor de la niña, el sudor de su mano.
Se imagina la escena: el verdugo en la sombra,
la inocencia pisada sobre una alfombra.
Él no dice palabras, se ajusta el coraje,
mientras la noche prepara su viaje.
¡Crujir de maderas, de puños y odio!
La luna es testigo del fin del episodio.
Un golpe certero, un rugido de rabia,
el monstruo en el suelo, se agota su labia.
Sangre en las manos que lavan la afrenta,
mientras el destino desata la tormenta.
Franca lid de muerte en el barro del camino,
golpe a golpe, el chico torció el destino.
El verdugo se apaga, sus ojos se hunden,
y los gritos de gloria con el viento se confunden.
¡Justicia de sangre! ¡Justicia de hermano!
Cayó el demonio… ya no hay más tirano.
Peine de hueso, testigo de piedra,
cárcel del llanto que el tiempo me entrega.
Rómpase el velo, que el aire te nombre,
para que el sol luzca, que el alma se asombre.
El agua la envuelve, la toma infinita,
el alma se rinde, ya vuela y no grita.
Se pierde en el cauce, se vuelve corriente,
donde el tiempo cesa y el mal se ausente.
Ya no hay más peine…
ya no hay más río.
Solo la paz… y el fin del frío.
Crónicas de un Angol
2026
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