Todo es tan difícil aveces.

La gente dice que no, que debo poner de mi parte.

¡Cómo si ellos pudieran entender lo que siento! 

Es sencillo decir «Cálmate» si no estás en mi mundo.

La entrada es turbulenta, una puerta que no quisiera cruzar, pero sin poder evitarlo me adentro a ese bosque sabiendo que encontraré a un monstruo.

Las garras me atrapan por detrás, y siento que me roba el aire con su aliento. Las ramas de los árboles se mueven haciendo un ruido que me encoge y me desespera; mientras que el bicho sigue rompiendo mi garganta queriendo llegar a mi alma.

Gracias al cielo llega un momento que una voz lejana lo desconcierta, y el agarre afloja. Puedo evadirme del toque de su maligno cuerpo, pero el miedo se presenta al verme tan sola, perdida en aquel lugar. Entonces la desesperación de escapar, de buscar la puerta que me saque de ese mundo que jamás pedí visitar, me atormenta.

Aunque posteriormente lo logro, en el fondo saber que existe ese sitio que aparece cuando menos quisiera no me deja quedarme quieta a pesar de los «Cálmate» de mi madre. Me importan los «Estarás bien» pero no me llegan, no aportan, porque veo las marcas que ha dejado el mostruo en mi pecho.

El terror de volver a repetir lo mismo una y otra vez crece dentro de mí como aquellos árboles. Los rugidos de la bestia no me dejan mantenerme tranquila.

Y la puerta continúa allí, persiguiéndome, como un agujero negro dispuesto a abducirme cuando se le antoje.

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