El infierno y cielo queriendo estar juntos Capitulo III: El precio de lo imposible

El infierno y cielo queriendo estar juntos Capitulo III: El precio de lo imposible

El mundo… se rompió.

No hubo otra forma de describirlo.

El choque entre el cielo y el infierno no fue solo una batalla… fue una herida abierta en la existencia misma. El bosque de Valdoria ardía entre destellos dorados y llamas oscuras, mientras el cielo se partía en dos como si no pudiera sostener lo que estaba ocurriendo.

En medio del caos, Aelira y Kael seguían de pie.

Juntos.

Pero cada segundo… les costaba más.

—¡No puedes seguir aquí! —gritó Kael, cubriéndola de una explosión de energía que cayó a pocos metros—. ¡Te están buscando a ti!

—¡No me iré sin ti! —respondió Aelira, con lágrimas que no caían… porque incluso el dolor parecía congelado.

Un grito desgarrador atravesó el aire.

Mateo.

Había quedado atrapado entre las fuerzas que no entendía. Corría desesperado mientras la tierra se abría bajo sus pies.

—¡AYUDA!

Aelira reaccionó sin pensar.

—¡No! —intentó detenerla Kael, pero ya era tarde.

Ella extendió sus alas y voló hacia él, esquivando luz y oscuridad. Cuando lo alcanzó, lo envolvió en un resplandor cálido, protegiéndolo.

Pero ese acto… no pasó desapercibido.

—Ahí está —susurró Azrion, con una sonrisa fría.

En un instante, desapareció… y reapareció frente a ella.

—El error del cielo.

Aelira apenas tuvo tiempo de reaccionar. Un golpe de energía la lanzó contra el suelo. Mateo quedó a salvo… pero ella no.

—¡AELIRA! —gritó Kael.

Algo dentro de él… se quebró.

La oscuridad explotó a su alrededor. No como antes… esta vez era diferente. Más intensa. Más salvaje. Más… incontrolable.

—Te dije… que no la tocaras —su voz ya no era solo suya.

Malrik observaba desde lejos, intrigado.

—Interesante…

Kael avanzó hacia Azrion, cada paso dejando grietas en la tierra.

—¿Qué eres ahora, Kael? —provocó Azrion—. ¿Un demonio… o algo peor?

Kael no respondió.

Atacó.

El impacto fue brutal. Azrion retrocedió por primera vez, sorprendido. La batalla entre ambos no era solo fuerza… era furia contra juicio, caos contra orden.

Mientras tanto, en el cielo, Lirael observaba a Aelira… caída.

Y dudó.

—No… esto no está bien… —murmuró.

—Cumple tu deber —ordenó Seraphiel.

Pero Lirael no se movió.

En el suelo, Aelira intentaba levantarse. Su luz era débil… inestable.

—Kael… —susurró.

Cuando levantó la mirada… lo vio.

Y su corazón se detuvo.

Kael ya no era el mismo.

Sus ojos ardían como nunca, su cuerpo estaba envuelto en una oscuridad que parecía consumirlo desde dentro.

—No… —dijo Aelira, con miedo real—. Esto no eres tú…

Pero sí lo era.

O al menos… en lo que se estaba convirtiendo.

Azrion fue lanzado contra una roca. Kael lo sujetó del cuello, levantándolo.

—Dije… que no la tocaras.

—Entonces mátame —escupió Azrion, sonriendo—. Y confirma lo que ya eres.

Silencio.

Kael apretó más fuerte.

Y en ese instante… Aelira gritó.

—¡NO!

Ese grito… lo atravesó.

Kael se detuvo.

Y eso… fue suficiente.

Un rayo de luz descendió.

Seraphiel.

—Esto termina ahora.

Con un solo movimiento, lanzó una lanza de energía directa hacia Kael.

Aelira reaccionó.

No pensó.

No dudó.

Se lanzó frente a él.

El impacto fue inmediato.

El tiempo… se detuvo.

Kael la sostuvo antes de que cayera.

—No… —su voz se quebró por primera vez—. No… no…

La luz que salía de Aelira… se apagaba.

—Te dije… que no me iría sin ti… —susurró ella, débilmente.

—No… no puedes… —Kael temblaba—. No me dejes…

Aelira sonrió… con tristeza infinita.

—Entonces… no dejes… de buscarme…

Sus ojos se cerraron.

El silencio… fue absoluto.

Incluso la guerra… se detuvo.

Kael no gritó.

No lloró.

Pero algo peor ocurrió.

Se quedó completamente en silencio… mientras el mundo a su alrededor comenzaba a temblar.

Malrik sonrió.

Seraphiel frunció el ceño.

Y Lirael… dejó caer una lágrima.

Porque todos lo entendieron en ese instante.

La batalla ya no importaba.

Porque acababan de crear algo mucho más peligroso…

Un demonio que lo había perdido todo.

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