El elástico de la bombacha. (Primera parte)
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Hay cientos de ejemplos y de maneras en que los psicólogos y expertos intentan explicar el fenómeno del estrés en nuestro cuerpo. De hecho, yo misma al tomar algunas sesiones de terapia escuché hablar de las ecuaciones que se hacen con la finalidad de explicar que el estrés es una deuda que nuestro cuerpo le factura a nuestra ansiedad y a nuestra locura por querer abarcar más de lo que podemos.
Pero de pronto me encontré mentalmente buscando un ejemplo que fuera algo mas cotidiano y que permitiera que todos podamos comprender. Así nació “El elástico de la bombacha”
¿Quién no tuvo alguna vez una bombacha a la que se le estirara el elástico? Y cuando se trata de una de tus prendas favoritas es ¡una tragedia!
Solo hay dos alternativas: o cambiar el elástico, si es posible; o tirar la prenda y reemplazarla por otra.
Claramente es algo bastante fácil de solucionar; pero cuando ese elástico se trata de nuestro cuerpo sometido a los estiramientos en largos periodos de tiempo y por mayor longitud de la que tiene capacidad para estirarse, es cuando nos encontramos con el elástico estirado.
Hablo de esas interminables noches sin dormir atravesando situaciones complicadas de la vida, ya sean de enfermedades de un ser querido, un insomnio a causa de una hipoteca, trabajos forzados contra reloj que no nos dan en las 24 hs diarias el tiempo necesario de descanso.
Y nuestra mente nos consuela con: _”Un poquito más, ya falta poco, ya falta menos.”
Obviamente dichas situaciones son límites y nos exigen un desgaste que a la larga nos pasará factura.
Si bien es cierto que hay situaciones límites siempre a lo largo de la vida, hay maneras de evitar que el elástico “de nuestro cuerpo” se eche a perder. Debemos tener la capacidad de interpretar cuando estamos frente a estas situaciones y buscar alternativas, “Buscar ayuda”
La mayoría de las personas recurren a la queja, pensando que con quejarse se van a desahogar y todo estará mejor. Si bien desahogarse es importante, no es lo único que se puede hacer.
Tiene que existir alguna persona en el mundo a quien podamos recurrir y contarle nuestra necesidad.
Nuestra humanidad nos lleva a hacer balances en los momentos difíciles. Quien está y quién no cuando las papas queman. Pero esto ¡es un error!
Cuando atravesamos esos desiertos debemos aprender que algo muy valioso es la comunicación. Si estuviésemos perdidos en algún lugar lo primero que intentaríamos sería utilizar nuestro teléfono móvil para comunicarnos con alguien que nos rescate. De la misma manera sucede cuando estamos atravesando situaciones delicadas. Necesitamos establecer buena comunicación, y en forma directa y concisa.
Expresar lo que necesitamos que otra persona haga, hará que la carga sea repartida. Es lo que sería aflojar el elástico para que descanse.
Alguna vez escuché a alguien decir: “quien hace algo puede equivocarse; quien no hace nada, nunca se equivoca.”
Pero muchas veces hay personas que no hacen nada porque nadie les dice “qué hacer”.
¿Alguna vez te sucedió algo así? ¿ o solamente yo tuve esas experiencias?
¡Cuéntenme, no me dejen sola!
¡El elástico de la bombacha tendrá una segunda parte!
El elástico de la bombacha (segunda parte)
¿Dónde quedamos? ¡Ah, Si! ¡Ya recuerdo!, En no permitir que el elástico se arruine del todo.
Si hemos reflexionado sobre el tema, espero que estemos en condiciones a la hora de enfrentarnos a situaciones límites, de poder reconocer esas situaciones y poder, hablando de la forma correcta, pedir la ayuda necesaria para que nuestra vida no se eche a perder como el elástico de nuestra bombacha favorita.
No estamos solos en el mundo y siempre hay posibilidades de encontrar ayuda, solo debemos comunicarnos correctamente.
Hay otro fenómeno que también puede ejemplificarse a través del elástico de la bombacha. Este fenómeno es conocido como “El Latigazo”
¿Quién no sufrió alguna vez, aun por accidente un “Latigazo” con el elástico de la bombacha?
¡Por Dios! ¡Lo que duele eso!
Es un estiramiento, bien bien estirado, y rápidamente se suelta pegando contra nuestra piel más sensible.
Así como hay situaciones en la vida que son complicadas y nos dejan con el elástico estirado, también hay situaciones que se generan en un muy corto período de tiempo y de pronto el mundo se nos viene encima.
Un latigazo es difícil de pronosticar. La muerte de un ser querido en un accidente sería una buen ejemplo.
Son esas situaciones inexplicables repentinas que nos dejan tirados, con muchísimo dolor y a veces incluso sin comprender a ciencia cierta lo sucedido.
Una de las cosas que debemos comprender es que de un “Latigazo” no se sale por arte de magia; lleva un proceso de aceptación, de duelo y de sanidad.
Una de las peores cosas que podemos hacer es evitar llorar y evitar hablar del tema.
Para alcanzar la sanidad debemos hablar y llorar; expresar lo que sentimos, aunque mas no sea con un desconocido que no pueda decirnos nada, ¡no importa!, lo que importa es sacar afuera todo lo que duele, la impotencia, la desazón, la tristeza.
Pero es importante después de llorar tomar períodos de tiempo, aunque sean cortos, para hacer alguna otra cosa: darnos una ducha, hacer un mandado, mirar algo de televisión.
Los extremos son malos, el proceso es paulatino. Querer hacer el duelo en dos días arruinaría los días futuros. Querer estar sano en dos semanas sería ilógico e inhumano y al igual que en el primer ejemplo del elástico estirado, una de las cosas que debemos hacer es “Buscar ayuda”.
Aprender a expresar lo que necesitamos nos ahorrará grandes problemas.
No podemos evitar el “Latigazo” de la vida, pero si podemos prepararnos para superarlo.


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