El dueño del propio silencio

El dueño del propio silencio

Sergio Solis

18/03/2026

Recién llego del trabajo, no me saqué ni las zapatillas y acá estoy, dándole forma a algo que vengo masticando hace días: la necesidad de volver al punto donde dejé de ser yo para pasar a ser quien soy.

En un análisis retrospectivo e introspectivo, logro identificar el momento del quiebre. Si bien llegó como un golpe seco, lo modificó todo a cuentagotas; fue un proceso tan gradual que se volvió imperceptible. Sin embargo, al contrastar la foto del «antes» y el «después», el cambio es abismal. No fue del todo malo: gané madurez y empatía, pero en el camino perdí sociabilidad, capacidad de disfrute y esparcimiento.

¿Perdí mi identidad o la transformé? ¿Evolución o involución? No lo sé. Lo que sí sé es que dejé de ser una acumulación de expectativas ajenas para empezar a ser el dueño de mi propio silencio. La limpieza que quise hacer se llevó partes de mí. ¿Puedo retroceder y buscarlas? Poder, puedo; pero quien yo era pertenecía a un tiempo y a un lugar en específico. Volver al sitio es posible, pero desandar el tiempo es una quimera. Al regresar solo encontraría melancolía, versiones más viejas de nosotros mismos y la incomodidad de no disfrutar como en aquel entonces. Entonces, ¿qué es lo que realmente podría encontrar?

Quizás lo que busco no es rescatar al que fui, sino entender qué pedazos de aquel pasado todavía encajan en este presente de silencios elegidos. Iré, sí; no para recuperar el tiempo, sino para confirmar que, aunque ya no sea el mismo, todavía puedo reconocerme entre los escombros de lo que dejé atrás. Habrá que ir, aunque sea solo para ver con mis propios ojos qué quedó en pie y qué es momento de soltar.

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