Te regalé una bonita sonrisa de joker mientras acercabas la pestaña a mis labios. «Piensa un deseo», susurraste. Pero no lo pensé. Cerré los ojos y repetí de forma mecánica el deseo que llevaba más de veinte años pronunciando: «Seguir toda la vida contigo». Entonces soplé y la pestaña no se movió. Volví a soplar más fuerte, pero la pestaña seguía inmóvil en la palma de tu mano desafiándome con la mirada, Bajé la vista avergonzada. Seguro que me vio escribir esta mañana la carta de despedida que esta noche encontrarás bajo tu almohada.

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