El amor es como una vieja caja de zapatos.

El amor es como una vieja caja de zapatos.

B

18/06/2020

El amor es como una vieja caja de zapatos. Al principio la conservas perfectamente colocada en esa parte del armario donde van los demás. Los usados. Los rotos. Los que tienen manchas que por mucho que laves, no se van. Empiezas acariciando los herretes cuando te los desabrochas. Les echas un vistazo cuando, suavemente, deshaces el nudo entre tus dedos. Los guardas delicadamente en la caja preparada para protegerlos de cualquier tempestad que despierte en tu habitación, por un miedo incontrolable de perderlos. Lo haces de manera inconsciente porque no quieres que les pase nada. Pero el tiempo pasa. Tanto para los nuevos como para los que te cansaron. Y empiezas a descuidar la caja, e incluso a guardar los zapatos fuera. La tapa de la caja la pierdes, y de pronto, los zapatos nuevos se han mezclado con los viejos. Ni siquiera sabes como ha ocurrido, pero ahí están. A menudo ni te darás cuenta de que los zapatos los has guardado con el nudo hecho, quitándotelos empujando entre los pies. Pero duermes tranquilo. O tranquila (esto, gracias a dios, no va de géneros). Nunca te planteaste en tirar la caja, pero cada vez se dibujan más magulladuras en su torso. Tu no lo ves porque ya te has acostumbrado. Solo abrirás los ojos cuando esos zapatos sean indistinguibles de los que llevan allí mas tiempo. Y es entonces cuando decides tirar la caja, y comprarte unos nuevos. Por desgracia, hoy el amor, y quizás siempre, ha funcionado así. El ser humano está condenado a sentirse irresistiblemente atraído por lo que no tiene. Por lo nuevo también, pero aunque no queramos reconocerlo, lo que nos recuerda profundamente al pasado desprende una atracción diferente. 

Sin embargo, yo hace mucho que no quiero zapatos nuevos. Considero que a pesar de mi temprana edad, he conseguido deshacerme de aquellos con los que me sentía cómoda y bonita a la vez, tanto en el alma como en la calle. Estuve mucho tiempo dudando de si la caja la había tirado a la basura. Revisé el armario varias veces, hasta que finalmente desapareció. Pero todavía no conozco el deseo de un par nuevo. De hecho, si soy sincera, desde los últimos zapatos no recuerdo qué es eso. Creo que solo lo vivi esa vez. Me he cansado de apostar por unos zapatos que al final me salen de mala calidad. O quizás soy yo, que no he sabido mantenerlos mejor. Pero apuesto más por lo primero. Aquella época de estreno la recuerdo como un sueño lejano. Saboreo la historia en vez de añorarla, y no tengo prisa por desear que ocurra de nuevo. Creo que cuando los ves, sabes que son para ti. No se si volveré a enamorarme, desde que se desgastaron hace dos años no he vuelto a querer unos nuevos. Y quizás por eso no han aparecido. Pero jamas me arrepentiré de ser acorde a mi moralidad, tanto conmigo misma como con quien me acompaña al caminar. 

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