Amo esta prisión de silencio y soledad
con rejas de libertad y utopías vanas,
empapelados los sueños haciendo nidos
para unos versos caídos de entre la cabellera.
Afuera el bullicio del agua que golpea el alma,
el viento que arrastra los cuerpos lejos de aquí.
Los recuerdos son grilletes de la nostalgia
y los fantasmas vuelven a cada hora del té.
El eco de tu voz se resiste en todos los rincones,
ronronea sobre la alfombra y no me abandona,
el alcohol baja mis parpados sobre un río
mi mano levita sobre una hoja manchada
las aguas tiernas bajan de mis ojos
para ahogarse sobre una triste mesa.
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