En un rincón del mundo donde millones de almas transitan sin cruzarse jamás, ocurrió lo improbable.
Ella, una joven de luz serena, brillante desde la infancia, pero resguardada tras los muros de su introspección y Él, un espíritu radiante, de sonrisa fácil y alma abierta al mundo. Dos vidas que, por lógica, jamás debieron encontrarse… y sin embargo, el destino tenía otros planes.
La probabilidad de coincidir era mínima, casi inexistente pero el universo, en su infinita sabiduría, tejió los hilos invisibles que los guiaron el uno hacia el otro.
Ella dudó por un instante no por falta de fe en el amor, sino por las cicatrices que el tiempo le había dejado, estaba cansada de caminos que no llevaban a ningún lugar pero algo en él —en su energía, en su presencia— hizo que su perspectiva comenzara a cambiar.
Fue un día cualquiera, o eso parecía sus caminos se cruzaron en un instante suspendido en el tiempo sus miradas se encontraron, y en ese cruce silencioso, sus almas se reconocieron, no hubo palabras, no hubo contacto físico, solo un abrazo etéreo entre dos esencias que se habían buscado a través de vidas.
Él, recostado sobre la hierba fresca, desvió la mirada con una sonrisa leve. Ella siguió su camino, pero su corazón latía con fuerza, y una voz interior le susurraba: “Lo hemos encontrado al fin.”
Mientras tanto, él tomó su libreta y escribió:
“Hace tiempo que mis días no tenían luz y de la nada, un rayo apareció, no sé de dónde vino, pero sé que ha venido a quedarse. Ese rayo no solo iluminó mis sombras, sino que transformó el paisaje entero ya no hay oscuridad, solo la promesa de un amanecer eterno, su mirada no se ve con los ojos, se siente con el alma y quien logra verla así, queda marcado por una belleza que no se puede explicar, solo vivir.”
Cerró la libreta con un suspiro y volvió a recostarse. Pero entonces, la sorpresa: ella estaba detrás de él. Había leído cada palabra, sin decir nada más, se acercó, le tomó la mano y con una sonrisa que parecía contener siglos de espera, le dijo:
“Aquí estás, mi rayito de sol, no quiero que te vayas nunca, sé que esto no es casualidad… es el destino llamándonos a casa.”
Y en ese abrazo, el universo suspiró porque dos almas que se habían buscado a través del tiempo, finalmente se habían encontrado.
CONTINUARA-………………………………………………………………………….
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