Para mi querida hermana Carol,
con la intención sincera de compartir estas palabras
y lo que ellas guardan.
Dos flores brotaron del Edén,
el destino las unió,
el sol las quemó,
la lluvia las derrotó.
Marchitaron…
renacieron,
cada una diferente,
esencias sin igual.
Sus hojas eran hermandad,
como dos manos aferradas
que prometían no soltarse jamás.
Pero el destino no tardó en llegar,
larga vida llevaron
para no volverse a encontrar.
Y aun así, su amor fue más allá:
fueron una sola raíz
al desprenderse del paraíso.

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