Aquel tiempo de octubre a abril fue tan surrealista como la pasión que teníamos. Creo que los meses volaron, y los años también. A veces lo recuerdo como ayer y pasaron mil otoños. Un día cualquiera estaba leyendo historias, escuchando canciones y te encontré entre personajes. Y en esa canción de Taylor (donde ella lo recuerda todo muy bien) y no sé por qué, pero de pronto estaba desenterrando el tiempo, lo sostenía en mis manos y fue como agarrar un libro pequeño que estaba aplastado por otros en el último rincón de un estante y en esas páginas estabas vos y mi antigua versión la que ya no se parece en nada a mí, y aquellos días rebeldes, apasionados y crueles.
Escribo a la intensidad de nuestros encuentros, la energía, los celos y todo lo demás.
A los días oscuros, con dosis de sexo, risa y amor a destiempo.
Un romance corto con la lluvia de octubre y el viento de abril.
Salidas nocturnas, cigarrillos en el descanso y pasión desmedida.
Así éramos
Y así nos recuerdo.
Ese “nosotros «sin existir y entregados por la mitad
Las mentiras grises y las banderas rojas, tu casa, la música y las citas equivocadas.
Aun así, fueron meses inolvidables.
De nada me arrepentí aquel día, cuando todo estalló en mil pedazos
Un instante más fácil de recordar que de olvidar.
Ese año tuvo una efímera belleza, oscura y con una atracción melancólica.
A veces las decisiones más tristes son las más acertadas.
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