Éramos cuatro.
La idea de jugar con la ouija fue de Rodrigo , y a mi me pareció divertido.
Yo le dije a mi hermano y Rodrigo trajo a su novia.
Encendió la vela, hizo todos los pasos que nos decía la caja de instrucciones, y los que
íbamos buscando en internet.
-Esto es una estupidez- dijo mi hermano
-Nada que ver Leonardo, esto es serio, concentrate- exclamó mirándolo fijo con el
entrecejo fruncido la novia de mi amigo.
-Bueno, Leonardo, Jimena basta de charlas que no tenemos toda la noche, a las dos más
o menos llega mi madre del hospital, y no siempre trabaja hasta tan tarde- Sentenció
Rodrigo.
Mientras mi hermano esperaba un fracaso, yo tenía todas las energías puestas en ese
ritual.
Cuando los movimientos comenzaron en el tablero entró un viento que casi nos apaga la
vela, Jimena quiso parar, pero le dijimos que no era buena idea, que estas cosas no se
dejan a medias,que eso lo dice en todos lados.
-A ver , a ver, ¿No estamos solos?- preguntó Leonardo con un tono burlón. El puntero se
movió rápidamente hacia el “no”.
Jimena se puso muy nerviosa, no paraba de decir que había que hacer todo bien,
Leonardo insistía que nosotros movimos algo, Rodrigo quería callar al resto y seguir, igual
que yo, que lejos de asustarme mi curiosidad crecía.
-¿Sabes cuando nos vamos a morir?- Preguntó Leonardo. Todos lo miramos al mismo
tiempo, él se encogió de hombros y nos respondió con un gesto que intentaba normalizar
su pregunta. El tablero señaló el “si”
-¿Cuánto me queda?- insitió mi hermano, si bien Rodrigo y yo lo rezongamos al principio
tuvimos que prestar atención porque el tablero comnenzó a formar palabras hasta que
logramos leer la frase “Agosto, once, en setenta y tres años, corazón, vejez, aislamiento”
entonces mi hermano bromeó con que eran buenas noticias, iba a llegar a los noventa y
seis.
-¿Yo? ¿Cuanto me queda?- preguntó inesperadamente Rodrigo, y el tablero comenzó otra
vez, leímos con más facilidad que antes cuando unió las letras y dijo “Febrero, doce, en
cincuenta y dos años, accidente, sueño, estrés” Rodrigo se rió, y bromeó diciendo que
ese dia no iba a dormir entonces, y la tabla fue varias veces hacia el “si”.
-Ahora quiero saber yo- dije con seguridad, Jimena negó con la cabeza, pero la respuesta
fue igual de rápida. “abril, dos, enfermedad, en diez años” sentí un golpe en mi pecho, me
temblaron los brazos, entonces con angustia en mi voz dije:-en diez años tendré treinta- a
lo que leonardo acotó “en realidad para esa fecha, veintinueve”
-Basta no podemos seguir con esto- agregó Jimena, y Leonardo con una sonrisa macabra
y la mirada fija en ella preguntó . ¿Cuanto le queda a Jime?- el tablero rápidamente
contestó : “veinticino minutos, golpe intenso” Jimena se paró y rompió la ronda.
-Eres un imbécil, estás haciendo esto a propósito- le gritó a mi hermano que no paraba de
decirle que eran tonterías que no hiciera caso, que era una broma, ella dejó la habitación
tras un portazo. Rodrigo le reclamó a mi hermano y corrió tras su novia, y nosotros dos
detrás de él-
Jimena salió de la casa gritandole las peores maldiciones a mi hermano y pidiendole a
Rodrigo que la dejara en paz, cuando al cruzar la calle giró a hacernos una seña con
anbas manos levantando sus dedos medios, con los ojos empapados y más furia que
miedo en su mirada.
Repentinamente la madre de Rodrigo llegó en el coche, al verla quiso esquivarla y chocó
un árbol que estaba justo al lado de Jimena.
Todos corrimos donde ellas, vimos que estaban bien, la señora bajó del auto y le dijo que
la ayudaba que ella era enfermera, que el auto no importaba, pero que prefería revisarla
por las dudas, la jovencita negó con la cabeza, le dijo que ni siquiera la tocó, le agradeció
y cuando todo estaba en calma, Leonardo le pidió disculpas, yo le dije que no se
sugestionara que seguro no pasaba nada, Rodrigo le dio un beso y le mostró que había
pasado más de media hora seguramente, entonces fue con su madre a ver el auto
chocado, no tenía más que unas leves aboyaduras, yo saludé a Jimena moviendo la
mano, ella me respondió igual, mi hermano me preguntó si alguien había cerradp el juego,
iba a responderle que creía que no cuando de repente una rama del árbol que había sido
golpeado por la mamá de mi amigo cayó sobre Jimena y le golpeó la cabeza.
Yo siempre pienso en esa noche.
Rodrigo no volvió a hablarnos nunca más.tampoco su madre.
Leonardo se obsecionó con averiguar todo con respecto a lo sucedido, por esa razón
terminó en un psiquiátrico, y yo… bueno yo mañana cumplo veintiocho años, y todavía no
le dije a mis padres, ni a mi pareja, mucho menos a mi hermano, que ni se si entendería
con tantas pastillas que le dan a diario, pero hace varias semanas tengo dolores de
espalda, falta de apetito, una presión en el abdómen, vómitos, náuseas y vemgo
perdiendo unos cuantos kilos , después del cumpleaños tal vez vaya al médico a ver que
me pasa, aunque en realidad, yo ya lo sé.
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