Sabe quién soy, incluso cuando callo,
cuando mi voz se esconde tras el miedo.
Y yo sé quién es, con sus grietas,
sus silencios, sus torpezas.
Nos miramos sin querer,
como quien descubre un secreto prohibido.
Y ahí estamos, otra vez,
volviendo al mismo abismo que ya conocimos.
No sé si es amor o una herida que aprendió a latir,
pero lo cierto es que, entre todos,
solo él me mira sin intentar cambiarme.
Y a veces pienso
que somos culpables de entendernos demasiado,
como si amar así
fuera un delito silencioso.
OPINIONES Y COMENTARIOS