Queridos lectores, hoy uso este espacio para escribir una carta que jamás enviaré.
«Hola ¿Cómo estas? espero que bien. Acá todo sigue igual, bueno… tal vez no tanto, cada día me siento más vacía y rota, con menos ganas pero cuando me automatizo puedo seguir, aunque no es lo que yo esperaba de ‘vivir la vida’.
Te extraño aunque no te lo diga ni te escriba. Lo hago porque fuiste esa chispa que hacía años no sentía pero tan rápido como la encendiste, se apagó.
No sé por qué tuve tantas ganas de intentarlo ni por qué lograste destruir barreras que no te interesaba destruir.
Si tuviese que elegir, también hubiese elegido quererte como amigx porque seguirías siendo parte de mi vida, pero mi corazón tonto te veían para más o quería más.
Elegí ya no verte porque tu sonrisa era el recordatorio constante de que jamás ibas a quererme igual. Igual tengo ganas de verte, hoy o en la vida siguiente.
Pese a todo, agradezco que hayas sido mi espejo para entender que me hacía falta sanar mi amor propio, mis vínculos y la forma en la que elijo amar y amarme, sin embargo, no sabes cuántas ganas tenía de dejar de buscar, de por fin descansar en unos brazos que me miren con el mismo amor que yo lo hago, pero no, simplemente viniste a enseñarme y espero que también hayas aprendido algo bueno de mi.
Te voy a querer siempre, como humano, aunque no hayamos sido.
De todas formas, sé que algún día encontraré a quien se complemente conmigo, que vea en mi a la persona correcta para caminar lo que le quede de vida y lo quiera todo sin siquiera dudar.
Mientras, una parte de mi va a seguir siendo tuya aunque no tengas donde guardarla.
Te quiero y extraño. Te prometo que voy a superarte mañana, pero hoy… déjame sólo pensarte».
OPINIONES Y COMENTARIOS