Walter llegó a la granja cuando la noche ya había comenzado a envolver los campos.
Apenas cerró la verja, una figura salió disparada desde el porche.
—¡Pa!
Scarlett corrió hacia él con los brazos abiertos. Walter se inclinó para recibirla, pero a mitad del movimiento ambos se detuvieron, como si una señal invisible se hubiera activado entre ellos. No era un abrazo lo que tocaba.
Scarlett dio un paso lateral, bajó el centro de gravedad y lanzó un golpe directo al torso. Walter lo desvió con el antebrazo, giró sobre sí mismo y amagó una barrida. Ella saltó justo a tiempo, rodó sobre el suelo y volvió a ponerse de pie con una sonrisa desafiante.
—Lento —dijo ella.
—Confiada —respondió él.
Walter avanzó, fingió un ataque alto y, cuando Scarlett reaccionó, la atrapó por la cintura y la levantó del suelo. Ella pataleó, riendo, hasta que él simuló perder el equilibrio y ambos cayeron entre risas. El abrazo llegó después, inevitable.
Lucy los observaba desde la puerta, con los brazos cruzados.
—¿Y bien? —preguntó—. ¿Qué dijo Jim?
Walter alzó la vista. Scarlett, aún colgada de su cuello, había dejado de reír. Su expresión era idéntica a la de su madre cuando algo importante estaba en juego: atenta, seria, expectante.
—Muy bien —dijo Walter—. El rey fue razonable. Me dio la opción de llevar una embarcación de cultivos a Rokhven. Los mineros necesitan apoyo estos días.
Mientras hablaba, bajó a Scarlett y se incorporó.
—¿Entonces te irás? —preguntó ella de inmediato—. Llévame contigo, ¿sí?
Walter dudó apenas un segundo.
—Puede ser —respondió, sin mirarla del todo.
Su voz no tenía el mismo filo de seguridad de siempre. Luego giró apenas hacia Lucy, como si la pregunta de Scarlett ya hubiera dejado de existir.
—¿Quieres caminar un rato conmigo? Hay que revisar el cultivo y decidir qué empacar. El viaje sería mañana temprano.
Lucy entendió el mensaje al instante.
—Claro.
Scarlett frunció apenas el ceño. No era la respuesta, ni el silencio. Era la forma en que su padre había evitado mirarla.
Como si la pregunta no hubiera sido importante… o como si la respuesta ya estuviera decidida desde antes.
Lucy se agachó hasta quedar a la altura de Scarlett, mientras Walter abre la puerta de la granja.
—Ve a tu cuarto —le dijo con suavidad—. Quiero que escribas qué crees que sería positivo y qué sería negativo si dejaras de tener los sueños que has tenido todo este tiempo.
Scarlett no respondió. Miró cómo la silueta de su padre se desdibujaba en la oscuridad del campo. Asintió de reojo y salió corriendo hacia su habitación.
Lucy siguió los pasos de Walter, pero un vacío le estrujó el pecho. Volteó hacia atrás, vio la granja, admiró las esporas de gotas de agua en el aire por la cascada y cómo la luz de la luna caía sobre la siembra.
—No puedo dejar que ella lo pierda… —murmuró, sin terminar la idea.
Llegando a los árboles de naranjas, Lucy persigue las marcas que Walter dejó en el suelo, hasta que desaparecieron, como si él se hubiera internado entre el bosque para no dejar rastro.
—No es gracioso —advirtió ella.
Las ramas crujieron. Hojas cayeron a su alrededor.
—Pero si quieres jugar… puedo hacerlo.
Lucy se detuvo. Enderezó la espalda, dejó las manos cerca de la pelvis y cerró los ojos. Respiró hondo. Sintió a Walter acercarse por detrás, en diagonal, rápido. Antes de que él pudiera tocarla, Lucy giró, lo desequilibró y lo lanzó al suelo, cayendo encima de él con precisión impecable.
—Creí que sabrías —dijo— que nada me toma por sorpresa.
Walter rió, sin intentar levantarse.
—¿Ni siquiera el hecho de que te enamoraras de mí?
Le apartó un mechón de cabello y lo colocó detrás de su oreja. Estaban a un suspiro de besarse cuando Lucy cambió la expresión.
—La embarcación no es de comida. Walter se tensó y apartó la mirada.
—Tampoco va a Rokhven —continuó ella—. Dime qué trato hiciste con Jim.
Él se incorporó lentamente.
—Este año llevaremos el cargamento de oro a Balqueester. Lucy apretó los puños. El corazón le golpeó con fuerza en el pecho.
—¿Y Scarlett?
—Se queda —respondió Walter—. Corvin cuidará de ella mientras volvemos.
El viento recorrió los naranjos. La distancia se hizo palpable. Lucy comenzó a alejarse.
—Ella se debe quedar, aunque no nos guste —dijo Walter, alzando un poco la voz—. No es una decisión ligera, Lucy. Es la única ruta que Jim aceptó. Si nos negamos, pasaremos por la reubicación.
Lucy permanece en silencio dándole la espalda. Walter continuó.
—Dijiste que este año los sueños se detienen. Hoy, para ser exactos. Eso la mantendrá tranquila mientras regresamos.
Lucy se giró, su voz tembló, amplificada por la noche.
—Si es que regresamos. Dejamos nuestro entrenamiento en combate para no arriesgarnos… y hoy lo entregas todo en bandeja de plata. No solo por bandidos y demás complicaciones que se pueden aparecer en el camino. Nuestros nombres y razones pueden verse expuestos por ya te imaginaras quienes. Y Sí, Scarlett deja de soñar esta noche, pero eso no significa calma para ella.
—Pero…
Lucy interrumpe antes de que Walter continue:
—Durante 8 ciclos, Scarlett no solo ha visto otras vidas… las ha vivido, día tras día, excepto en las semanas en las que ni siquiera se acuerda de nosotros. —Se llevó una mano al pecho—. A veces habla con palabras que no aprendió aquí y lo sabes. Toma decisiones que no vienen de su experiencia. Reacciona con instintos que no le pertenecen.
Walter abrió la boca para responder, pero ella continuó.
—¿Sabes cuántas veces me ha preguntado qué hizo ella para que le pasara lo que vio en un sueño? Saca conclusiones de situaciones que personas que apenas iniciaron los Senderos no podrían alcanzar a entender. Y ni siquiera ha terminado de recorrer los suyos.
—Ahora sí se giró—. No sabe dónde comienza ella y donde termina los que ve al dormir.
El silencio se tensó, Walter trago saliva y algo entre los bosques se estremeció.
—Si los sueños se detienen —prosiguió Lucy—, no solo pierde ese mundo… pierde las piezas con las que se ha construido hasta ahora. —Su voz bajó—. Y entonces aparece la soledad.
Walter sostuvo su mirada.
—Soledad…
—Sabía que esto podía pasar. Estaba preparándome para hablar con ella… para estar ahí cuando ocurriera. Pero ahora vivirá esos días lejos de nosotros. Y podrían ser los más fríos.
Walter permaneció callado un instante antes de acercarse.
—Lucy… —dijo con calma—. Ella es fuerte.
Esperó apenas un segundo.
—Inteligente también.
Sus labios se curvaron apenas, como si pensar en Scarlett le diera algo de paz incluso en medio del miedo.
—Y si sobrevivió a esas noches… a sentir cosas que ningún niño debería sentir…
La miró directo a los ojos.
—¿Por qué dudas que pueda sobrevivir a lo que venga ahora?
Los ojos de Lucy se llenaron de lágrimas.
—No dudo que pueda hacerlo —admitió finalmente—. Solo… no quiero que tenga que afrontarlo sola.
Su respiración se quebró un poco.
—Lo que cree… verla destruirse poco a poco…
Negó con la cabeza.
—Nunca imaginé…
Walter levantó la mano y limpió con suavidad una lágrima que alcanzó a caer.
—No fue tu culpa.
Lucy cerró los ojos apenas.
—Entonces ¿por qué sigo sintiendo que sí?
Walter dejó escapar una pequeña exhalación antes de responder.
—Porque llevas demasiado tiempo intentando cargar con todo lo que pasó, tú sola.
La atrajo lentamente hacia él.
—La decisión que tomaste hizo que Scarlett tuviera una familia y a mi de tenerte a ti.
Lucy apoyó el rostro contra su pecho, agotada.
—A veces pienso en qué habría pasado si la incertidumbre me hubiera ganado ese día… —murmuró—. Esa oscuridad que sentía…
Walter apoyó la mejilla suavemente sobre su cabeza.
—Pero no ocurrió.
El silencio entre ambos ya no se sentía tenso.
Solo cansado.
—No tengas miedo de la soledad que ella pueda vivir —dijo finalmente—. Tú estuviste sola en Tundrath cuando tu madre te dejó allí cuando debías de estar en tu etapa de Brote.
Hizo una pausa corta.
—Yo también estuve solo después de perder a mi madre… y de que mi padre desapareciera.
Su abrazo se apretó apenas.
—Los ciclos que vinieron después fueron duros.
Miró hacia algún punto perdido del bosque.
—Pero también fueron los que nos trajeron hasta aquí.
Lucy permaneció en silencio unos segundos más, todavía apoyada contra él. Cuando volvió a hablar, ya no había llanto en su voz, lo que creció fue la firmeza de algo que decidió.
—Solo prométeme que volveremos con ella.
Walter la observó un instante antes de asentir.
—Lo prometo.
Sin contenerse demasiado, se besaron.
El viento agitó las hojas una vez más. Ninguno de los dos sabía que, al otro lado del sendero, detrás de un tronco grueso, Scarlett estaba allí.
En silencio, escuchándolo todo. Pensativa. Sus ojos parecían perderse en el aire, buscando de qué sostenerse, preguntas, emociones o miedos.
Ideas incompletas. Algo le era seguro, muchas de las decisiones que tomaban sus padres no giraban alrededor de ellos.
Giraban alrededor de ella.
⇺
Walter y Lucy regresan a la casa, Lucy abre la puerta de la habitación de Scarlett y la encuentra sentada, con un cuaderno reposado en sus piernas y un lápiz en su mano izquierda, mirando a través de la ventana.
—¿Terminaste de escribir?
—Asi es.
Scarlett responde precisa, como si estuviera esperando la pregunta.
—Pros, ya no tendré esas fuertes emociones, no despertar llorando, gritando o deseando ver a esa persona que sentía era importante para mi, aunque nunca la conocí.
Lucy escuchaba en silencio, asimilando cada palabra, Scarlett giró su cabeza para dirigir la mirada a su madre.
—Contras: no veré más lugares que existen en el mundo y que sé que me gustaría ir alguna vez, no sabré más secretos de la historia que no están en los libros.
Se detuvo un instante.
Algo intentó formarse detrás de sus ojos.
Una imagen… un lugar abierto, vasto, demasiado luminoso para pertenecer a un recuerdo claro. Vegetación alta movida por un viento constante, como si el aire tuviera sonido propio.
Scarlett frunció apenas el ceño.
El pensamiento se rompió antes de volverse completo.
—… —exhaló por la nariz, como si intentara empujar la sensación fuera de su mente.
Se aclaró la garganta suavemente y continuó, volviendo al hilo de la conversación.
—¿Alguna vez… tus sueños simplemente desaparecieron?
La pregunta tomó a Lucy desprevenida, aunque intentó que no se notara.
—¿Por qué preguntas eso?
Scarlett se encogió apenas de hombros.
—No sé… —Scarlett bajó la mirada al cuaderno—. Pero nunca me habías pedido que escribiera sobre esto.
Lucy permaneció callada unos segundos.
Demasiados segundos…
Luego se acercó y acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Scarlett.
—Hay cosas que cambian cuando crecemos.
Scarlett frunció ligeramente el ceño.
—No quiero olvidarlos.
Eso golpea a Lucy emocionalmente, así que responde algo que funciona en dos niveles:
—Entonces no los olvides.
Pausa.
—Aunque dejen de venir.
Lucy se acomodó junto a Scarlett sobre la cama y la abrazó con suavidad. Durante unos minutos, ninguna dijo nada. Solo permanecieron allí, escuchando el murmullo lejano de la cascada mezclarse con el viento de la noche.
Con el tiempo, la respiración de Scarlett se volvió más lenta, más profunda. Lucy bajó la mirada hacia ella y sonrió apenas, creyéndola dormida.
Con cuidado, apartó un mechón de cabello de su rostro, se incorporó lentamente y salió de la habitación procurando no hacer ruido.
La puerta se cerró con suavidad.
Entonces Scarlett abrió los ojos.
Permaneció inmóvil unos segundos, con la mirada fija en el techo, como si todavía intentará sostener algo que comenzaba a alejarse de ella.
Su mirada recorrió lentamente la habitación, como si esperara descubrir algo distinto ahora que el sueño no había llegado. El escritorio, el arco junto a la pared y el vaso de agua quieto sobre la mesa.
Todo seguía igual.
Entonces… ¿por qué sentía que algo había desaparecido del mundo?
Su respiración tembló apenas.
“Si los sueños se detienen…”
La voz de Lucy regresó a su mente.
“…aparece la soledad.”
Scarlett cerró los ojos con fuerza. No quería pensar en esa conversación, en la forma en que su madre había hablado o en la tristeza que había intentado esconder. Ni en Walter diciendo que había emociones “frías” esperándola.
¿Era esto?
¿Esto era a lo que ellos se referían?
Abrió los ojos más rápido esta vez, como si quedarse sola dentro de su propia cabeza fuera peor que mirar la oscuridad.
Scarlett reflexiona que ella nunca había dormido realmente sola, siempre había alguien.
Un soldado agonizando en un campo desconocido. Una mujer riendo bajo una lluvia que ella nunca había visto. Niños corriendo por calles cuyos nombres no conocía. Personas que jamás tocaría… pero que, de alguna manera, habían crecido dentro de ella.
Y ahora… nada.
Scarlett tragó saliva. Intentó recordar el último sueño con claridad, aferrarse a algo antes de que desapareciera también, pero las imágenes comenzaban a sentirse lejanas, como tinta diluyéndose bajo el agua.
Eso fue lo que más miedo le dio. No el silencio o la oscuridad. Sino creer en la posibilidad de que podría empezar a olvidar.
Su pecho se tensó de golpe.
Porque si olvidaba los sueños…
¿qué partes de ella dejarían de existir con ellos?
¿Quién sería ella si no fuera por ellos?
Las lágrimas comenzaron a acumularse lentamente en sus ojos, pero Scarlett no lloró.
Solo se encogió sobre sí misma, abrazando sus piernas contra el pecho mientras observaba la oscuridad de su habitación como si fuera un lugar desconocido.
Y por primera vez…
Scarlett tuvo miedo de quedarse dormida.
—
Afuera, el viento recorrió la casa con una suavidad inusual.
Entre los árboles cercanos, una rama se inclinó hacia la ventana de su habitación.
No fue un movimiento brusco. Fue casi… consciente.
Como si algo en ella reconociera lo que había dentro de esa habitación.
Las hojas temblaron al acercarse al vidrio.
Por un instante, pareció que iban a cruzar el límite.
Pero no lo hicieron.
Una presión invisible —silenciosa, firme, imposible de nombrar— las detuvo.
No las golpeó. No las rechazó con violencia. Simplemente… no les permitió continuar.
La rama quedó suspendida unos segundos, como si dudara entre insistir o rendirse.
Luego retrocedió.
Y el árbol entero volvió a su quietud, como si nunca hubiera intentado alcanzarla.
Dentro de la habitación, Scarlett no lo vio.
Pero el mundo sí había intentado tocarla… y había sido rechazado.
OPINIONES Y COMENTARIOS