Ya me está faltando el aire; ya sabía yo que el efecto de fumar a lo largo de mi vida me iba

a perjudicar. Creo que ya estoy por alcanzar la calle Soler. No puedo ver los carteles; no los hay. La gota de sudor que cae por mi frente es pesada y áspera. Qué extraño, no hay nadie en la calle, ni siquiera en la calle principal por la que creo que voy; tampoco hay autos. Vaya uno a saber hace cuánto que estoy corriendo por el medio de la calle. El ruido de un disparo ha hecho que las pocas aves que había desaparezcan en un incesante vuelo hacia la nada. El disparo ha producido un poco de polvo cerca de mí; le ha pegado al asfalto. No puedo parar de correr; no van a sustituirme. No, no van a tener mi cara ni mis recuerdos. Ya doblé por Soler, pero algo ha pasado: todo está oscuro. ¿Cuándo se ha hecho de noche? ¿En qué momento frené? Al mirar atrás no hay nada, solo la calle San Martín desnuda de gente y de autos. Cada tanto un viento fuerte sacude mi campera. Qué silencio que hay; hacía mucho tiempo que no sentía una cosa así: la paz, la calma de un lugar acostumbrado a estar lleno de gente, pero que ahora se ve vacío de la misma. La breve paz es interrumpida por otro disparo. Ahora recuerdo por qué estoy corriendo hace rato, aunque esos recuerdos no son del todo confiables, ¿o sí?

El tic tac de un reloj interno marca mi hora; cada segundo parece más largo que el anterior. ¿Cuánto tiempo habrá pasado en realidad? Las manos… qué rara sensación. Los dedos parecen fusionarse, pero a la hora de verlos están como siempre. ¿Qué me habrán dado? Cada disparo se escucha un poco más cerca que el anterior; también cae un poco más cerca de mí.

¿Cuál será mi nombre? No me lo había cuestionado, aunque es entendible en mi situación. Estoy corriendo de algo o alguien que aparentemente quiere matarme, aunque la respuesta al porqué lo quieren hacer no la conozco. Cada tanto tengo recuerdos vanos de un lugar de paredes blancas y un techo que no se ve. Unos médicos que juegan con mi cerebro. Cada tanto, también, escucho mi nombre, pero como si fuese que el que lo grita está en otra habitación, pegado a la pared opuesta a la mía, haciendo que mi nombre se traduzca en unas extrañas vibraciones irreconocibles. ¿Cuál será mi nombre?

¡Qué imagen tan aberrante! He dado la cabeza mirando hacia atrás y me he visto a mí mismo disparando. Es raro esto, ya que no recuerdo mi rostro, pero en mi interior una voz grita con miedo atroz, como una campana sonando a las doce en punto. Él tiene mi cara y me está intentando matar.

Siempre pensé que era un mito ese programa que supuestamente habían organizado para sustraer gente, apoderándose de su cara. ¿Seré uno de los que agarraron? ¿Por qué están haciendo que corra por toda la ciudad? ¿¡Qué clase de morbo es este!? Ya la calle se está haciendo larga, como si no tuviera fin. No puedo mirar atrás; o sea, sí puedo, pero mi inconsciente me dice que no, que no aguanta ver esta corrupta forma de sí mismo. Debo huir hacia mi casa. Capaz ahí estaré seguro. Espera… ¿y si es eso justamente lo que quieren? No, no puedo ir hacia mi hogar. A lo lejos he visto un lugar con luces. Debo aclarar que hace rato que no veo casi nada. Parece que con unas gigantescas luces me están apuntando a mí y… ¿a mí? No, no puedo frenar ahora; tengo las piernas tiritando, cada paso es un coste mayor de energía. Hasta noto lo lento que he comenzado a ir. Parece que el lugar que dije que vi, más que acercarse, se está alejando, como si fuera una mala comedia.¿En dónde me he metido? Acabo de chocar con algo que creo que es una pared; ya las grandes luces no se posan en mí. Hace unos segundos que me… He visto pasar por delante de lo que creo que es un callejón. El silencio se me está haciendo gigante, como una campana gigantesca que marca al tiempo del compás algo terrible. Ya tengo las piernas dormidas, llenas de calambres y dolores. Sabía que fumar me iba a pasar factura. Pero, ¿a quién le importa esto a este punto? No sé si deba salir. Temo a que me esté esperando al salir, que me esté haciendo creer que me he librado, pero cuando salga me llenará de plomo la cabeza. Ay, qué suerte la mía.

Creo que mi teoría de que me está esperando es real. No he escuchado disparos ni a alguien corriendo, pero desde hace muy poco estoy escuchando a alguien jadear como un perro, uno hambriento.

No había notado hasta el momento qué traía en los bolsillos. Hay algo que parece un carnet, donde seguramente pone mi nombre; lástima que no hay luces. Y el encendedor que había no prende.

Lo vi, juro que vi cómo alguien pasaba enfrente de este callejón. Estoy seguro de que están jugando conmigo. Alguna diversión perversa, sádica y sombría. Creo que estoy por morir; ya lo he aceptado. Está asomando su… mi cabeza por el callejón. Me mira con cara tétrica, no mueve ni un músculo de la cara; parece no tener vida, como algo que intenta imitar al humano pero lo hace superficialmente y no de forma esencial. Qué mala comedia es esta. Y se ha mostrado de cuerpo completo, aunque solo veo bien su rostro. Está levantado el brazo que sostiene… creo que me van a suplantar…

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