No me buscás…
me invocás.
Como si mi nombre
solo sirviera cuando te pesa la piel
y no el alma.
Tus mensajes llegan tarde,
siempre tarde,
con ese tono disfrazado de deseo
que en realidad suena a costumbre.
Y yo…
yo llego temprano,
con las manos llenas de cariño
que nunca pediste.
Me sabés de memoria el cuerpo
pero no conocés
ni una sola de mis grietas.
Sabés cómo callarme con besos,
pero no cómo sostenerme
cuando me rompo en silencio.
Soy tu refugio momentáneo,
tu distracción de madrugada,
tu error repetido
con nombre bonito.
Y aún así me quedo…
porque a veces confundís
tus ganas con afecto
y yo, idiota,
las convierto en esperanza.
Pero no,
esto no es amor.
El amor no llega a escondidas,
no se va antes del amanecer,
no deja el corazón vacío
y la cama tibia.
Tu solo venís por mi cuerpo…
y yo sigo aquí,
esperando que un día
también vengás por mí.
OPINIONES Y COMENTARIOS