Paraps V
Brisehal abomina el Desierto
Por el desolado desierto Dasht-e-Lut. Después de bramar Brisehal; ser de despoblados sitios de la contemplación estaba emergiendo de su gran montaña del desierto vacío. Abundaban espectros deambulando solos como queriéndose asir de las últimas centellas de política que les quedaba por rendir de su propia soledad desencontrada. Brisehal era una eminencia con cabeza de can similar a Anubis pero millones de veces de tamaño más hacia lo alto y cáustica como la esperanza de unos feligreses por entrar al jardín-reino de Los Cielos. Antes de retemblar el día con el movimiento de sus estremecidas pisadas Brisehal estuvo dos años moviéndose día y noche, cuando se movía estrepitosamente menores serranías se hacían liquidas con el mayor efecto de sus fuerzas giratorias. Eran inmensos tronidos que incluso refregaban hasta las nubes esferoides enrojecidas por su levantamiento. Giraba de izquierda a derecha como queriendo exiliar el Desierto de Lut, como entubando su pro generación por los haces de cuerda óptica o fibra de alta densidad que el energizaba, y que podría cohabitar junto a Vernarth en su odisea del Horcondising (Paraíso de linaje de Vernarth hacia Gaugamela). Antes de principiar el canto del ultra grave trueno de Trompetas y de armaduras de valor sin quebranto. Se disipa todo protocolo para inaugurar en las graderías del Cielo Iraní bélico-educativo y drama estético, la análoga ciudad en el extremo norte en Irna; ubicado en las montañas de Talesh, a solo 50 km de Rasht se encuentra un pequeño paraíso rodeado de belleza: la ciudad de Masal. Es con la fuerza de su tracción que arrastra miles de ruegos y letanías en cadenas por el bajo suelo cerca de unas supuestas acacias donde héroes indemnes han fenecido abrazados a ellas como abasteciendo el frio manto nevado del Horcondising en Atacama-Chile, los que sueñan que los redimirá del oscurantismo al no saber renacer junto a troncos caídos y levantados, diseminados y derruidos por el musgaño depredador de antaño. Filas de pedúnculos genealógicos de la prolongación de la Mandrágora marcaran el navío el mar virgen no surcado, se enfilaran los que soplan por su oído gravoso antes de cercarlos con sus sonrisas a tragar napas de espino y Acacio temprano: (esencias que su nariz vomitaba siempre, para luego recuperarlas) Así aparecen sus ancestros acompañándolo a conservar sus andanzas y aventuras:“Amada y Amador, Arturo y Adelina, Bernardino y Baldomero, Cándida y Cesarina, Delfina y Dolores, Esperanza y Eulalia, Francisco y Felo, Gumercindo y Gilberto, Hilarión y Hugo, Isabel y Julio, Joaquina y Juan Bautista, Lastenia y Luidina, Lidia y Melania, Mariano y Miguel, Nicolasa y Natalia, Pascuala y Pastora y Rosa, Agapito y Ascanio, Getulio y Leocadio, Tancredo y Tranquilino, Zacarías y Zenón”. Todos sus ancestros se instalaban en el Castillo del Horcondising a observar su bocadillo de cereales que se llevaban gustosos a su boca, y movían los brazos y codos despejando los liosos bejucos y hiedras, más abajo del ramaje estaba Joshua de Piedra y Bernardolipo (abuelo y padre). Sonaban los cornos en simétricas genéticas filiales bajo un mismo vacío palurdo mausoleo. Brisehal bilocado y confundido al no congeniar con Vernarth decide caminar y acercarse a él. Su tamaña figura era millones de veces superior en proporción a su dedo meñique. Intenta caminar por lados confundidos, quebradas zonas geográficas y ondulantes pasillos del paso redentor del Cristo de Lisboa (le dice Vernarth), o ir derecho o por el centro ladeándose al izquierdo. Hasta que finalmente lo mira y logra retener su figura circundada por varios anillos dorados. Estaba de espalda y de cúbito ventral gestando amoríos aun sobre el rocío pastizal de la media mañana. Lograba verlo en su regresión parasicológica, para apoyar su hipnosis en los estados aun inexplorados de su Conciencia de niño infante por los Campos de Macedonia y en las noches por los campos de Sudpichi, a orillas del Horcondising alborotando un vaso repleto de Chupilca por no ser menos.
Brisehal estaba en el peor halito del súper destilado diciéndole: “Sáname aunque no lo esté. Sáname aunque mi cabeza no logre recibirte ni mi corazón pueda conciliarte, sáname aunque mis añoranzas puedan seguir junto a ti revolcándose por el mundo con todo mi cuerpo en medio de subversivas corrientes políticas y doctrinas neo-sociales, retumbando caer en todas las divisiones que nos separan, incluso los extramuros del más lejano confín de nuestras existencias separadas y por separar. Iré contigo hasta el final de este difuso viaje, tomaré tus pies cuando duden decidir seguir y moveré tu cabeza congelada de los cepos y ardides para atrapar quienes dejes con los vasos llenos, aun con el Chacolí que nos hace recorrer en círculos por parajes sin prenda ni carnada por el desierto donde nos espera el trigésimo Oasis final” después de dejarlo tendido con las raíces hiedras del Rio Bumodos, y por todos los puntos de su cuerpo abiertos para descontinuar con esta regresión, sale al encuentro del Vigésimo oasis.
Vigésimo Oasis próximo a Tel Gómel: En el sabido arte del cinturón afroasiático de las zonas pérsicas, hay desiertos que se extienden por cuencas hidrográficas nos transporta a su segunda regresión por el Rio Bumodos. Aquí con raíces de 60 señuelos serán derramadas por 60 centímetros de su suelo oasis. Aquí Vernarth seguirá encapsulado de sus raíces del atuendo de frondosidades de años por años entrando por sus venas. Se desencadena la diplomacia en Ecbatana cerca de una colisión enciclopédica, palpitando en los anaqueles y tergiversando las líneas de historia más que un párrafo inflamado por sus propias hojas azafrán de tradición escrita y papiro fornicado. También se ha mencionado en la Biblia por su nombre arameo Acmeta. Según Heródoto y La fuente oral bíblica. A más de 15.000 kilómetros en el Castillo del Horcondising; entra su señora madre Luccica tomando la blonda de su vestido para remontar el balcón septentrional diciendo: Luccica: A qué hora podré verte mi amado Vernarth, ahora que se ha segado tu vida antes de la cosecha. Guirnaldas negras progresan por orlas del vaivén y de las cortinas de la postergación….!! Luego, se levanta Luccica. Se dirige a observar las murallas adarve, para acercase al guardia y plantearle si él había dejado la ventana semi-abierta. El guardia se aleja de la aspillera y le responde: Guardia: “Mi señora, nuestro príncipe Vernarth de las Cruzadas partió a Tel Gómel. Y dudo que su ausencia haya estilado los goznes del portón descorazonado por el regocijo del sentir de su voz, proclamando vida donde nada haya vivido especie alguna ni muerte donde nadie quiera habitarla”
Bernardolipo, su consorte entra: no dudes tener bien ejercido los tirantes de las barbacanas entretejidas y rejas de yedra emponzoñada con vida de sierpes paganas. Pero que más ha de suceder si nuestro Vernarth forjó el Rastrillo con sus manos quemadas, y aun permanecen intacta para quien intente remontarla. ¡Ay duelo del Averno sin patronos que defiendan sus Aras! Guardia replica: Se ha concebido por los pasillos de las armas que vuestro hijo está en Tel Gómel en los pasmosos costados del rio Bumodos. Esta rodeado de multitud que lo quiere. Cabalga tendido en un corcel blanco, de llama blanca, de pezuñas de Fuego…, Alikanto fiebre mayor para la fiebre del sauco en media noche de los nigromantes que amilanan la Mandrágora.
Continúa la regresión hacia la comarca del Gaugamela oyendo con su coraza puesta al dormir en los relatos distantes de sus padres en el castillo Horcondising. Camina sobre las hojas secas y descoloridas sobre las dóciles varillas que colgaban sobre sus venas hidratándose con mágicos líquidos en su cuerpo adormecido en Bumodos y sus cómplices. Cada vez que caminaba en esta sonda entubada por cielos y parajes tan bellos tenía que aproximarse a inyectarse las varillas del joven sauco con vertientes brebajes del Bumodos, antes de comer y beber exquisitas comidas. Juntos a sus camaradas diocesanos con vino. Este bacanal episodio tiene que ver con una historia de amor, más bien mezcla amor, pasión, locura y muerte, o casi muerte. Cuenta la leyenda persa que de las semillas que un ave que dejó caer a los pies del rey Djemchid (Yemshid) nacieron plantas que dieron abundantes frutos cuyo jugo fermentado fue bebido por la favorita del rey. La mujer, se durmió profundamente bajo los efectos relajantes de la bebida y al despertar se sintió curada y sonrojada, y además feliz. Entonces el rey nombró al vino Darou é Shah (daru eshjá), «el remedio del Rey». Casi con la cerveza de segundo grado replico ante Shamash Sumerio con oscilaciones celestes para abordar a los filisteos de la mano para mantenerlos embriagados más que sano, y rutilantes y prendidas del cirio verde en su tabernáculo… mas allá de de la tabla Sumeria. Dice Vernarth: Sacad la tabla, sacadla. Quiero seguir tendido sobre el agreste suelo de plasma del Bumodos. Necesito que mi odalisca Valekiria traiga opio y sauco para desatar el secuestro de mi mismo, por no querer ser asistido ni por el mayor miedo que nunca he sentido. Esto produce eco en Horcondising a oídos de su madre que se encontraba en la almena justo a escasos minutos antes de enviarles sus águilas. Luccica dice:
¿Con cuál guarismo de mordaza derretida en bronce y cobre bruñido haré pulir tu fláccido pesar por no estar con nosotros. Hijo se que darás tu vida en Gaugamela. Sé que tu fuerza no es la mía ni la de tu padre. Que estará Etréstles tu hermano en la mayor mofletuda Nimbus nube del sacrosanto oráculo. Flautas pastoriles llevaran mi canasta hasta tu tienda cargada de queso de cabra, pan de gramínea con palo santo balsámico. “Que la Cobra del Nilo no anochezca a tu fiera Brisehal mal herida”.
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