LAS PALABRAS

Aún no se si es en mi tiempo libre o que se libera el tiempo cuando lo hago, no se si hay tiempo siquiera para cuando de ellas hablo. Benditas y sabias, solitas e inesperadas. Como niña con ellas juego almibarado de mis sentires, batiéndolas y mezclándolas en la disolución de mis pensares, que enlazan mi alma al mezclarse con pares. Me gusta jugar con ellas, elocuentes e indiferentes. Están ahí sin saberlo, sin miedo al oyente, arraigadas a la oración sin nudo forzado, con la posibilidad de  que venga un viento fuerte y las lleve. La confianza en su poder se acentúa con el tiempo cual creciente de un rascacielo, y en la cornisa del mismo podemos caer al hadal o flotar en el piélago, testigo del inmenso cielo.

HEBRAS DE REGRESO

Pese al camino recorrido y los horizontes nuevos, la distancia de lo que toco y lo que realmente rosa mis dedos, parece ensancharse paso continuo con el tiempo. Las palabras que antes eran un murmullo entre tanto ruido se vuelven feroces como el viento mismo, y ahí ando sin un andar certero, atada a un hilo fino a mis recuerdos. Camino entre las hebras de esos pensamientos, ya sin reconocer el rostro en el reflejo y trato de revivirlos siempre que puedo porque los actos del presente no llegan a ellos.

MAKTUB

Encontraba fascinante el rebozo de las hojas sobre los aires. Entre los revueltos de los días y mis ideas, ellas encontraban su cauce. Su danza me decía lo incierto de las cosas y me daban fé en los vorágines de mis veras. Ya no importaban si caían e inundaba, si soplaba o se desgranaban e incluso si deslumbraba, continuaban su camino como si nada y el tiempo no dictaba. Era incluso más que ese endeble variante, aquello que guiaba, su paso lento y etéreo que endulzaba mi mirada. Y me quedo con eso, con lo simple del lenguaje que escapa de tantas miradas. Porque son lindas las hojas que cubren nuestras calles, pero más lindo es aquello que causa su andaje.

LA VOZ DEL ABISMO

Era esa voz que respondió al llamado del sonido, a la garganta que vibraba y guiaba cada instante de ese abismo, tan sumiso y efímero. Adentrándose se fundió y bailando me abrazó. Y así, cómo cuando el mar es revuelto por las tormentas o la sopa por un cucharón, al cabo de un instante todo flotando salió, cada sentimiento, cada sensación, emanó de mi, caudales fuera sin camino alguno. Salió tanto hasta que el pecho ya no pesaba, hasta que los aires que respiraba se aliviaron y aflojaron. Y así como si nada, cuando ya no había más que hacer, la voz ya no estaba.

SONAR DEL CUENCO

Cuando el cuenco suena, el sonido hace olvidarme de todo, pensamientos, ideas, sentimientos, incluso del presente. Es tal su vibración que se funde con todo pensamiento y vacío en mi, se funde y lo funde, me inunda, me abraza y me bendice, porque por un momento me encuentro conmigo misma. No conocía tal poder del sonido, no sabía que existía. Me pregunto si pasará lo mismo con la voz de alguien, con el sonido de alguien, con su vibración. Porque a pesar de que mis ojos estén cerrados, mi cuerpo cansado, cuando el cuenco suena lo hace indiferente a todo y al mismo tiempo consciente de todo, de todas mis faltas, y tal es su abundancia que me abraza por completo calmando todo a su paso, conectándome con todo aquello que antes parecía distante.

JULES

El tiempo se apiada en memoria de Jules y permite pasar a la niebla que trae consigo remotos recuerdos de aquellas almas en alta mar, e incluso quizá, no tan alto y no tan mar. El silbido de las gaviotas resuena y me pregunta que tan recuerdo somos y que tan reales permanecemos en el vaivén de las olas. Y en algún pedacito de cielo donde antes tenía su oído también tengo su respuesta. Y así el mar está atento a los versos y la arena al zumbido de aquel secreto que guardo conmigo.

TRATAR DE TRATARES

Trato de convencerme de que no es para mi, trato de estar segura de que por algo no pasa, trato de pensar de que algo mejor vendrá. Pero entre tanto tratar se escabulle su sonrisa, su mirada, su andar sinuoso que calma todo al paso lento y en esa voz fortífera se ensambla algún que otro quizá. Y me tiembla, me tiembla cada muro, cada pilar, cada parte de mi parece desarmarse y aún así en puntas de pie no alcanzo a aclarar tantos tratares.

LATENCIA

Me encuentro constantemente en puntas de pie, tratando de llegar a aquel momento, a aquella sensación, de poder tenerte por fin entre mis brazos. Pero aunque mis talones me eleven mis puntas siempre tocan el suelo. Y que abrumador es este sentir de que el tiempo no pasa  ni alcanza, pero aún así me mantengo estirada porque vaya alguien a explicarle de probabilidades a los ojos que no fallan, a la piel que retumba por su presencia o al pecho que se ligera con tan sólo una mirada.

TRISTÁN

Renace cada séptimo día, así como si fuera el primero, así sin recuerdo. Renace y lleva consigo muchos hijos, con lenguas que cruzan de boca a oídos.  Entre las sombras de esos viejos plátanos la luz se abre camino y me desvío entre esas corrientes que me llevan a esos lugares de puestos efímeros. Al doblar allí, en la esquina de cosas doradas está el camino a antiguos libros. Vetusto y duras sus tapas, como nacientes y dóciles sus letras, variantes e inconscientes de su sempiterno mondo. Me reciben alejando en el silencio de tan bullicioso camino. Y me alejo, me alejo de todo en unos pasos sencillos.

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