El silencio va y viene
igual que la soledad
aunque a veces se pierden
Es todo muy sencillo:
uno nace, crece y de repente
se detiene
a recapacitar por sus orígenes,
sus desengaños, sus frustraciones,
evoca sus éxitos,
y siente
una necesidad irrefrenable
de entregarse al viento
pero el aire viene cargado
de monóxido,
las calles de gente
con gestos desconocidos
ajenos a lo que sucede
dentro de ti
cada uno emergiendo
con prisa, sin detenerse
ni reparar en la mirada
que esquivan de manera impertinente
y entonces uno vuelve
a su silencio y su soledad,
a la última resistencia
de ser uno más
en la vorágine
del va y viene.
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