La máquina de coser de mamá

Maria Alicia Alvarez

En un rincón de la casa, estaba la vieja máquina de coser, que mamá usaba, junto a una pila de piezas de tela, apiladas en una banqueta.

Esta fue una forma que mama encontró, para estar con nosotros, mi hermano y yo: Coser para un taller.

Había una magia en ese sonido, cuando me despertaba escuchándolo, acompañado de un aroma a café con leche y tostadas con manteca y mermelada. Sentía una seguridad interna, de que todo estaba funcionando, como si una gran fábrica fuera produciendo en toda la ciudad, miles de historias, en las que las familias se pusieran en marcha para Iniciar el día.

Muchas veces vi a mamá nerviosa y angustiada porque tenía que entregar una tarea y trabajaba hasta tarde ya que el día se había complicado, con alguno de nosotros enfermo.

Otras veces enojada porque no le pagaban a tiempo en el taller.

Mi tía, nos dejaba las prendas que ya no usaba, como las telas eran muy buenas, entonces mamá nos hacía ropa, tapados y vestidos para mí y camisas y pantalones para mi hermano.

Los días de la escuela primaria terminaron. Sucedería un cambio muy grande. Nos mudaríamos lejos, a un barrio llamado Castelar.

Papá estaba comprando un negocio con una casa y lo tendríamos cerca, mamá lo ayudaría.

La vieja máquina fue reemplazada por una más moderna, eficiente que hasta borda.

Hoy la conservo en casa, Aunque coser, no sea lo mío.

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