A aquel hombre que nace de la gracia y belleza de un ser creado por un dios. Se prepara para marcharse al encuentro con su honor y valentía en medio del campo de batalla.
Su amada espera con paciencia y se arrodilla ante un ser supremo para suplicar por su pronto regreso , no mas que sus rezos y noches en vela mirando a través del cristal el reflejo de su presencia.
Ya su enemigo, por entre los arboles y tomando lo por sorpresa haciendo quedar su honor como una vergüenza ante un pueblo que desea tomarlo entre sus brazos por semejante hazaña y heroísmo. Su cuerpo débil lucha por mantenerse en pie, solo su respiración entre la densa niebla es lo único que se escucha ni las aves cantan por el miedo que las acorrala . Una voz minúscula en su interior lo anima a seguir para conseguir tan anhelado triunfo de gloria.
Pasan los días en vigilia y las noches con su violento frió azotando a su alrededor . Sin importar el desvelo los pueblerinos salen a recibir a sus hombres de guerra a quienes acogen en sus casas para ungir sus cuerpos .Ese hombre que se marcho a pelear agradece a aquellos que lo ven de manera peculiar y continua su camino a casa. Su amada lo arrulla en su cálido cuerpo y sin esperar a que el sol los salude escucha la odisea de aquellos días sin comer y las noches sin dormir, no mas que sus sentimientos a flor de piel, su corazón se compagina con los suyos, una mirada tierna y palabras dulces alivian tal dolor ante el desgarre de un corazón que se engaño así mismo para cumplir unas ordenes y ganar el respeto y admiración de otros que solo lo recordaran por tan poco tiempo, por quienes creen que ganar una batalla solo necesita de armas y se les olvida que se necesita forjar un corazón de hierro que la debilidad y sentimientos profundos son su mas gran enemigo, son ellos que lo des concentraran de su camino y sera solo un hombre ordinario.
Como cofre se sella y guarda los recuerdos de su amado y se hace fuerte para continuar con su vida y sin dar paso al dolor y al miedo también ganan una batalla solamente suya, sin engañarse a si mismos y sin nada que perder cultivan su amor en las fértiles tierras de su comprensión.
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