Blaze! Capítulo 130

Capítulo 130 – La batalla de un millón de años.

Albert
apareció frente a la fría e infinitamente negra pared, hallándose
solo y sumergido en la solitaria oscuridad, sintiendo los mismos
efectos que hubiera sentido Blaze rato atrás, quedándose sin aire
después de unos segundos y con una dolorosa y potencialmente
explosiva presión que se incrementaba en su interior. Sintió el
poder de su señora detrás del palpable pero casi invisible muro,
utilizando un golpe cargado con gran cantidad de su poder para
abrirle un agujero lo suficientemente grande como para entrar por él,
el cual empezó a cerrarse casi de inmediato después de haber sido
abierto, metiéndose dentro de la fractura lo más rápido que pudo.

¡Blaze…!
–gritó Albert con todas sus fuerzas dentro del espacio globular y
fluido, creyendo ver a su amada señora a través de las amarillas
esferas que se deformaban ante su esforzado avance, reconociéndola
por su poder solamente, ya que su imagen se veía oscura y
distorsionada al pasar por los gigantes orbes.

Blaze
y Knohsees emergieron al otro lado del fluido muro, cayendo al suelo
de forma pesada, parándose la hechicera de inmediato al notar la
ausencia de su enemigo, mirando en todas direcciones, encontrándose
en un espacio que parecía extenderse de forma ilimitada, un lugar
ausente de colores y sombras, como si fuera una leve niebla con casi
imperceptible movimiento. Blaze se encontró sola, desesperándose al
no ver a Knohsees, mirando a todos lados, sin encontrar a su enemigo.

De
todas las atrocidades que has cometido… –murmuró Blaze, aún
evocando involuntariamente los inconexos recuerdos implantados en su
mente aparentemente por Bhasenomot al momento de desaparecer,
agarrando su cabeza y apretándola fuertemente con sus dedos y uñas,
como si pudiera extirparlos desgarrándose los sesos—. ¡Asesino,
maldito asesino, te mataré, no te lo perdonaré!

La
hechicera estaba parada sobre un piso plano e inexistente, pero
constantemente presente en los lugares donde apoyaba sus pies,
elevándose en vuelo para intentar ver la extensión total del lugar
y encontrar al asesino de H
änä,
notando que se encontraba directamente debajo de ella, donde había
estado recién apoyada, pero metros más abajo.

¡Pero
ese es el puto suelo…! –explotó la muchacha con enojo y
desconcierto, descendiendo hasta quedar nuevamente de pie sobre la
nada, notando que Knohsees volaba a toda velocidad en una dirección
que apuntaba cada segundo más abajo de su posición—. Este lugar
no tiene ningún sentido…

Blaze
se elevó nuevamente y se arrojó al “piso” a discreta velocidad,
esperando no estrellar su cráneo contra este, atravesándolo sin
resistencia alguna, como si nunca hubiera existido, aumentando su
velocidad al máximo para acortar la distancia que los separaba,
empezando a notar en la lejanía unos colores que empezaban a ganar
forma a medida que se acercaba.

¿Qué
es lo que pasa? –pensó Knohsees, intentado llegar a algo que sabía
estaba allí, que le llamaba, pero no podía alcanzar por más que
avanzara, notando la cercanía de Blaze detrás de él.

Albert
logró avanzar en el intersticio, hasta la delgada superficie que lo
separaba del exterior, presionando con todas sus fuerzas para
atravesarlo; sin embargo, estaba intentando entrar a un lugar al cual
aún no tenía permitido recorrer, siendo absorbido por una de las
gigantes esferas en el interior de la pared ámbar. Luchó
intensamente por minutos, pero su energía fue drenada por completo,
quedando atrapado de forma irremediable, gritando el nombre de la
hechicera como último y estéril esfuerzo.

Knohsees
se puso a la ofensiva, atacando a Blaze sin dejar de avanzar,
colocándose la hechicera en frente de él mientras volaban y se
atacaban mutuamente, pareciendo más cerca de ellos la única cosa
colorida presente en tan vacío espacio.

¿Un
árbol? –se preguntó Blaze, notando el verdor de un vegetal con
extraña silueta, recordándole la figura de una mujer con sus brazos
extendidos hacia el cielo, cuyas manos estaban adornadas por hojas
verdes y flores blanquecinas con toques violetas, siguiendo con sus
furiosos ataques contra Knohsees.

¿Espadas?
–se preguntó Knohsees, notando dos objetos alargados y brillantes
emergiendo de la dividida copa de un árbol que parecía estar
enterrado en el aire, dos armas que descansaban cruzadas una sobre la
otra, apoyadas sobre el tronco del árbol. La disposición de las
armas se sentía premeditada, como si fuera una invitación a
sacarlas cada uno por su lado, estando separadas lo suficiente como
para que no las pudiera sacar solo una persona por más que lo
intentara, algo que no detendría al mutable Knohsees—. ¡Las dos
serán mías!

Blaze
escuchó las palabras de Knohsees y recién reparó en la presencia
de las armas, apresurándose para poder sacar una de las espadas y no
quedar en desventaja contra su enemigo. Knohsees deformó su brazo
izquierdo, alargándolo para intentar agarrar ambas armas al mismo
tiempo y así dejar “indefensa” a Blaze.

¡Claro
que no, imbécil! –exclamó Blaze, estirándose lo más posible,
avanzando a máxima velocidad para igualar el agarre que Knohsees
intentaba ejecutar sobre las dos espadas.

Los
contrincantes llegaron al mismo tiempo al árbol, sacando una espada
cada uno a toda velocidad, lo que generó fricción entre sus
delgados y fríos filos, produciéndose brillantes e incandescentes
chispas que incendiaron el tronco del árbol, extendiéndose
rápidamente las llamas, llenándose el ambiente con el olor del
árbol en proceso de descontrolada incineración. La gran velocidad
con la que los contrincantes se habían arrojado a coger las espadas
no les permitió detenerse de inmediato, quedando nuevamente
separados.

¿Qué es este olor?, ¿Dónde lo he
olido? –pensó la muchacha mientras se llenaban sus pulmones con el
penetrante aroma, mirando en todas direcciones con asesina
determinación, ubicando nuevamente a Knohsees, moviéndose hacia su
dirección, aunque una inesperada
calma se gestó en su interior a pesar de su rabia contra el hombre
que tenía en frente.

Blaze
no perdió tiempo y se abalanzó a atacar a Knohsees con su recién
adquirida espada, aunque esta se sentía pesada, blandiéndola como
si se tratara de un engorroso garrote. El sonido de las espadas al
chocar por primera vez retumbó en todo el lugar, persistiendo como
una constante vibración en el aire, haciendo emerger los recuerdos
ajenos en las mentes de los contrincantes, como cegadores destellos
que no les permitían atacar fluidamente.

¡Tomaaa…!
–exclamó Blaze al balancear con esfuerzo su espada para detener un
corte descendente de Knohsees, logrando mover el arma lo suficiente
para deslizarla y cortar levemente el antebrazo de su enemigo a
través de la armadura, cambiando el color de la zona dañada,
volviéndose blanco—. ¿Qué?

Knohsees
se detuvo y alejó parcialmente de Blaze, observando el cambio de
coloración en la indolora herida, emergiendo en el fondo de su mente
un recuerdo que sabía no le pertenecía y que parecía cargar con
todo el dolor del corte recibido, una memoria tan clara como si la
hubiera vivido segundos atrás.

Knohsees
reparó su armadura con rapidez, pero el color de la zona dañada no
cambio en absoluto, siendo hasta ahora el único ataque que le causó
daño real de todos los anteriormente recibidos. Además, estaba
hastiado por el fragante olor del árbol que continuaba quemándose,
mirándolo con odio de reojo.

¡Hm..!
–rezongó Knohsees a través de su inexpresivo yelmo, descontento
con el resultado de su regeneración.

Reanudaron
de inmediato la pelea, mezclando el hombre ataques físicos con el
arma y algunos de sus hechizos, logrando engañar a la muchacha,
cortando levemente la pantorrilla derecha de esta, la que también se
puso blanca, brotando sangre de la misma coloración del corte.

Maldito…
–pensó Blaze, emergiendo en su mente un recuerdo que tampoco le
pertenecía, sintiendo un doloroso asco al impregnarse con las
vívidas imágenes que se resistían a abandonar su mente,
procediendo a atacar a Knohsees con furia—. ¡Eres una mierda!

Blaze
usó el Regeneration de inmediato para detener el sangrado, aunque la
zona atacada permaneció con el mismo color que el ataque le dio. Los
contrincantes siguieron intentando cortarse con las espadas,
convencidos de que ese color blanco que se producía en las heridas
debía significar algo, retumbando el ambiente con los choques de las
afiladas y pesadas armas, destellando los miles de recuerdos en sus
mentes con inalcanzable velocidad, sufriendo cada uno de ellos de
forma distinta después de recibir una nueva incisión.

Después
de unos cientos de choques de espadas y algunos nuevos cortes, los
contrincantes tuvieron que detenerse, sobrepasados mentalmente por
los intrusivos recuerdos que invadían sus mentes contra su voluntad,
con sus oídos percibiendo solamente una constante y oscilante
vibración que no les permitía escuchar nada más, tapándoselos
para intentar aminorar la penetrante frecuencia, aunque sin éxito.
Todo
ese ruido estaba en sus mentes.

Los
contrincantes se separaron, sosteniéndose apenas con sus
acalambrados miembros, aunque no se perdieron de vista, esperando
calmarse para poder continuar con su batalla, pero los recuerdos a
los que estaban siendo enfrentados eran demasiado fuertes como para
ignorarlos. Knohsees seguía sin tolerar el olor del árbol que se
estaba quemando, no ayudándolo en su situación actual, intentando
apagar el incendio con un fortísimo ataque de viento, solo logrando
que algunas llamas se desprendieran de la ardiente planta, las que
quemaron la nada como si fuera algo combustible, subiendo levemente
la temperatura cercana a ellos.

¡Je!
–musitó Blaze ante el fallo de Knohsees, sin dejar de taparse los
oídos, con un dolor de cabeza que acababa de iniciar, atacada por
crueles imágenes que no deseaba ver, pero estaba obligada a
enfrentar.

Estúpida…
–pensó Knohsees, frunciendo el ceño detrás de su yelmo, mirando
fijamente a Blaze, con un punzante recuerdo que le hacía sentir
lástima y vergüenza ajena por lo falsa que encontraba la situación
que se le presentaba en su cabeza.

Una
vez se sintió mejor, Knohsees se abalanzó sobre Blaze, no
importándole su estado presente, atacando con inusitada violencia,
sorprendiéndose la muchacha por el arrebato del asesino de Hänä.

¿Estás
ansioso por terminar con esto, verdad? –preguntó Blaze, esta vez a
la defensiva, provocando a Knohsees a pesar de estar siendo
presionada por los múltiples ataques, no recibiendo respuesta
alguna, aunque no la esperaba ni la deseaba.

Los
choques de las espadas liberaron más recuerdos en las mentes de los
rivales, aunque se vio que estos afectaron más a Knohsees, quien
bajó la frecuencia de sus ataques, no así su intensidad.

¿Qué
sabes tú, falsa? –espetó Knohsees, cabreado y aparentemente
dispuesto a hablar—. ¡Te encanta ser el centro de atención,
imponer tu voluntad, solo te importan los demás si puedes obtener
algo de ellos!

Lo
dice quien no tiene empacho en matar y comerse a medio mundo para
fortalecerse, ¡Tú si que ves a la gente como cosas que puedes
utilizar! –respondió Blaze sin demora, recordando a Hänä caer
frente a ella, con media cabeza devorada, sin que pudiera protegerla
del voraz e inesperado ataque de Knohsees.

¡No
sabes nada de este mundo ni de mí! –exclamó Knohsees, dejando
caer nuevamente su espada sobre la muchacha, siendo bloqueado de
forma efectiva por esta.

¡Y
sin embargo, lo viví! –exclamó Blaze, emergiendo lágrimas de sus
ojos, atacando con furia a Knohsees, procediendo a acribillarlo con
espadazos, retomando la ofensiva, la que también fue exitosamente
bloqueada por el hombre bajo la armadura negra con manchones blancos.

Los
adversarios continuaron con su interminable batalla, debiendo
detenerse cada cierto tiempo al verse sobrepasados mentalmente,
alejándose para encontrar la calma que el enfrentamiento les robaba.
Muy a su pesar, Knohsees sabía que el olor del incandescente árbol
le ayudaba a recobrar sus estribos, pero tenía su mente revuelta,
casi perdiendo el sentido de dirección, comenzando a flotar
lentamente sobre la nada, agarrándose con ambas manos a su espada.

Por
su parte, Blaze estaba sentada sobre sus pantorrillas en el piso,
respirando profundamente para llenarse del calmante aroma, notando la
razón del dolor en sus manos, ya que la empuñadura del arma era
irregular, curvada en una parte y con una especie de calado en uno de
sus lados, como si le faltara una parte. La hoja solo tenía filo por
uno de sus lados, mientras que la parte contraria era plana y recta.

Qué
mal construida está esta cosa… –reclamó Blaze al terminar de
revisar su arma, viendo como Knohsees giraba lentamente en el aire,
sintiéndose ambos tan mal como para no estar ya atacándose—. ¡De
seguro ni has reparado en la empuñadura!

¿Qué?
–se preguntó Knohsees, revisando de inmediato su arma de forma
acelerada, notando la extraña forma de la empuñadura, habiendo
pensado que solo era incómoda por su excesivo peso, a pesar de tener
un tamaño normal, volviendo a mirar a Blaze pensando que lo que le
había dicho era un truco para intentar atacarlo de forma
inadvertida.

Ambos
se encontraban mentalmente alterados, abatidos, experimentando vidas
ajenas en primera persona, sin la capacidad de alterar algo u
oponerse, yendo directamente contra sus formas de ser, de pensar, de
valorizar, lo que les provocaba un odio mutuo que solo los llevaba a
querer matarse apenas pudieran. Esta vez se recuperaron al mismo
tiempo y se lanzaron como perros rabiosos, atacándose con furia y
una sola cosa en mente, cortar al otro para blanquearlo
completamente.

El
fuego continuó expandiéndose sobre la nada, ardiendo como si fuera
una pira infinita, como la brillante y caliente superficie del Sol
que años atrás hubiera visto Blaze de forma directa, elevándose
todavía más la temperatura del ilimitado lugar, notando Blaze que
esto afectaba a Knohsees.

¿Ya
deseas sacarte tu armadura? –preguntó de modo burlón la
hechicera, intentando desestabilizar mentalmente aún más a
Knohsees—. Dado que fue tu culpa que las llamas se hayan extendido,
a mí no me molestan para nada, pero parece que a ti sí.

Knohsees
intentó alejarse del calor y del apestoso aroma, volando lejos del
lugar, pero fue alcanzado por la muchacha que no iba a desperdiciar
su oportunidad de atacarlo cuando veía lo afectado que estaba.

No
te dejaré escapar… –declaró Blaze, interponiéndose en el
camino de Knohsees, aprovechando la vulnerabilidad del hombre,
atacándolo para acercarlo a las llamas, pudiendo solamente
defenderse de las arremetidas de la hechicera.

Las
espadas en conflicto hacían ondear de forma particular las flamas,
produciéndose un bamboleo en estas, como si bailaran y animaran la
lucha al mismo tiempo. Los recuerdos se intensificaron y
profundizaron, agarrándose de las mentes de los contrincantes como
vivencias propias, las que se cristalizaban luego de recibir nuevos y
blanquecinos cortes, no pudiendo tolerar mucho rato más el
enfrentamiento.

No…
puedo… –dijo Blaze, sintiendo una repugnancia inmensa por ella
misma, la que se expresó como dolor físico, emergiendo sarpullidos
que le producían escozor
en la piel, rascándose hasta abrirse negras heridas, arrastrándose
por el piso para alejarse de las llamas—. ¿Cómo se puede vivir
después de haber hecho esto?

Sólo
quería que todos estuviéramos bien, ya no soportaba esa pesada
máscara –murmuró con un hilo de voz Knohsees, sintiendo una fría
soledad en su pecho, como si su cuerpo entero hubiese sido vaciado,
acurrucándose en el piso, incapaz de moverse del lugar que tanto
daño le estaba causando.

Las
llamas avanzaron hasta envolver a los inmovilizados rivales, sin
quemarlos realmente, pero si haciendo que sus albinas manchas
emitieran luz propia, acrecentando el malestar físico y mental que
sufrían, lo que les hizo levantarse sacando fuerzas de flaqueza para
huir despavoridos del catalizador fuego.

Corrieron
como pudieron, alejándose hasta poder encontrar un punto donde el
calor y las llamas no los amenazaran, pero este parecía
perseguirlos, extendiéndose por toda la infinidad. Ya no querían
seguir sufriendo, eran demasiadas vivencias, huyeron sin tomar el
tiempo en consideración, lo que les tomara era lo de menos,
anulándose su percepción temporal. Blaze logró encontrar un lugar
donde la temperatura era lo suficientemente tibia como para
detenerse, mirando hacia atrás, no notando para nada el gran
incendio. Por su parte, Knohsees también encontró su oasis en medio
de la nada, arrojándose al piso, sucumbiendo ante su pesada carga
mental.

¡¿Por
qué?! –exclamó Blaze, derrumbándose también, llorando de forma
desconsolada, acurrucándose con fuerza, intentando aplacar su
adolorido corazón—. ¿Por qué tuviste que hacer todo esto?, ¿por
qué no te detuve?, ¿por qué fuimos así?

Sé
que estoy en lo correcto, sé que lo que hice era lo que se tenía
que hacer… pero, ¿por qué quiero huir sin mirar mi propia obra?,
¿qué temo ver de mí al enfrentarme a mis propios actos? –se
preguntó Knohsees, desesperado por terminar con su dolor, pensando
en que si aceleraba el proceso de blanqueamiento de su cuerpo podría
salir de tal angustioso tormento, cortándose con su propia espada,
lo que solo hizo que se hundiera más en todos los pensamientos que
se arremolinaban en su mente, sin ganar nuevas marcas blancas—.
¡Maldición!

Blaze
se tapó con una liviana y suave sábana, hundiendo el rostro en el
suave colchón que la sostenía, esperando que este pudiera absorber
todas sus lágrimas, las que parecían no acabarse nunca, como si
fueran una cascada eterna de fluida tristeza. Knohsees entró en una
oscura y profunda cueva, disponiendo diversas trampas en sus paredes,
utilizando todos sus recovecos para asegurarse de que Blaze no
pudiera acercarse a él sin que lo advirtiera, echándose al final
del túnel a intentar descansar, atormentado por las imágenes que se
anteponían a su sentido de la vista, abrazándose a su espada,
temblando de impotencia.

La
hechicera invocaba el nombre de su amiga con vehemencia, intentando
deshacerse de los intrusivos pensamientos que la atacaban, pero solo
logró sentirse más mal por su inoperancia ante Knohsees. Logró
calmar de a poco su llanto, pasando a revisar con desapego las
dolorosas y vívidas experiencias que su desgarrada mente visionaba,
intentando darle algún sentido a la tormenta de recuerdos. Había
pasado tiempo encarcelada en lugares sin luz, aprendiendo a
determinar los días pasados sin necesidad de ver los amaneceres y
atardeceres, comenzando a contar el tiempo que le tomaba calmarse y
sacar alguna conclusión. Los días pasaron con facilidad, los meses
se acumularon sin avances, los años no vislumbraban cura para su
dolor. Por más que repasaba las imágenes, menos sentido le hacía
todo, solo quería alejarse de ellas, olvidarlas, pero no podía
correr de sí misma. Perdió la cuenta del tiempo que había pasado,
¿realmente importaba ahora?

Knohsees
llevaba mucho tiempo sin vestir su armadura, intentando sentir algo
de calor en su recóndito escondite, aunque no se sacó el yelmo,
temiendo ser observado por Blaze y que esta sintiera lástima por su
penosa expresión. Ella era burlona, deslenguada, no tendría reparo
en destrozarlo en su peor momento. Desconsiderada, altanera, falsa,
incapaz de ponerse en los zapatos de otros, ¿por qué actuaría
consideradamente con alguien que había hecho lo que él hizo para
poder llegar a ese punto en el que se encontraban ambos ahora? Él
sabía la verdad y solo esperaba que ella la aceptara.

Blaze
dejó de analizar lógicamente los hechos, aceptándolos tal cual
venían, sin intentar cambiar lo que ya había pasado, sabiendo que
la determinación detrás de todo lo ocurrido debía tener una causa,
no parecía maldad fortuita. Repentinamente, los recuerdos se
ordenaron en una secuencia reversa, llevándola lejos, al inicio de
todo, hasta un punto donde no pudo seguir avanzando, un punto lleno
de cegadora luz.

Ahora
hemos llegado a un leve consenso –dijo Knohsees, vistiéndose con
su armadura nuevamente, saliendo de la cueva en la que se refugió
por tanto tiempo, la que desapareció de inmediato al avanzar unos
pocos pasos.

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