Capítulo 127 – Confirmación.
Ambos
bandos se replegaron, dejando el espacio libre para los poderosos
“reyes”, volviendo al océano la gran mayoría de los seres
marinos, también volviéndose pequeños los monstruos que unidos
pelearon contra los maestros del reino de Baal.
¡Vayan
al castillo, atiendan sus heridas y descansen en caso de tener que
volver a batallar! –exclamó Hänä, dirigiendo a las tropas
sobrevivientes al interior de la parcialmente destruida construcción
de piedra.
Sí,
muy buen trabajo, se ganaron su descanso… –dijo Blaze sin muchas
ganas, viendo como los reyes se acercaban paso a paso, aunque Yamm
solo debió avanzar dos para casi llegar a pisar a Baal, debido a su
gran envergadura.
Por
su parte, Starmancer estaba siendo asistido por Claire para ayudar a
Camellie a parir sus dos
hijos,
eso según las palabras de su amada, sintiendo que esta situación
era mucho más difícil y
estresante que
enfrentar a su amigo poseído.
¡No
me grites! –exclamó con extrema ansiedad Starmancer, no sabiendo
que hacer—. ¡No te puedo ayudar a pujar!
¡Lo
sé, pero ya que te gustó divertirte acá, al menos no me añadas
más preocupaciones para poder calmarme! –replicó Camellie, sin
soltar el ya amoratado brazo de su histérico
amado,
sufriendo un dolor que solo iba en aumento.
Calmarte…
Calmante… –susurró Starmancer, levantándose del piso,
soltándose del agarre de su mujer, corriendo lejos del lugar.
¡Espera,
Astar! –gritó Camellie, quedando con su mano estirada, viendo como
el mago albino se alejaba—. ¿Dónde vas?
¡Espérame,
volveré con algo que te ayudará! –respondió Starmancer,
desapareciendo de escena, quedando Camellie
con
la
derretida Claire
cuidándola y con su amigo Ed recostado a su lado, sin asomo alguno
de
consciencia desde que fue liberado de
la posesión del
demonio que lo controlaba.
Astar…
–murmuró Camellie, bajando su mano, sintiendo una fuerte puntada
en su vientre, siguiendo con las incontrolables contracciones.
Blaze
y Hänä fueron a ver como estaban los maestros del rey fusionados,
pero a pesar de estar inconscientes, su cuerpo hecho de solo energía
no les permitía tocarlos como si se tratara de una
persona
normal.
Creo
que tendremos que dejarlos tirados acá no más –dijo Blaze, con su
mano derecha entumecida después de intentar tocar a los magos,
habiendo recibido una descarga energética que la hizo retirar la
extremidad de inmediato.
No
me arriesgaré a tocarlos –dijo Hänä con una sonrisa picarona en
el rostro, siendo víctima de juguetones ataques propinados por su
amiga, los cuales pudo evitar sin casi esforzarse.
Ya, basta, descansemos
también, mal que mal tenemos que ayudar a Baal en caso de cualquier
cosa –dijo Blaze, girándose para ver a las poderosas entidades que
estaban a punto de colisionar.
Baal y Yamm no perdieron su
tiempo ni mediaron palabras, comenzando a lanzarse ataques de
distintos tipos, produciendo destellos multicolores en el cielo que
explotaban al contacto, sismos que sacudían la tierra como si las
edificaciones que descansaban sobre ella estuvieran hechas de paja,
vientos congelantes que desgarraban y mandaban a volar las rocas
puestas frente a la orilla del mar como si fueran semillas de dientes
de león sopladas con fuerza, agitándose al mismo tiempo todo el
mar, como si fuera agua dentro de una temblorosa jarra que derramaba
líquido en todas direcciones.
¡¿Pero qué mierda están
haciendo?! –se preguntó a viva voz Blaze después de arrojarse al
piso, no habiendo sentido antes en su vida movimientos telúricos de
tal intensidad, denotándose la falta de fuerza que tenía en ese
momento después de haber estado tanto tiempo luchando—. ¡Esto
parece el fin del mundo!
¡¡¡No te desconcentres!!!
–gritó con todas sus fuerzas Hänä para hacerse escuchar entre
todas las escandalosas explosiones y crujidos de la tierra—. ¡¡¡En
cualquier momento nos puede caer uno de sus anárquicos ataques!!!
La gente en el castillo
gritaba con desesperación, pareciendo que la construcción de piedra
les fuera a caer encima en cualquier momento, cayendo polvo de piedra
de las zonas más altas, ahogando levemente a los ocupantes
refugiados en su interior. Starmancer avanzaba como podía entre las
sacudidas verticales de la tierra, logrando llegar a la destruida
habitación donde pernoctaba junto a Camellie.
Ahora a abrirse paso… –pensó
el mago, viendo como las rocas destruidas caídas rato atrás ahora
estaban distribuidas de otra forma, interrumpiendo su avanzar al
interior de la habitación.
Blaze y Hänä lograron
cargar a los inconscientes magos del reino de Baal sobre un trozo de
techumbre destruida, cargándolo lejos de la intensa batalla,
dejándolos frente a la entrada del castillo, quedándose allí mismo
ellas, dudando en como proceder dada la potencia demostrada por los
contrincantes.
Al menos se detuvieron los
terremotos. ¿Servirá de algo atacar a Yamm para abrirle espacios a
Baal? –preguntó Blaze sin mucho convencimiento, apuntando al lugar
de la espectacular gresca.
Si puedes lanzar múltiples
ataques de la misma intensidad a los vistos y sin agotar toda tu
energía vital con un solo lanzamiento… –respondió Hänä sin
siquiera evaluar realmente la situación, conociendo que no podrían
seguir ese ritmo sin morir después de lanzar un solo ataque.
Algo así pensaba –respondió
Blaze con desgano, viendo como seguían volando los ataques luminosos
y explosivos, el silbante y cortante viento y los truenos y
relámpagos en el oscuro cielo, pareciendo que no bajaban para nada
en su intensidad, sino todo lo contrario—. ¿Es que acaso no se
cansan?
La intensidad y frecuencia
de los ataques iba en aumento, desviándose uno cerca del castillo,
casi impactándolo, pero siendo atajado por una Explosive Ball de
Blaze que lanzó con acuciosa precisión, explotando ambos ataques al
impactarse. La maga de fuego miró a su amiga con expresión de miedo
e incredulidad ante la apresurada hazaña.
¡Hay que intervenir de
inmediato o nos van a matar a todos! –gritó Blaze a Hänä después
de salvar por los pelos a la gente del castillo, bajando nuevamente
su energía mágica por el audaz ataque.
Hänä se quedó mirando
disociada a Blaze, no pudiendo haber reaccionado de manera tan rápida
como su amiga, procesando sus palabras y explorando opciones de como
ayudar con la batalla, buscando en sus pensamientos una respuesta a
como involucrarse en la apocalíptica batalla sin morir en el
intento, respingando al encontrar una pequeña luz al final del
túnel.
Creo que tengo algo… –dijo
Hänä, llamando a su Ondina mensajera, ordenándole algo en su
idioma para que fuera hacia el rey Baal, esperando su respuesta,
volviendo después de unos segundos, murmurando—. Eso era lo que
pensaba.
Hänä envió de nuevo a su
Ondina a hablar con el rey Baal con nuevas instrucciones y sin
esperar respuesta, confiando en que el rey haría lo que le pedía,
corriendo al interior del castillo, dejando atrás a Blaze sin
decirle nada.
¡No hay tiempo, cuando vuelva
te explico! –gritó Hänä a Blaze, intuyendo que su amiga le iba a
preguntar lo que planeaba al verla irse sin mirar atrás—. ¡No te
muevas de allí!
En… tiendo –dijo Blaze,
quedándose sola en el frontis del castillo, suponiendo que le tocaba
seguir cuidando la construcción de los caóticos ataques de Yamm.
Hänä corrió por el
interior del castillo, esperando encontrar a quién sería la base de
su plan y que los ataques que la construcción había recibido no
hubieran fulminado su existencia.
Sé que puedo salvarlos a
todos… –pensó Hänä mientras corría revisando todas las
habitaciones del castillo, confundida por el cansancio y la
desesperación, encontrándose con los súbditos que atendían al rey
escondidos en sus aposentos, temblando por el miedo, algunos
abrazándose entre ellos—. ¡Inclusive a ti!
Blaze estaba atenta a los
ataques que pudieran aproximarse al castillo, viendo como otros caían
en las cercanías del reino, explotando y levantando polvaredas, no
notando que de repente estaba Hänä nuevamente a su lado, sudorosa y
jadeante, cargando a duras penas en sus brazos a una pequeña
doncella que trabajaba en el castillo, pasándosela a su amiga para
poder apoyar sus manos en sus rodillas, arqueándose para respirar de
forma profunda y poder recuperar el aliento. La niña lloraba en
silencio, acurrucada ahora entre los brazos de la hechicera de fuego.
Sé que lo que te voy a pedir
suena a una locura, pero entiéndeme, esto tiene grandes chances de
al menos inclinar la balanza en nuestro favor, tienes que seguir mis
instrucciones tal cual te las entrego –dijo Hänä a Blaze,
enderezando su espalda, mirando con seriedad a los ojos de su alta
amiga.
Hänä explicó su plan a
Blaze mientras la niña seguía llorando en silencio y escuchando
todo, incapaz de decidir por su propia cuenta y siendo utilizada como
un activo de guerra, acurrucándose todavía más entre los brazos de
la maga, esperando que todo terminara pronto. La hechicera del vital
fluido llamó a su Ondina mensajera y le envió un nuevo mensaje al
rey Baal, indicándole que comenzaría con su plan, para que él
hiciera su parte, lo que se vio confirmado segundos después cuando
la doncella cargada por Blaze comenzó a verse transparente a ratos.
Esa es nuestra confirmación
–dijo Hänä—. Comencemos con nuestra parte.
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