Capítulo 124 – Mal presentimiento.
Los titánicos contrincantes se enfrentaban cuerpo a cuerpo,
forcejeando e intentando empujar al piso uno al otro para poder ganar
una posición ventajosa, destruyendo rocas del piso y convirtiéndolas
en polvo debido al enorme peso de sus cuerpos. Las bocas de los
tiburones en la superficie de la piel chillaron de forma aterradora,
pareciendo que el cuerpo de la sumatoria de las criaturas marítimas
se derretía, convirtiéndose en una masa amorfa y oscura que se
arrojó sobre la unión de los magos, envolviéndolos completamente.
En el interior de la asfixiante y densa oscuridad que encerraba a los
magos unificados las centelleantes bocas brillaron, atacando con
relucientes rayos de energía, inflándose redondas y enormes
burbujas de piel de los animales marinos como si fueran a explotar,
solo para abrirse y elevarse por el cielo como un enorme y maldito
manto oscuro adornado con brillantes gemas multicolor de formas
oculares, cayendo al piso como una espesa mancha de brea, para luego
reincorporarse y regresar a su forma inicial.
El cuerpo inerte y sin expresión de los magos yacía frente a su
contrincante, desprendiendo humo como si se hubiera quemado, aunque
no se veían daños aparentes, levantándose lentamente, resintiendo
los ataques lumínicos recibidos. Blaze y Hänä se miraron de
inmediato.
Su tamaño disminuyó –dijo Blaze a Hänä, quién asintió para
confirmar las palabras de su amiga.
Al igual que su poder –complementó Hänä, notando como Starmancer
no parecía prestar mucha atención a la batalla frente a él —.
¡Hey! ¿Qué te sucede?
Starmancer se veía ansioso, como si estuviera apunto de salir
huyendo del lugar, con las tripas acongojadas y apretadas, el corazón
latiendo dentro de su entumecido pecho y la cabeza en otro lado.
Escuchó las palabras de Hänä, pero se demoró en responder.
Tengo un mal presentimiento –dijo escuetamente Starmancer, mirando
en todas direcciones, atacando a algunos enemigos menores desde la
distancia, no dejándolos que se acercaran al castillo.
Al menos no parece haberse acobardado –pensó Hänä, imitando el
actuar del mago de largo cabello, mientras las enormes moles se
detenían unos momentos para calcular sus próximos ataques,
moviéndose sus cuerpos como si jadearan con vehemencia, visiblemente
cansados.
Los magos fusionados atacaron a distancia, haciendo que un viento
helado y húmedo soplara sobre la oscura y gelatinosa criatura, como
si intentaran guardar distancia con esta, haciéndola retroceder con
el flujo de aire, encontrando resistencia en su enorme contrincante,
algo que los magos estaban esperando, manteniendo su actuar por un
largo rato, lo que logró congelar la superficie de las
bestias reunidas, procediendo a invocar desde las profundidades de la
tierra a múltiples y afiladas columnas de roca, que hirieron a los
entes marítimos al impactar las endurecidas zonas que el polar
vendaval congeló.
La criatura chilló de dolor, agarrando con violencia varias de
las columnas que se enterraron en su cuerpo con sus poderosos
tentáculos, arrancándolas del piso para luego lanzarlas
velozmente a su enemigo, tratando de infligirle el
mismo daño recibido, pero los magos pudieron esquivar con gracia la
gran mayoría de los proyectiles, partiendo por la mitad el último y
único que no pudieron evitar, estrellándose uno de los trozos
directamente en el castillo, lo que destruyó toda una sección de la
construcción, levantándose una gran polvareda tras el fortísimo
impacto.
¡Ca… Cami! –gritó de inmediato Starmancer, viendo completamente
destruida la zona donde debía encontrarse su mujer en ese momento,
abandonando su posición y saliendo disparado en dirección al
castillo, sin mirar atrás ni prestar atención a sus dos amigas.
¡Star…! –gritó Blaze, siendo ignorada por su concentrado amigo,
siguiendo con la defensa del castillo contra los innumerables
enemigos que acechaban con infiltrarse para acabar con los pobladores
del reino refugiados dentro de la fortificada construcción.
Starmancer entró corriendo al castillo, avanzando con grandes
zancadas por los vacíos pasillos de la construcción, pasando
rápidamente al lado de habitaciones repletas de personas que no le
importaban en ese momento. Solo pensaba en Camellie y en su
hijo que esperaba por nacer. Llegó a la columna destruida por
el impacto de la larga, afilada y pesada roca con que los magos
atravesaron a las criaturas marinas. El paso estaba completamente
obstruido por las rocas que antes formaban parte de la estructura del
castillo, comenzando a sacar con cuidado las piedras que se agolpaban
frente a él, sin notar que estaba siendo observado desde la
oscuridad a la que le estaba dando la espalda.
Espero que no le haya pasado nada a Cami… –murmuró Blaze al ver
el colapso de la columna destruida del castillo—. ¡Ahora estamos a
cargo de todo el castillo, Hänä!
¡Cómo si no lo hubiera notado! –exclamó la hechicera del vital
fluido, cercenando a sus enemigos con su espada de hielo oscuro.
La pelea de los gigantes seres amalgamados continuaba. Los oscuros
tentáculos avanzaron a ras de piso hasta que
lograron agarrar la pantorrilla izquierda
de los magos reunidos, arrastrándolos, sacudiéndolos
y golpeándolos contra las mismas piedras que el maestro Bröck
había erigido antes de la batalla, fracturando varias de estas con
el impacto, soltándolos para que cayeran pesadamente, pero los magos
cambiaron su forma humanoide en pleno aire y se
transformaron en un relámpago multicolor que cayó sobre sus
enemigos como si una tormenta eléctrica azotara el lugar,
atravesando el cuerpo de la criatura, aunque sin causar un daño en
extremo fatal. Los magos volvieron a su apariencia normal después
del impacto, devolviéndoles el favor al sujetar a las
criaturas marinas e impactando el compuesto
cuerpo de su enemigo contra las otras rocas que aún se
conservaban de pie, lanzándolo al aire como habían hecho rato atrás
con ellos.
El monstruo marino se abrió como si fuera
una negra sábana gigante, cayendo lentamente sobre sus enemigos,
estirando el borde de su cuerpo hasta tocar el piso con su piel,
formando un domo oscuro donde atrapó a una no despreciable cantidad
de enemigos, disparando desde sus ojos dentados sus haces de luz
explosiva, matando a un gran número de soldados que no tenían donde
esconderse, salvándose algunos pocos que se pudieron refugiar debajo
del enorme cuerpo de los magos, quienes estaban recibiendo
incontables impactos explosivos en su espalda, disminuyendo su
resistencia y energía mágica. El domo se movía por el
desplazamiento del aire que quedó dentro del encierro, escuchándose
las explosiones a través de la oscura piel.
Hänä no se quedó de brazos cruzados, dejando sola a Blaze a
cargo del castillo, lanzándose para atacar a la criatura marina
ahora que parecía no tener ningún ojo disponible para ver desde el
exterior, cercenando la superficie del domo con su espada de hielo,
emergiendo un fluido que no se podía saber si era
sangre dada su falta de rojiza coloración, además de parte
de la polvareda interna levantada por los luminosos
ataques. La criatura chilló de dolor y dejó de tener
aprisionado a sus enemigos, alejándose para no ser nuevamente
atacada, vislumbrándose la masacre que ocurrió en su
interior en cosa de pocos segundos.
Los magos dejaron escapar a los soldados que lograron proteger en
desmedro de su propia integridad, cayendo nuevamente su nivel
de energía, perdiendo poder y porte en el proceso. Desde el mar
empezaron a llegar cada vez más guerreros marinos, lo que descolocó
a Blaze.
¡¿Es que nunca se acaban?!
–exclamó Blaze con enojo, viendo como los recién llegados
contrincantes acababan con los cansados humanos que aún quedaban en
el campo de batalla, replegándose las tropas humanas
ante el miedo de morir en
batalla.
Hänä se percató de que, a pesar de haber nuevas bajas de los
enemigos y aliados, no había nuevos muertos vivientes en el campo de
batalla, acercándose a Blaze, apoyándose contra la espalda de su
amiga.
¿Qué está pasando allá dentro? –murmuró Hänä a su amiga,
mirando en dirección al castillo—. ¿Le habrá pasado algo al
necromante?
Starmancer logró abrirse camino hacia la habitación dónde se
suponía debía estar Camellie, caminando entre sombras y polvo,
encendiendo una de sus fulgurantes estrellas para no tropezar.
¡¿Cami?! –exclamó el mago estelar, buscando con evidente
desesperación a su amada, escuchando pasos cercanos a él,
volteándose a mirar.
A pesar de saberse solo, no dejaba de sentirse observado desde la
oscuridad, convirtiendo su pequeña luminaria en su guadaña de luz,
lo que iluminó más el pasillo donde se encontraba,
viendo en la lejanía una puerta de una habitación abierta,
vislumbrando las piernas y pies de alguien tendido en el piso.
¡Cami! –gritó Starmancer, disolviendo su guadaña y corriendo a
la habitación, encontrándose con el falso Chained God de pie al
lado de donde yacía Camellie inconsciente—. ¡Tú…! ¡¿Qué le
has hecho a Cami?!
Llegué dos segundos antes que tú… –dijo el cuerpo de Ed con
total frialdad—. La encontré así como la ves.
Starmancer observó que Cami tenía una herida en su cabeza de la
cual manaba sangre, intentando agacharse para atenderla, pero una
presión mágica no se lo permitió.
¡¿Qué estás haciendo?! –preguntó el mago de cabello albino con
desesperación, intentando avanzar a la fuerza contra la presión que
le cortaba el paso.
Espero que muera, ¿qué más sería? –respondió el falso Chained
God con desdeñosa calma, mirando con ojos vacíos a Starmancer,
ejerciendo la presión que impedía el movimiento del amado de
Camellie.
Ella morirá solo si… –dijo Starmancer, presionando con toda la
fuerza y peso de su cuerpo, logrando mover unos centímetros al mago
necromántico, invocando nuevamente su guadaña de luz, lanzando un
corte horizontal que cargaba con toda la malicia necesaria para
decapitar a quien en otras condiciones sería su amigo incondicional—
… no te alejas.
¿No se suponía que somos amigos? –preguntó el amo de los muertos
con voz nerviosa, cubriéndose la garganta con su mano derecha como
si hubiera recibido un corte, sintiendo como si el filo de la fría
guadaña hubiera logrado cercenar su cabeza.
Un amigo no haría lo que estás haciendo –respondió Starmancer,
abalanzándose sobre Camellie después de arrojar al suelo su arma de
luz, revisando su estado físico, ejecutando el hechizo Regeneration
para sanar la fea pero no fatal herida que su mujer tenía en su
cabeza, escuchando un leve murmullo de su amada—. ¡Cami!
Starmancer tomó a Cami en sus brazos y procedió a alejarse del
lugar, dándole la espalda al falso Chained God, desvaneciendo su
guadaña de luz, la que se convirtió en una pequeña y luminosa
estrella flotante que le ayudó a caminar entre los
oscuros pasillos del colapsado castillo.
¿Dónde crees que vas? –preguntó el demoníaco ser que habitaba
el cuerpo de Ed, sintiéndose menospreciado por la actitud del mago
enamorado.
Alejándola de ti, escoria. ¿Qué más podría ser? –espetó con
fría furia Starmancer, mirando con odio a su contrincante, para
retomar su calmada caminata hacia la parte no destruida del castillo.
¡Maldito hijo de puta! –exclamó el falso demonio, ejerciendo su
poder sobre los muertos que estaban en el campo de batalla,
convocándolos al interior del castillo.
¿Qué es lo que sucede?, ¿se nos pasó alguno? –preguntó Blaze,
viendo como los muertos vivientes comenzaban a dirigirse rápidamente
al castillo, pensando que algún enemigo se había metido en la
construcción sin que lo percibieran—. ¿Será necesario que
vayamos a ayudar?
No lo sé –respondió Hänä después de matar a otro tiburón
caminante—, pero no debemos abandonar nuestros puestos, acá están
llegando cada vez más enemigos.
Tienes razón, pero una vez acabemos con estos y controlemos la
situación acá fuera, iré a ver si necesitan nuestra ayuda
–respondió Blaze, recibiendo un pulgar arriba de parte de su
amiga, jadeando las dos al unísono por el calor de la batalla.
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