Todos iban para alla, gritando por la bronca que les provoca su miseria material y moral, en tiempos de mentira contada como verdad. Eran un mar de individuos, todos convencidos de tener la capacidad de cambiar voluntades mediante la coercion a sus conciudadanos. Entre cientos de estos auto proclamados revolucionarios del movimiento de los trabajadores, estaban los que jamas conocieron lo que es ganar un salario o desquitar un sueldo, esforzando su cuerpo o cerebro.
Caminaban vociferando consignas mezcladas con insultos como todos los demas, pero observaban el entorno y lo hacian con ojos de oportunistas, las oportunidades aparecian cuando el descuido era evidente, ellos veian lo que los demas no, billeteras en bolsillos interiores, cadenas de oro y plata, y los cada vez mas inusuales relojes de alta gama, que alguien osare lucir. El sigilo era su habilidad aprendida y entrenada, y su capacidad nata, la velocidad en la accion de adueñarse de lo ajeno.
La marcha se desplazaba impidiendo el paso a automoviles y otros vehiculos menores, pero dejaban que los peatones la atravesaran, y esos incautos eran los que casi siempre les dejaban ganancia, mediante un dispositivo electronico o una despanzurrado bolso de una mujer entregase. La marcha organizada por los movimientos y seudo partidos politicos, ponen a sus propios vigilantes; pero estos solo estan para transformarse en fuerza de choque, cuando los uniformados del estado tratan de impedir la flagrante violacion de la ley, y no para impedir la actividad de los descuidistas y o escruchantes.
Las marchas son como un agujero negro en el cosmos, la unica ley que se cumple y a rajatabla es la de atraccion, nada que este en su camino se le escapa, todo es succionado y una vez dentro, toda norma establecida de convivencia queda perimida; por eso es que todos los comerciantes que tienen sus negocios en el camino de una, deciden cerrar las puertas o bajar las persianas. En una de estas tantas marchas, andaban los cebados manos largas, desplegando sus habilidades caqueriles; cuando vieron que un desprevenido caminante, andaba por la vereda a contra corriente de la marcha, el hombre llevaba un bolso tipo morral que parecia pesarle un poco, lo que indicaba que probablemente contenia algo de valor.
Entre silbidos y señales se alertaron acerca del «pichon» y cuando todos lo fijaron en sus retinas, desplegaron la estrategia para despojarlo de su posesion; fueron cerrando el cerco como quien acorrala a una vaquillona descarriada de la manada, y establecieron contacto fingiendo un accidente peatonal a causa de tan nutrido transito humano.
El birlarle una tablet, un disco duro externo y sobre de papel que pesaba prometiendo algo valioso, solo les tomo entre diez o quince segundos, todos salieron a paso sostenido y en distintas direcciones, porque siempre es probable que la victima reaccione y se de cuenta de lo sufrido, segundos despues este fue el caso y al primero y unico de los sustractores que no perdio de vista nunca, fue a quien se llevo el sobre. La persecucion del desposeido fue a la carrera, el sustrayente fue alertado y tambien activo los musculos en una explosion de velocidad y agilidad para esquivar cuerpos que se cruzaban en el camino.
Cuando el particular damnificado, se dio cuenta que estaba en desventaja por la falta de velocidad, llevo su mano derecha a la cintura y en un solo movimiento una pieza de ingenieria armamentistica, se hizo una en su brazo y seguidamente solo se vio caer desplomado al velocista adorador de «San la Muerte», nunca se escucho estampido o ruido identificable como disparo de arma de fuego, porque porque el supresor impidio que los aguijonazos de plomo fuesen acompañados del caracteristico trueno.
La marcha con sus bombos, banderas, pancartas y bombas de estruendo se fue alejando totalmente ajena al echo, el otrora desvalijado llego hasta el moribundo que yacia en el empedrado cubierto de asfalto, agachose sobre el, tomo el sobre manchado con sangre, abrio el morral lo guardo, y salio caminando por la calle desierta que no sabe de ley o justicia, solo de desasosiego y muerte cuando la anarquia es reina.
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