Barajas me recuerda a Toronto, aunque aquello fue peor.
Nunca más voy a hacer transbordo de aviones en aeropuertos inmensos y menos viajando sola. No aguanto el cansancio, el estrés, el desconocimiento de todo, el no poder ir a un baño ni tomar agua porque apenas logro sufrir pasando los puestos de control y corriendo aviones que ni siquiera sé de dónde salen ni cuál me tengo que tomar.
Ya subí al avión para Orly, aunque todavía no salió. Toda una vida soñando con París y esto es una desgracia espantosa. Transpiro a chorros. Me muero por un baño. Me muero de sed. Pero no puedo hacer nada, porque sube y sube gente y en cualquier momento el avión se va. Subieron unos musulmanes pobres con siete niños.
Las personas con pasaporte europeo son considerados pasajeros prioritarios, van en primera clase, son más altos, están mejor vestidos, tienen pasaportes bordeau (el mío del Mercosur es azul), y tienen cara de ejecutivos idiotas que te miran por encima del hombro haciéndose los inocentes, como si todo fuera muy normal.
A pesar de hacer una cola preferencial y subir antes, tienen que bancarse a los sudacas y a los islámicos pasarles por encima, en su ruta hacia la clase económica, en el fondo del avión.
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