Escuché el sonido del tambor con un ritmo métrico que me sumergió en un estado de conciencia diferente al que había sentido en otras oportunidades, claro que esto también lo produjo el yagé que había tomado. Cerré los ojos y la oscuridad del cuarto se convirtió en tonos de color violeta que poco a poco dilucidaban formas; ese escenario que se revelaba, contrario a lo que había contado el maestro chamán que podría ver, no era un túnel invitándome a sumergirme para salir del otro lado en una pradera tranquila donde iba a encontrar mi animal de poder, era una calle como la de cualquier ciudad sobrepoblada, solo que sin la bulla y la algarabía de la gente apurada andando de lado a lado. Vi grafitis, pero con formas estilizadas y caóticas al mismo tiempo, igual que los que uno ve en cualquier muro de las calles del centro de Bogotá, se podía uno maravillar, o no, pero tampoco se entendía nada… tampoco entendí la utilidad de los postes de luz en una recreación imaginada de un estado alterado de conciencia, pero fue lo que vi. No puedo decir si era de día o de noche, pero para mí conveniencia preferí creer que era de noche, de otra forma no había explicación para la falta de personas, además de la luz de los postes.
Siempre fui escéptico de cualquier experiencia que no pudiera percibir con mis propios sentidos, así que cuando escuchaba relatos de personas contando sus vivencias en estados no normales de conciencia, me eran indiferentes, o peor aún, me producían cierto fastidio, porque creía que eran personas simples, como yo, tratado de dar un significado grandilocuente a sus aburridas vidas. Lo que vi en ese lugar después de estar en la sala de mi amigo Coco − así le decía desde la infancia, y ahora con cuarenta años adiaba que lo llamara así –, en un ritual chamánico al que fui con todo el escepticismo que cabía en una personalidad sin aspiraciones, se salía de cualquier explicación: no tenía ningún sentido que con solo cerrar los ojos se negara el espacio que habitaba para estar en otro, sin escuchar el tambor, sin percibir el olor de la marihuana que fumábamos contra todas las indicaciones del maestro chamán…, no era nada parecido a algo que hubiera experimentado antes, ni en mis sueños más vividos y era perfectamente consciente, o creía estarlo, que todo era real. En ese momento pensé que lo mejor era seguir el juego y dejarme llevar por la experiencia adentrándome en ese mundo extraño pero familiar. Lo siguiente que me llamó la atención fue la pérdida del sentido del olfato, porque ya no solo no percibía los olores del apartamento de mi amigo, sino que no sentía ninguno, pero podía escuchar todos los sonidos, incluso los de mi propio cuerpo: la sangre circulando a chorros por mis venas, el estómago procesando la comida de la tarde, el sonido de las articulaciones y los tejidos de las rodillas mientras caminaba – crepitación −, creo que se llama, y en ese momento lo sabía, aunque nunca antes lo supiera, También sentí el sonido de mis propios pasos. Sentí el aire frío y era agradable, era como ese viento frio en un día soleado a la sombra en una ciudad de dos mil seiscientos metros de altura. Me acostumbré rápidamente a percibirme a mí mismo. Entré en la normalidad de ese otro mundo y me dediqué a explorarlo: a la primera esquina que me acerqué, giré a la izquierda, pero las fachadas de las casas extrañamente se pusieron a mi derecha, así que solo seguí con una mueca de asombro. Mas adelante a la mitad de la calle un poste lleno de volantes, pero ninguno tenía ninguna información. Por primera vez vi algo que pude identificar como un ser vivo, tenía la cabeza dividida en dos cabezas, una miraba a la izquierda, y la otra en sentido contrario, Su cuerpo era muy simple, más bien como un boceto de aprendiz de dibujante. Sus ojos me miraron con orbitas muy abiertas y pupilas pequeñas, nunca dejó de mirarme fijamente mientras se movía en línea recta cruzando la calle a las fachadas de enfrente, cuando llegó a la primera casa que encontró giró buscando la dirección en la que yo estaba doblándose como una lámina flexible, fue cuando me di cuenta de que no tenía volumen, continuando su camino, parecía una proyección de mapping. Cuando llego al lugar exacto donde yo estaba, desde la otra acera empezó a desaparecer en una línea vertical, y cuando lo hizo completamente, esa línea se dirigió hacia mí lentamente, se detuvo justo a un metro de distancia y escuché una voz, como un eco que retumbó por todas partes preguntando: ¿Por qué sus pensamientos se escuchan como un recuerdo narrando algo del pasado? sí esto está pasando aquí, justo ahora.
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