Aquí, Ahora, Vivo

Huye, corre, llora,

pero la felicidad se te escapa como el agua entre los dedos,

escurridiza, inasible, siempre un paso adelante,

está lejos, muy lejos,

como escalar la cumbre más alta sin cuerdas ni guía,

bajo un cielo gris que no promete amanecer,

mientras cargas sobre tus hombros el peso de tus errores:

las palabras dichas sin pensar,

las oportunidades desperdiciadas por miedo,

los silencios que se volvieron adiós,

los gestos de amor que no supiste reconocer a tiempo.

Cada paso avanza, pero el aliento se acorta,

cada intento de alcanzarla se vuelve más solitario,

y aun así, en medio del cansancio,

una leve chispa persiste  —no como certeza, sino como posibilidad— 

susurrando que, tal vez, la felicidad no está arriba,

sino en aprender a soltar lo que ya no sirve,

y a caminar, despacio, con los pies en la tierra,

sin dejar de creer que mereces, simplemente,

estar aquí, ahora, vivo.

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