Antes de que sea tarde

Antes de que sea tarde

Ariel Neumayer

08/07/2026

Algún día vas a hablar con alguien por última vez y no lo vas a saber.
No habrá una música de despedida, ni un cartel anunciando el final. 

No sentirás que ese abrazo será el último, ni imaginarás que esa conversación tan común quedará suspendida para siempre en el recuerdo. Simplemente ocurrirá. Como ocurre el atardecer, sin pedir permiso, sin hacer ruido.

La rutina tiene una extraña manera de engañarnos. Nos convence de que el tiempo siempre nos debe un mañana. Nos hace creer que las personas estarán ahí cuando decidamos llamarlas, que las palabras pueden esperar, que los abrazos se pueden postergar y que el cariño nunca vence.

Pero la vida escribe con una tinta impredecible. Borra nombres de nuestra historia sin consultarnos, cambia destinos en un instante y cierra puertas que jurábamos que permanecerían abiertas. Y entonces entendemos, demasiado tarde, que había conversaciones que no volverán a repetirse, risas que ya encontraron su último eco y miradas que se apagaron sin que alcanzáramos a comprender que se estaban despidiendo.

Qué frágiles somos. Caminamos creyendo que el futuro está garantizado, cuando en realidad vivimos sobre un puente de cristal. Cada encuentro podría ser el último. Cada «nos vemos después» podría convertirse, sin querer, en un adiós definitivo.

Por eso no guardes las palabras importantes para un momento perfecto, porque ese momento tal vez nunca llegue. Decí «te quiero» mientras todavía puedan escucharlo. Decí «gracias» antes de que el tiempo convierta la gratitud en arrepentimiento. Pedí perdón cuando el orgullo quiera convencerte de callar y abrazá con la fuerza de quien entiende que ningún abrazo viene con garantía de repetirse.

Porque al final, no nos persigue lo que hicimos. Nos persigue aquello que dejamos para después. Los mensajes que nunca enviamos. Las visitas que postergamos. Las llamadas que prometimos hacer «mañana». Los sentimientos que escondimos detrás del miedo o del orgullo.

La vida no siempre cierra los capítulos con un punto final. A veces los interrumpe en medio de una oración. Y es entonces cuando descubrimos que el silencio puede pesar más que cualquier palabra que jamás pronunciamos.

Viví de manera que, si hoy fuera la última conversación con alguien, no te quede el alma llena de frases pendientes. Porque el tiempo nunca promete regresar y hay despedidas que ocurren sin que nadie pronuncie la palabra «adiós».

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