Dicen que si mueres dejando algo pendiente el alma no descansa. 

Recuerdo que me había mudado a una nueva residencia. La casa tenía una hermosa vista con un clima de montaña. Era tan fresco y puro que respiraba su Rocío. 

Había decidido vivir solo en aquel lugar; ya que iba a empezar a estudiar una licenciatura en letras en la universidad.

A la semana siguiente de haber llegado al lugar ya tranquilo y relajado en el ocaso de esa tarde de repente vi con sorpresa desdé la terraza de la casa una luz de plata que venía descendiendo por la montaña.

Me dejé llevar por la curiosidad y salí corriendo hacia allá.

Al llegar me paré detrás de un árbol y de repente vi como decapitaron a un hombre con una hacha.

Sali huyendo del lugar sin mirar atrás 

Esa noche no pude dormir. Tuve una pesadilla donde un hombre se me acercaba con una hacha.

Al día siguiente traté de olvidar aquel episodio saliendo a caminar por la urbanización mirando esa montaña; pero todo fue en vano. Las ideas iban y venían en un círculo vicioso de miedo en incertidumbre.

Sorpresivamente escuché una voz que resonaba como un eco que dijo:

_¡Ayúdame!

Al mirar a un lado estaba un hombre blanco, alto y flaco con una edad avanzada tenía puesto un sombrero que no dejaba ver su rostro. Vestía un traje negro de los años 20.

Asustado le pregunté:

_ ¿¡Quien eres!?

De inmediato dijo:

Ese que me decapitó era el administrador de mí negocio mi «mano derecha»; que llevado por la codicia me asesinó para quedarse con las monedas de oro que guardé en un baúl; pero no pudo quedarse con el mismo porque la tierra se abrió y se lo tragó junto con el baúl.

Al terminar de decir todo aquello se quedó en silencio por un rato y luego continuó diciendo:

_ Ayúdame a salir de esta pena que no me deja entrar a esa luz que me espera.

Angustiado le pregunté:

_ ¿¡Cómo hago para ayudarte!?

El  mirando y señalando hacia donde estaba la luz dijo:

_ Ahí debajo de esa luz está ese baúl causante de mi pena. Quiero que lo tomes y lo dones a un ancianato. Pero te advierto que si tomas el baúl con malas intenciones moriras.

Una vez que terminó de indicarme todo aquello me arme de valor y me dirigí al lugar donde estaba la luz de plata .

De repente brotó de la tierra aquel baúl lleno de monedas de oro. Yo lo agarre con ambas manos, me lo puse en el hombro y luego me encomendé a Dios. La luz de plata giro sobre mi cuerpo y luego se llevó consigo esa alma en Pena hacia el descanso eterno.

Fin.

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