Alatonar, tierras salvajes

Alatonar, tierras salvajes

Selcia

18/09/2019

Capitulo 1

Ese hostal había tenido mejores días sin lugar a dudas, muchos años atrás el camino que pasaba justo enfrente de esta había sido una importante ruta de comercio, por la que pasaban caravanas con pieles, carne y especias, el hostal «El Oso Cavernoso» (El nombre que su sueño le había puesto a falta de uno mejor) era una parada casi obligatoria para los exploradores, comerciantes y gente común que vivía entre las tribus de Alatonar ya que este estaba justo a la mitad de camino entre las tierras salvajes y la ciudad.

En su momento la tribu mas grande llamada Mids había sido la que contaba con el mayor comercio de la zona, gracias a que durante generaciones parecían haber podido gobernar mas allá del camino de las montañas y descubrir un equilibrio entre los peligros de las esas tierras y la civilización, hasta que de repente de la noche a la mañana, esta había desaparecido y con ella las tierras salvajes volvieron a hacer eso, salvajes.

Y por consecuencia, «El Oso Cavernoso» paso a poder sobrevivir apenas con lo necesario.

El dueño y tabernero del lugar limpiaba con un trapo la barra mientras los recuerdos de tiempos mejores llegaban a su memoria, aun había suficientes clientes como para que sobreviviera el lugar pero a duras penas, un ruido de viento colándose por el techo hizo que volteara a verlo.

«Si no logro arreglar eso antes del invierno aquí sera igual de frió que afuera» pensó mientras fruncía el entrecejo.

Soltó un suspiro mientras su cabeza se ocupaba con los nuevos problemas que le tomaría arreglar el techo. Esa noche en especial el hostal estaba lo bastante animado, aunque se imagino que era por la ventisca, algunas habitaciones se había ocupado y dos de las mesas del bar estaban llenas, ademas que los clientes parecían felices mientras bebían y comían, algunos hasta se cantaban relatos heroicos para animarse entre si.

El sonido de la puerta abriéndose y la entrada de aire frió no interrumpió el ambiente, ni siquiera hizo que el dueño volteara a ver hacia la misma mientras recitaba lo mismo que siempre decía cuando alguien recién llegaba al lugar.

-Bienvenido al Oso Cavernoso. -Soplo sobre la barra, quitando la nieve que había caído sobre la misma. -¿Que podemos ofrecerte? ¿Bebida, comida o un lugar en donde descansar?

El aire frió siguió pasando por la puerta llamando la atención de algunos de los presentes en el lugar haciendo que estos voltearan a ver al recién llegado, el ambiente que hasta ese momento había sido alegre y relajado se empezó a tensar poco a poco, el tabernero al oír que los cantos se habían detenido casi por completo no pudo hacer otra cosa que voltear a ver al recién llegado.

A contra luz, era impresionante el tamaño del recién llegado, ya que era bastante alto (Mas o menos unos 2 metros) ademas que parecía estar cargando un cuerpo inerte en uno de sus hombros.

-¡Ey, el idiota de la puerta!- Dijo uno de los clientes del hostal que ya estaba algo borracho. -¡Ciérrala antes de que el culo se me congele también aquí!

El hombre de la entrada dejo caer con una gracia inesperada el cuerpo (Que para sorpresa de todos, se trataba de un ciervo) en el suelo se dio la vuelta y cerro la puerta, tomo el animal nuevamente y camino hacia la barra y ahí dejo nuevamente al ciervo, manchando con algo de sangre el mueble lo cual no le hizo nada de gracia al tabernero.

-¿Cuanto me da por eso? -Dijo en voz ronca el hombre, llevaba una capa larga de viaje de color negro que parecía ser de pelaje de lobo o de algún animal equivalente, la cubría un poco la cara pero cuando se la enderezo pudo verle uno de sus ojos, ya que el otro lo tenia cubierto con el cabello. De igual manera traía una bufanda que le tapaba de la nariz para abajo pero se la quito para ponerla encima de la barra para que se secara.

-¿Que? -Pregunto confundido el aludido, el aspecto de ese extraño le causaba mucha inquietud, a pesar de que no sabia porque (Tal vez la cicatriz que tenia en el labio y en uno de las mejillas no ayudaba a que se calmara)

-¿Que me da por esto? -Repitió, señalando al ciervo. -Es de lo mas fresco que vas a encontrar por aquí.

-¿Así? -Examino el animal de forma superficial, odiaba admitirlo, pero se encontraba en casi perfectas condiciones el animal, tanto piel como carne y astas. No podría pagar ese animal pero podía intentar hacerle alguna clase de truco al hombre que estaba enfrente suyo.

-Si

-Lo dices tan seguro como si tu lo hubieras cazado

El extraño solo un gruñido fastidiado y se levanto un poco la capa para dejar ver un arco con flechas, lo cual hizo que el tabernero se sintiera mas nervioso. No iba a poder hacerlo tonto, eso le quedaba claro. Pero necesitaba la carne, eran cada vez menos y menos los cazadores o personas que llegaban con esa clase de cosas a su hostal.

-¿Cuanto? -Repitió nuevamente el desconocido.

Trago saliva.

-Puedo darte 300 monedas de oro… -Murmuro, temiendo la reacción del hombre.

Este soltó un bufido.

-¿Me quieres ver la cara de estúpido? – Tenia fruncido el entrecejo y el hecho de que hablara enojado hacia que se viera mucho mas amenazante. Antes de darle tiempo al tabernero de que se apartara le puso una mano en el hombro.

Este siento un escalofrió subiéndole por espalda y el miedo creció cuando el hombre puso un poco de fuerza en su agarre, no lo lastimaba pero sabia que significaba ese gesto.

-No, no, no, no… -Se apresuro a decir. -No es por eso. No tengo suficiente para darte el dinero por esto. -Trago saliva, sentía la boca seca de repente. -Pero necesito la carne… Por favor.

Trato de zafarse del agarre, mientras que su interlocutor lo miraba aun enojado con el único ojo que le alcanzaba a ver. Parecía que brillaba un poco ante la tenue luz del lugar pero podía ser parte de un efecto óptico.

-Por favor… -Volvió a repetir. – Si… ¡Si quieres, ademas del dinero puedo ofrecerte comida y una habitación gratis durante unos días, sin cargos extras!

El hombre relajo su agarre ante la oferta.

-¿Incluye la cerveza? -Pregunto esta vez con un tono mas tranquilo.

-¡Claro que si! -El tabernero se apresuro a servir un tarro de la bebida y a pasarla, haciendo que este al fin lo soltara. Este se apresuro a tomar un largo trago de cerveza, acabándose la mitad del contenido. -Aunque… Necesito su nombre señor… Ya sabe, por cuestiones de calidad…

Esperando una reacción violenta de nuevo el dueño del hostal dio un paso hacia atrás para evitar que lo volviera a tocar, pero ante la pregunta este volteo a ver de nuevo su tarro y soltó un suspiro.

-Orvar. -Murmuro antes de tomarse lo que quedaba de cerveza. -Y quiero mas. -Dijo mientras le daba el tarro para que lo volviera a llenar.

Capitulo 2

Orvar se acosto en la cama que le enseño el posadero que le correspondía por esa noche. No pensó que su “negociación” (Si es que le podia llamar asi al acuerdo que tuvo con el hombre) fuera a salir tan beneficioso para él, estaba acostumbrado a pelear por alguna u otra cosa e incluso ya había pensado en irse a buscar algún otro lugar para pasar la noche, pero nunca había llegado a esa posada, y mucho menos hacer negocios con el posadero.

Le costaba creer el hombre fuera tan fácil de intimidar, sobre todo teniendo en cuenta lo que conllevaba ser el dueño de un lugar así y todas las personas que llegaban a quedarse a ahi.

Al verse en el espejo, pudo comprender un poco más porque el posadero había cedido tan pronto. La capucha de la capa le dejaba partes de la cara medio ocultas, a excepción de la boca y la barbilla, mientras que el cabello ya lo tenia tan largo que le tapaba por completo el ojo derecho, mientras que el izquierdo lo tenía a medio cubrir, aunque intentaba echarse el cabello hacia el lado contrario, más para poder ver que por otra cosa.

Por aquellas zonas, que eran más pegadas a las fronteras montañosas, el frío aumentaba al igual que la altura pero continuando hacia el lado contrario no tardaría tanto en llegar a la ciudad. Era la primera vez que se alejaba tanto de las tierras salvajes al igual que era la primera vez que su destino era la ciudad (Nunca había escuchado su verdadero nombre así que seguía refiriéndose a ella de esa forma)

Frunció el ceño y vio que el dueño del hostal le dio seguramente una de las mejores (Y más costosas) habitaciones que tenía en el lugar, ya que contaba con una pequeña chimenea que ayudaba a mantener el calor dentro del cuarto, junto a la cama había una cubeta metálica llena de agua.

Tomó la cubeta y gracias a un pequeño gancho que había encima de la chimenea la apoyó ahi para que se calentara lo suficiente y limpiarse un poco. Se quitó el pesado abrigo de encima, lo olió un poco y se dio cuenta que apestaba. No le sorprendió en lo mas minimo, ademas de eso estaba empapado de la nieve de afuera, que gracias al calor de la habitacion se habia derretido. Lo acomodo cerca del fuego para que se fuera secando.

Su aspecto sin el mismo era un poco menos aterrador, ya que le quitaba un poco de volumen, aunque los 2 metros y la musculatura que tenía bastaban para seguir asustando a la gente que se impresionaba con facilidad. Se quitó las botas y la camisa, las puso junto al fuego también para que se secaran, ya que estas estaban igual (O peor) de mojadas que el abrigo.

Se sacudió un poco el cabello y el resto de la ropa. Agradeció de forma interna que el cuarto estuviera lo suficiente caliente para no echar en falta el no traer puestas las prendas a pesar del mal tiempo que había afuera del hostal.

Se sentó en la cama con cuidado y sintió como fruncia aún más el ceño conforme dejaba caer su peso en la misma. Estaba tan poco acostumbrado a ellas que sentía que las iba a romper si no se movía con suficiente delicadeza. Primero supuso que el colchón estaba relleno de paja, pero este se sentía demasiado suave como para que fuera de ese material. Sus manos callosas encontraban extraño el tacto con la cama, no estaba acostumbrado a tocar cosas con tanta suavidad en general.

Estaba por ir a ver cómo seguía el agua cerca de la chimenea cuando alguien tocó a la puerta. Soltó un gruñido y sintió cómo su cuerpo se tensaba ante esto, como cuando un animal se preparaba para atacar, defenderse o correr.

-Disculpe señor… -Era la voz del posadero. – Orvar, me parece ¿Podría abrir la puerta por favor?

El aludido se tardó unos momentos en procesar lo que le estaban diciendo, caminó lento hacia la puerta y la abrió lo suficiente para comprobar que se trataba del dueño del hostal. Este lo saludó de forma tímida. Orvar soltó un gruñido y abrió la puerta.

-¿Pasa algo? -Pregunto sin ganas

-Le traigo unas cuantas toallas… -Murmuró y se las ofreció. Se asomo por un costado del hombre para ver la habitación y una parte de el respiro con tranquilidad al ver los muebles y demas seguian en una sola pieza. -Para ayudarle a limpiarse.

Orvar tomo las toallas y una rafaga de aire frio que provenia de afuera de la habitación se coló un poco por la puerta, haciendo que el cabello se le quitará parcialmente del ojo derecho. El dueño del hostal estaba por irse cuando se fijó en algo que no había caído en cuenta hasta ese momento, el hombretón que estaba enfrente de él tenía uno de sus ojos cerrado junto con lo que parecía ser una fea cicatriz que bajaba por casi toda la cuenca de la misma..

-¿Necesita algo para su ojo?

-¿Que? -La pregunta tomo por sorpresa a un interlocutor

-Su ojo -Repitió, señalando el suyo. -Puedo ofrecerle un remedio natural para que se le desinche si es por eso que no lo puede abrir o…

En ese momento, Orvar dejo de escuchar las palabras del dueño del hostal, sintió que alguien lo estaba observando, miró más allá del posadero y un escalofrio le recorrio la espalda al ver que uno de los clientes del bar lo estaba viendo fijamente. Se apresuró a llevarse una mano al cabello y volver a taparse el ojo.

-Estoy bien así. -Murmuró como pudo sin quitarle de encima la mirada al extraño que estaba al otro lado del lugar, aunque este ya había apartado la vista. Se dio cuenta que acababa de interrumpir el monólogo del posadero. -Gracias por las toallas. -Dijo antes de cerrar la puerta y volverse a meter a la habitación

El corazón le latía con fuerza en el pecho y se recimino el no haber sido más descuidado con respecto a su ojo. “Estupido, estupido, estupido” se repitio así mismo. Se miró en el espejo y su enojo creció más al percatarse que no tenía bien cubierto todavía el ojo, tomó un florero de adorno que estaba en uno de los estantes del cuarto y lo lanzó hacia el espejo, rompiéndose este último, pero sin quebrar el espejo, su reflejo incrédulo le devolvió la mirada con su único ojo de color verde. Cerró los puños y los ojos, mientras se trataba de calmar, trato de respirar y se dirigió hacia el balde con agua, que ya estaba lo suficientemente caliente para usarla.

Metió una de las toallas en el balde y mientras aún estaba húmeda empezó a pasársela por la cara, los brazos y el torso. Al principio le escoció un poco por lo caliente del agua pero solo duraba unos cuanto segundos, la toalla (Que era de un color claro) se empezó a llevar toda la mugre que tenia en la piel y se sintió un poco mejor una vez que termino. Se secó con la otra que había llevado el posadero y con cierta desgana se acercó al espejo y se echó el cabello hacia atrás, para verse bien la cicatriz del ojo y el párpado.

Le disgustaba verla, y también el verse el párpado caído encima de la cuenca ocular que ya no tenía nada. Pero cada cierto tiempo tenía que limpiarse con cuidado esa zona, ya que la tenía cubierta la mayoría del tiempo. Lo hizo con todo el cuidado que fue posible hacerlo y como siempre, intento borrar la cicatriz tallando de forma fuerte encima de esta, pero esto solo lograba que quedará hinchado y enrojecido.

Soltó un suspiro y se dirigió hacia el balde de nuevo, se puso la toalla alrededor del cuello he hizo con las manos una pequeña cuneta con ellas para echarse agua en el cabello y quitarse el resto de mure de la cara.

Una vez que termino, tomo la cobija que había encima de la cama y se sentó en una silla junto a la chimenea. Toco su ropa y sintió que aun estaba mojada, echó más leña al fuego y miró durante un buen rato a la puerta, aun teniendo en mente al desconocido que lo vio de forma tan descarada.

Pensó por un momento si el posadero estaba relacionado con el hombre, pero llegó a la conclusión que seria algo tonto pensarlo, sobre todo por cómo estaba asustado el hombre.

“Solo esta noche y mañana me largo” Pensó, tratando de relajarse para descansar. Tocó la camisa y sintió que ya estaba medio seca y procedió a ponersela. Puso un poco más leña y se fue a acostar en la cama.

Tardó un rato en quedarse dormido, pero pasados unos minutos el cansancio lo venció, y se sumió en un sueño intranquilo, en donde todos lo observaban y lo señalaban por su cicatriz.

Capítulo 3

Lo despertó un fuerte ajetreo afuera del cuarto, se levantó de forma rápida y se puso las botas, miro el fuego de la chimenea y vio que la leña se había consumido casi por completo pero aún quedaban algunos pedazos casi carbonizados que aun se veían calientes.

El ruido se acercaba cada vez más a la puerta, parecía ser un buen tumulto de gente que no se oía nada contenta, escucho como se rompían algunos vasos, botellas y como algunos gritos de dolor se empezaban a pasar un poco por la puerta. Miró atentamente la puerta y estaba por tomar su arco con sus flechas cuando esta se abrió de par en par.

No reconoció a la persona que estaba ahí, pero sí vio que sus puños estaban cerrados y estaba listo para atacar, se miraron atentamente durante unos segundos antes de que Orvar se lanzará de forma desesperada por las flechas. El recién llegado fue más rápido que él y le soltó un fuerte golpe con el puño en el estomago, dejandolo sofocado. Como pudo se mantuvo en pie y lanzó todo su peso corporal hacia el extraño, tomándolo por sorpresa, taclenadolo y sacándolo de la habitación.

Una vez afuera y recuperado del sofoco logró ponerse de pie por completo y le metió un puñetazo en la cara al hombre, en ese momento lo reconoció, se trataba del mismo que lo había visto de manera atenta cuando abrió la puerta del cuarto para hablar con el posadero. Su confusión en ese momento se transformó en enojo ¿Quién se creía ese estupido para entrar a golpearlo en medio de la noche?

Soltó un grito lleno de rabia, mientras dejaba caer otro golpe en la cabeza del desconocido, haciendo que este se quedara agachado, se preparó para darle una patada pero este lo logro esquivar, este aprovecho para darle una patada en la pierna en la que Orvar estaba sosteniendo todo el peso de su cuerpo, haciéndolo caer al suelo.

El desconocido le soltó una patada en el rostro, un dolor intenso del labio la nariz se le extendió por toda la cara y sintió como el sabor de la sangre le llenaba la boca. Un nuevo golpe hacia su estómago evitó que pudiera voltear hacia arriba o moverse siquiera, ya que lo volvieron a dejar sofocado. Empezaba a ver de forma borrosa, cada golpe que le asestaban lo dejaba mas sin aliento. Trato de respirar lo mejor que pudo, dejando que su cuerpo respondiera a la pelea de forma casi instintiva y él se concentraba solo en respirar.

Un tumulto de gente se había empezado a congregar alrededor de la pelea, dando vítores por la pelea a los dos, aunque nadie más se metió en la misma.

A la tercera patada que le iba a dar el desconocido, Orvar fue lo suficientemente rápido para tomarle el pie, y de forma casi inmediata se lo torció con una fuerza impresionante, lesionando el tobillo, lo cual hizo que este mismo soltara un alarido de dolor.

Orvar lo jalo de la pierna y este cayó al suelo, tomando suficientes fuerzas se le puso encima y empezó a asestarle golpes en el rostro. El desconocido trataba de taparse la cara o de protegerse con las manos pero esto no fue de mucha ayuda, el puño de Orvar se empezó a llenar de sangre, al igual que su camisa.

-¡¿Qué está pasando aquí?!- Preguntó una voz furica desde el otro lado de la habitación, se trataba del posadero. La gente que estaba alrededor de los dos, se abrió dejando pasar al hombre que se veía claramente molesto. -¡Deténganse ahora mismo!

Orvar hizo caso omiso de las palabras de dueño del lugar y continuo.

-¡Separenlos, no solo se me queden viendo! -Gritó exasperado el posadero.

El grupo de hombres reaccionaron ante esto y uno se acercó a Orvar, deteniendole el puño antes de que pudiera conectar el golpe. El chico intentó soltarse del agarre con tanta fuerza que otra persona tuvo que ir en ayuda del primero para poder separar a Orvar del otro hombre, además que el tamaño del muchacho requería todo el esfuerzo de las dos personas. Entre gruñidos y forcejeos, Orvar intentó soltarse del agarre de las personas, sin éxito.

Otro par de hombres levantaron al desconocido, que a pesar de la golpiza que le había dado el muchacho seguía consciente,intercambiaron miradas y el chico sintió como el enojo crecía en su interior y sus forcejeos se hicieron aún más fuertes, mientra que al otro lo dejaron apoyado en una columna y escupió sangre, sin quitarle la mirada de encima al chico.

-¡Ya basta! – El posadero se hizo oír entre el ruido y el silencio reinó por unos minutos en el lugar. -¡¿Como se atreven a venir a mi establecimiento a destrozarlo?!

-Mi intención no era hacerle daño al lugar. – Contestó con voz ronca desde la columna el extraño. Le costaba respirar por lo que hablaba de forma lenta y a pesar de que se veía agitado, su tono era tranquilo. -Y no lo hubiera hecho si èl no hubiera puesto resistencia.

-¿Resistencia? -El hombre se limitó a asentir.

-¡¿Qué querías que hiciera?! -Orvar grito exasperado. Mientras trataba de soltarse. – ¡Fue en defensa propia! ¡Llego a mi cuarto a pelear!

– ¿Perdiste la cabeza? ¿Desde hace cuándo llegar a golpear a alguien a mitad de la noche es algo aceptable?

-Ay por favor. – La voz calmada del hombre desapareció dando lugar a una en tono de aburrimiento. Se giró hacia el posadero con trabajos y su respiración se agito momentáneamente. – No me digas que no le viste la cicatriz.

Orvar al escuchar esto sintió que su corazón daba un vuelco en su pecho y por un momento dejó forcejear y a mover la cabeza para intentar ocultar su ojo derecho.

-Una cicatriz no suena a una buena justificación para golpear a alguien, Erik. – El posadero suspiro, exasperado.

-No es solo una cicatriz. -Un ataque de tos hizo que no pudiera continuar y casi perdía el equilibrio, cuando se recuperó miro directo al chico. – Es la marca del apestado. – Respondió

Las palmas de las manos de Orvar se le pusieron frías, al escuchar esas palabras y miro con cierto odio a Erik, que no dejaba de verlo. El silencio reino en el lugar, siendo interrumpida por el respirar trabajoso del hombre y la tormenta que no paraba de golpear la pequeña posada.

-No seas ridículo, esa cicatriz no puede ser esa marca. -Respondió el dueño del lugar. -Ademas ¿Que mas da?

-Sabes lo que significa una marca de esas. La ley de las tierras salvajes…

-La ley de unas tierras sin dueño. -Interrumpió.

-La ley de la tierra aun así. -Atajo Erik. -No tenemos permitido ni verlo, ni escucharlo, ni interactuar con él de alguna forma. Más que para recordarle cuál es su lugar. -Escupió en el suelo en la dirección de Orvar. Se acercó con trabajos hacia el, tambaleándose. -Además, veanle ese ojo… El ese tono de verde solo se veía entre la tribu de los Mids.

Varios jadeos de sorpresa se resetearon, mientras que algunos se ponían a susurrar dándole la razón al hombre. Erik se acercó más al muchacho.

-Los Mids desaparecieron

-Si, eso dicen. Pero entre los que aún quedan regados por ahí, se rumorea que les dieron la espalda incluso a sus miembros con esa marca. -Estaba tan cerca de Orvar que este podía sentir el calor del cuerpo del hombre.

-Yo vi esa cicatriz. No era más que eso, Erik, deja el tema en paz.

-Si es una cicatriz normal no le deberia de molestar entonces que la veamos ¿No es así? -Miro al chico, esperando a que este dijera algo lo cual no hizo. -Si no lo haces de forma voluntaria, lo haré yo.

-Me pones una mano encima y te arrepentirás. -Dijo Orvar en tono amenazador.

Sin hacerle caso, Erik puso una de sus manos debajo de su barbilla, al sentir el tacto de otra persona en su rostro Orvar empezó a forcejear y se dio cuenta que aun estaba lo suficientemente cerca del hombre para golpearlo. Con la cabeza le dio un fuerte golpe en la nariz, haciendo que esta se terminara de romper por completo, Erik se hizo para atrás cojeando y sangrando aun mas de lo que ya estaba.

-¡Maldito! -Murmuró mientras trataba de parar la hemorragia.

-Ya basta. -El posadero ya se estaba cansando de esa situación. -No voy a seguir oyendo sus tonterías, de ninguno de los dos. -Los miró severo. -Contigo, tenia el trato de dejarte la habitación mientras la tormenta pasaba por la presa que trajiste. Y tú Erik, no vi que te quejaras en lo más mínimo mientras comias el venado que él trajo. -Hizo una pausa. -Si es una marca de apestado, no deberías ni siquiera consumir nada de lo que sus manos tocaron. Si seguimos esa lógica claro.

-Y tú no deberías estarlo defendiendo.

-No lo defiendo, solo digo algo obvio. -Volteo a ver a los hombres que sostenían a Orvar. -Sueltenlo.-Hizo una pausa. -Y ayuden a Erik, no creo que quiera seguir con esta discusión ahora.. -Miro al aludido. -Sugiero que vayas al cuarto que rentaste por la noche y descanses. Mañana en la mañana si la tormenta ya pasó llamaré un médico para que te trate las heridas.

Los 3 hombres que sostenían al muchacho obedecieron casi de forma inmediata y se llevaron a Erik, que no dejaba de renegar y de maldecir al posadero y al muchacho conforme se lo llevaban. El grupo de personas que se habían congregado a ver el conflicto se empezó a disolver, algunos se fueron a la barra en donde habían dejado sus bebidas y otros se fueron junto a la chimenea mientras empezaban a cuchichear por lo que acababa de pasar.

-Así que eso era la cicatriz. -Murmuró el posadero soltando un suspiro. -¿Como se te ocurrió venir a aquí?

-Yo solo vine a vender mi presa. -Orvar se cubrió el ojo derecho rapido mientras respondía. -No se de que esta hablando este loco.

-Si, claro. -Hizo una pausa. -Supongo que fue mi culpa también por ser tan ingenuo.

Se quedaron callados, Orvar aún se sentía a la defensiva y estaba listo para pelear si hacía falta.

-Respetar nuestro acuerdo, pero quiero que te vayas mañana en la mañana. No quiero más problemas. Los dioses saben que este lugar solo necesita mas de esos para quedarme en la ruina.

Sorprendido Orvar se limitó a asentir. Estaba ya tan acostumbrado a no ser bienvenido en ningún lugar que pocas veces se habían puesto de su lado.

-Y la siguiente vez, cúbrete mejor esa cicatriz. -Dicho esto el posadero se retiró, a ir a recoger el desastre que se había hecho.

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