Nulla materia quid

I

No hay palabras, a veces
sólo estancias involuntarias
de mi conciencia
en ámbares
de carácter sublunar
que atrapan con silencio mi atención
y hacen que susurren los reproches
de una existencia finita;
a veces el tesoro se esconde
justo a un lado donde
mi vaga mirada
hace campamento
e ignora la búsqueda;
llegan los días de vesania
tomando por sorpresa
a mis desánimos
bañándolos con la histeria
de creer en la eternidad.

II

Entonces me quedo ahí
en los espacios inmaculados
por ese desquicio; el de ya salir disparado por el cielo
el de perder los pies, las manos, la cabeza, el cuerpo entero:
el ánima.
Entonces me quedo aquí
mirando al espejo;
con los ojos en retroceso
hasta los jardines donde la sombra
de mi infancia se levanta del suelo
y me toma de la mano para decirme
-Vamos a jugar
en los palacios ingobernables de tu coraje
con tu pueblo de ilusiones alebrestado por el llanto
y esos espacios modificados por el tiempo.

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