Si seguimos jugando,

seguiremos

siendo jóvenes por dentro,
como cuando éramos niños,
en que cada experiencia

estaba cargada hasta el borde
de posibilidades mágicas;
y si pudiésemos capturar de nuevo,
aunque fuese un poquito,
ese antiguo sentimiento
y jugar un poco más,
podríamos recuperar un poco
de nuestra inocencia perdida.
aun cuando no podremos evitar
el envejecimiento externo,
si seguimos jugando,
seguiremos

siendo jóvenes por dentro.

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