La noche pétrea se cernía sobre nuestras cabezas mientras caminábamos por el tenebrosos bosque de york. Un palpitante sollozo nos helaba la sangre a mi hermana y a mí, el cual se acrecentaba al mismo tiempo que caminábamos por un sendero irregular que parecía ser el único guía que teníamos. El viento soplaba intranquilo a través de las hojas de los árboles, que parecían vivos, practicando lo que parecía una antigua danza que hasta el tiempo olvido. Tampoco ayudaba a calmarnos los espeluznantes ruidos que venían en todas direcciones y hacia todavía más macabro, si era posible, aquel siniestro panorama. Pude notar como pequeñas criaturas se arrastraban a nuestros pies haciendo que mi hermana se sobresaltara, y aunque nuestra visión estaba cegada por la espesa noche que se arremolinaba alrededor nuestro, pude de alguna manera sentir el aspecto maligno que tenían esas bestias sin nombre.
Ocurría algo inquietante mientas dábamos pasos ciegos por el bosque. Mientras más presente se hacia el llanto en nuestra audición, más oscura se tornaba la noche haciendo al final incluso imposible discernir el camino por el que marchábamos ciegos. Un halo de terror se apodero de nosotros (un miedo más poderoso de que ya sentíamos) y nos aferramos el uno al otro con miedo de perdernos.
Ese fue el momento donde quedamos sordos. Por un segundo no pudimos discernir si acaso nosotros habíamos perdido la audición o acaso todo nuestro entorno súbitamente se volvió mudo. Una vez descubrimos que todavía escuchábamos nuestros pasos nos detuvimos. Quedamos entonces varados de toda pista sensorial del entorno más que el nuestro propio que se sentía más presente cuando todo lo demás fallo. Lentamente comenzamos a retroceder hasta que sentimos un árbol y nos sentamos pegados a él, temiendo que este también se desvaneciera. El frio entonces comenzó a acentuarse y notamos como nuestros dedos se congelaban y quedaban tiesos del dolor que aquella temperatura nos producía. Comenzamos a apretarnos más fuerte intentando retener el poco calor que manteníamos y empezamos a alentarnos e uno al otro negándonos a comprender que ninguno saldría vivo de aquella fatídica circunstancia.
Llego el punto donde no sabíamos cuánto tiempo había pasado y mi hermana comenzó a llorar desconsoladamente. Intente calmarla de la manera más amable que pude, mi instinto me decía, una alarma que sentía en mi cabeza, que algo estaba persiguiéndonos y que su llanto lo atraería.
Pude sentir como el viento se volvía más violento, ejerciendo presión contra los árboles que movían sus ramas frenéticamente mientras mi hermana gritaba de terror. Recuerdo apretarla entre lágrimas y decirle como puede que todo saldría bien, que se calmara. Pero ella hacia caso omiso a mis suplicas, gritaba y gritaba y gritaba cada vez más fuerte con un pánico que la inundaba y la enloquecía y comencé a sentirlo, una figura, tal ves a kilómetros, arrastrándose, deseándonos y la oscuridad me consumió.
Los árboles se caían por influencia del viento que se había vuelto mortífero en sus embestidas y una tormenta descendió sobre nuestras cabezas produciendo en el cielo rayos que se deslizaban y alumbraban todo a su alrededor. Cuando caían y podía apreciar el entorno, la imagen que capturaban era espantosa. Todo a nuestro alrededor había mutado y me di cuenta que estábamos en el centro del bosque. Estábamos encerrado en un cirulo de ídolos de piedra en cuyo centro se hallaba nuestro árbol y estas deidades paganas de tiempos ancestrales nos observaban con gestos sarcásticos, riéndose siniestramente de nuestra desdicha. Todavía con mi hermana en brazos podía escuchar sus alaridos desesperados. Su aguda voz perforaba mis oídos y de entre la sarta de locuras que expresaba pude distinguir algunas palabras de su llanto. “tu culpa” o “si no hubiese sido por ella” era lo poco que comprendía, hasta que me miro, y en sus ojos se reflejaba dolor y odio. Odio que profesaba hacia mí. Su rostro se tornó en el de un depredador salvaje. Y antes que sus fauces se encontraran con mi desprotegido cuello una imagen cruzo por mi cabeza como uno de los rayos que nos iluminaban por instantes. Podía ver la figura que se acercaba lenta pero decididamente ya casi a unos metros de distancia. Aquello me hizo moverme instintivamente. Mis manos se aferraron con violencia al cuello de mi hermana antes que esta pudiese llegar al mío y vi como lo que hace momentos era mi hermana se retorcía espasmódicamente rasguñándome intentando librarse por cualquier medio. Oh, pero yo no lo iba a permitir ¿cierto? Aplique más presión a su delicado cuello haciendo que los gritos se convirtieron en susurros y los susurros en gemidos ahogados casi menos que un fino hilo de voz. Una voz que si bien no era entendible su intencionalidad era más que clara, una súplica muda que intentaba proferir de cualquier manera posible. Aun no entiendo porque hice oído sordo a su petición silenciosa pero dibujando una sonrisa, rompí finalmente su cuello, por fin acallándola.
Quede entonces con el cuerpo de mi hermana entre mis brazos sin comprender que fuerzas misteriosas habían obrado en mí para que cometiera un pecado semejante, pero no llore ni una lágrima porque al instante note que de nuevo todo mí alrededor se había callado. La oscuridad volvió a envolverme, pero esta vez era absoluta. Solo podía notar ciertas facciones del rostro solemne de cuerpo que sostenía. Y entonces contemple el horror. Todo lo que había experimentado aquella noche era placentero a comparación de la figura que se dibujaba siniestra en la oscuridad. No, no se dibujaba, lo único por lo que podía observarla era que era incluso más oscura que la oscuridad. Tenía un sombrero puntiagudo que era indistinguible de su silueta y por rostro tenía una máscara blanca que tenía dibujada facciones humanas simples como la boca la nariz y parpados cerrados y me observaba de manera curiosa.
Tan lento como la había visto llegar se deslizo en mi dirección. Mis labios esbozaban palabras que no se materializaban intentando decirle que no se acercara, pero el miedo que me producía era tan profundo que mis musculas estaban tiesos y no podía moverme. Contemple con lágrimas heladas descendiendo por mis mejillas que mientras más se acercaba crecía su tamaño, hasta ser el doble de alto y ancho que nosotros. Mi instinto de supervivencia puedo más que el miedo y cuando se encontraba a centímetros de distancia logre retroceder un metro de aquella criatura y del cuerpo inerte de mi hermana.
La creatura se detuvo y doblando su amorfo cuerpo contemplo su cadáver. Finas gotas de sangre se producían de donde las rayas que simbolizaban ojos se encontraban. Y de la línea que era su boca se abrió un agujero de dimensiones imposibles mostrando unos dientes mugrientos que destacaban por su filo, con los cuales engullo el torso del cadáver, cortando a la mitad su cuerpo y dejando caer las piernas que produjeron un sonido seco al estrellarse contra el suelo. Lleno de rabia, pero inmóvil por el frio y el miedo contemple la grotesca escena y no puede contener el vómito que se generó en mi estómago. Alze la cabeza mientras de mi boca se desprendían hilos de saliva y contemple le los parpados del monstruo que despedían caudales de sangre y note un dolor punzante en que recorría todo mi cuerpo. Aquel dolor no se comparaba con nada que haya experimentado jamás, era como si fuese incinerado, electrocutado y ahogado al mismo tiempo y cada vez se incrementaba, haciendo que me retorciese por el piso intentando pedir clemencia a mi malvada torturadora. Pedía cada segundo sufrir el mismo destino que mi hermana y ser devorado antes de seguir sufriendo semejante castigo, pero la silueta disfrutaba de mi dolor con sádico goce y se dispuso a cantar en una lengua tan antigua y olvidada como todo lo que había visto esa noche.
El soliloquio se volvió múltiple. Contemple desesperanzado mientras estaba tendido en el suelo como más figuras con diferentes mascaras se unían al coro, llevando a una mujer en brazos que parecía sufrir mí mismo destino. Las creaturas la arrastraron con el cuerpo rígido y mostraba pánico en sus ojos posándola a mi lado. Cuan feliz me sentí en medio de aquella pesadilla cuando entendí que la mujer que se tendía a mi lado era también la razón por la que me había internado en el bosque. Por alguna razón que yo desconocía el dolor se desvaneció inmediatamente y de nuevo tuve la capacidad de moverme. Me acerque temblando de frio al cuerpo de mi amada ignorando completamente a las figuras.
Las lágrimas no paraban acudir ante el llamado de mi felicidad al mismo tiempo que la abrace desesperadamente. Fue un pequeño momento de paz estar tenido con ella besándola apasionadamente, hasta que me pregunte porque aquellas figuras versadas en los ritos oscuros me habían liberado de mi tormento y con horror comprendí sus oscuras intenciones al ver dibujada en mi mano una daga de forma extravagante. Les suplique que no lo permitieran, que me ejecutaran a mí y no a ella. Pero las figuras no atienden a razones y mis manos se movieron por si solas como ya había ocurrido en el incidente de mi hermana, pero en estas circunstancias yo era consciente y descendieron repetidas veces en el cuerpo de la persona a la que ame con locura mientras en mis manos y mi rostro quedaba impregnada su sangre .
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