Era una noche obscura como la boca de un lobo, como las plumas de un cuervo cuando viene a recoger las penas de los despojados y los abandonados, fría como la muerte cuando aparece a llevarse el alma moribunda de alguien que fenece y allí estaba ella de pie, en medio de la negrura de la noche, esperando que apareciera por su paso algún desgraciado, algún macho queriendo satisfacer sus instintos más primarios, apeteciendo devorar las mieles que ese voluptuoso y joven cuerpo femenino podría brindar.
Ya mediaba la noche, ella continuaba esperando a su próxima víctima y paso lo que tanto había anhelado, se cruzó por su camino un hombre joven, de buena apariencia, bien vestido, no como todos aquellos que a diario aparecían por esos rumbos buscándola, ella se acercó, aprovechando su inocente apariencia llamo su atención, delicadamente le pregunto si acaso se encontraba extraviado, sugiriéndole que esos rumbos no eran para alguien con su presencia, él se detuvo, puso en ella toda atención, solo podía ver su juvenil y delicado rostro a la débil luz del único farol que iluminaba el lugar, ella mientras le hablaba, en el bolsillo de su chaqueta prepara el instrumento que sería herramienta de lo que ha sido su verdad durante estos pocos meses, el,la mira, la observa, disfruta por un breve momento su presencia, ella empuña la daga, afilada y preparada para cumplir con su fin, poco a poco la hunde en la humanidad de quien todavía no descifra que es lo que está pasando, le quita la vida y se va dejando tras de sí el mar rojo de la sangre de su presente víctima.
Ha pasado un mes ya desde que por primera vez en su corta vida decidió probar el sabor de la sangre, un mes y más de diez veces lavando de sus manos y cuerpo la sangre manchante de alguien caído por su mano, hoy bajo la ducha, en su marmoleo baño, ve sus manos llenas de ese líquido rojo que nos hace a todos humanos y a la vez tan iguales, el agua teñida cae, se va por el desagüe, como se ha ido la vida de sus víctimas entre sus dedos y se pregunta cuando inicio esta sed que como el hambre de un vampiro solo clama por mas…
Se recuesta en su delicada cama, cierra los ojos y una imagen viene a su mente, se está quedando dormida, de repente siente el incubus haciendo presión sobre su pecho, presionándola, sometiéndola su fuerza, puede sentir como sus manos huesudas se abren paso por entre su ropa, como le arranca uno a uno los botones de su blusa y de sus jeans, puede advertir cuando ese ser maligno desgarra de manera brutal su ropa interior, percibe su virilidad contra su feminidad, penetrándola de manera abrupta, brusca , ella indefensa al principio se siente aterrada, asustada, puede percatarse de la sequedad de su parte íntima y el forcejear del masculino miembro tratando, abriéndose paso entre su re sequedad, sin embargo poco a poco este sentimiento desaparece, llegando a disfrutarlo hasta que recuerda que ese demonio que la quiere poseer duerme en la habitación de alado con su hermana.
Abre los ojos, todo ha pasado, está allí sola ,húmeda y de nuevo con esa sed, con esa hambre pero a la vez con un sentimiento de culpa, se viste y sale, no sin antes llevar consigo la daga, la daga que antes de irse le regalara su padre, esta sedienta y va a calmar esta noche sus ansias.
Esta aquí, el ruido estridente y las luces multicolores invaden el lugar, la gente abarrota el lugar, muchos hombres atractivos para ella, alguno caerá esta noche, allí al otro lado de la barra se encuentra juan, quien salió por un rato a distraerse, ella vislumbra su próxima ejecución, lo mira, llama su atención, le coquetea, el nervioso, la observa se deja atraer, se acercan sin poder negar esa magnética atracción de los cuerpos, bailan, beben, disfrutan, la noche avanza, la victima ha mordido el anzuelo, se van para un lugar apartado, obscuro, allí ella desenfunda el puñal que clava sin piedad en el cuerpo de juan, a la vez que hunde el puñal besa a su víctima y sin darse cuenta también se corta, ella ha suscrito su cita con la muerte, con la que algún día, más pronto que tarde habrá de encontrarse al igual que el moribundo hombre que yace en sus brazos y al que ella buscando satisfacer su sed ha quitado de su paso el sufrimiento de su tortuosa, larga y dolorosa enfermedad, la muerte anticipada para este hombre fue un regalo, para ella será el más largo y tortuoso camino a la muerte.
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