LUCIÉRNAGA
En ese invierno te conocí, hacía frío, había rostros tristes, había fatiga, pero en esa soledad apareció un halo de esperanza, apareciste tú.
Las noches eran relatos brillantes de luciérnagas danzantes, mis pasos eran gorriones enjaulados, gorriones que observaban el mundo desde esas jaulas frágiles, preferían estar atados a mis pies que envueltos en tanta mierda; yo caminaba con lo que me quedaba de vida y en los suspiros dolorosos de un pasado cruel, decidí darme la oportunidad de amar, de tomar de tu mano y embriagarme en la estrella más viajera del universo, embriagarme en ti.
Siempre me observabas, me ponías nerviosa, tus ojos penetraban mi armadura, esos ojos marrón claro, ese lunar junto a tus labios me volvían loca, sentía que te burlabas de mí, sentía tu sonrisa sarcástica, y no olvidar esas manos traviesas que jugueteaban con mi cabello, era complicada la situación porque en ese odio te amé, en mi desdén añoré tus caricias, y mi frío corazón poco a poco sucumbió a tu cálido mañana, y por un segundo de la eternidad de mi alma, supe que debía estar junto a ti, y nunca dejarte.
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